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“Los jalabolas y la cultura de la adulancia” por Richard Casanova

“Los jalabolas y la cultura de la adulancia” por  Richard Casanova


Richard Casanova/@richcasanova.

 

En el pasado los ricos financiaban al burócrata del partido a cambio de prebendas, incluso hasta ponían ministros y compraban puestos en las planchas, sin tener liderazgo real, ni méritos. Lastimosamente algunas cosas nunca cambian pero antes guardaban las formas, ahora los “empresarios” pagan los abogados a presuntos narcotraficantes vinculados a altas esferas de poder y reciben millonarios contratos en Dólares sin que medie licitación alguna. Todo ello es público y notorio, nadie en el gobierno abre la boca, la complicidad se vuelve un modus vivendi.  Y todo sucede porque la cultura de la adulancia invade el quehacer político.  Hay una casta que escala posiciones aplaudiendo y haciéndose la vista gorda oportunamente, practicando frenéticamente la adulancia y especialmente cuando se trata de la esposa, la amiga, la amante, los padres, el hermano, los sobrinos y hasta un primo lejano del “jefe”.  Claro, esto ocurre porque existen dos: un jalabola contumaz y un líder que se deleita con la adulancia, poco le importan los méritos o el trabajo, y tiene una visión distorsionada de la lealtad y la solidaridad.

 

Esta cultura de la adulancia existe desde los inicios de la civilización, no es nueva, ni es un invento del chavismo pero con ellos la impudicia se ha hecho cotidiana y la vergüenza brilla por su ausencia. Un cambio sugiere enfrentar esa forma de “hacer política” y a propósito es justo comentar las declaraciones del diputado Juan Guidó, cuando señaló que lo expresado por Lilian Tintori sobre la MUD no era la opinión de Voluntad Popular.  Con el contexto antes expuesto, uno podría calificar de “valientes” tales declaraciones. La Sra Tintori no es un activista más, se trata de la esposa de Leopoldo López, líder indiscutible de esa organización.  La pregunta es ¿La condición de esposa le confiere automáticamente atribuciones de líder o ella tan sólo expresa las opiniones de su marido? ¿Ser su esposa le da una condición privilegiada frente a los líderes reales de ese partido?  Quizás mis amables lectores tengan la respuesta. En todo caso, las declaraciones de Guaidó -a quien no conozco- requieren cierto coraje en un país donde el nepotismo tiene historia y la política se ha pervertido: nadie dentro del PSUV ha cuestionado el clan familiar de la “primera combatiente”, ni siquiera se atreven a hablar de los sobrinos forzosamente hospedados en New York.  Tampoco en su momento, el partido de gobierno cuestionó a Blanca Ibáñez o a Cecilia Matos. Al contrario, hasta la oposición las cortejaba y los militares se le paraban firme.  Con estos comentarios no irrespeto a ninguna de las damas mencionadas, pues me refiero al ejercicio del poder entendiendo que el nepotismo no es sólo un problema político sino fundamentalmente ético.  Así que esas declaraciones deben apreciarse en su contexto: se producen en esta cultura política que castiga la irreverencia y premia la sumisión. Lo usual es encontrar gente que aplauda cualquier cosa que diga la esposa y así congraciarse con el marido, “uno no sabe” es lo que dicen.  Lo frecuente en los partidos es que exista temor a expresar opiniones libremente, cuando ellas contrarían o pueden incomodar al líder.  En fin, lo que nunca ha sido fácil es hacer política sin jalarbola.  No meto la mano en la candela por quien no conozco y ésta no será la excepción pero por simple sanidad, saludo las declaraciones de Juan Guaidó: es mi forma de aplaudir la irreverencia, de reconocer la honestidad de la palabra y sobre todo, de reivindicar el valor de la ética en la política. El cambio que necesitamos no es sólo de gobierno!

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