Visión Global

“Los tres cansancios”, por Ysaira Villamizar

“Los tres cansancios”, por Ysaira Villamizar


En cada Semana Santa  cristianos del mundo  renuevan la fe y la esperanza por una humanidad más espiritual, más cercana a las prácticas que emanan de las enseñanzas de Jesús. En cada semana apreciamos homilías extraordinarias cargadas de reflexiones que sensibilizan a los corazones de millones de hombres y mujeres. En la medida en que avanzan los tiempos, los mensajes logran conjugar acertadamente lo divino con lo terrenal, invitándonos a acercarnos a Dios, no sólo con la palabra, sino con la acción.

Hoy, la realidad social y económica que padece una parte importante del planeta con su carga de conflictos bélicos y políticos, el padecimiento humano obliga al llamado a la solidaridad, a la lucha contra la pobreza, contra la explotación infantil, contra el tráfico de drogas y órganos,  contra el terrorismo; en fin, contra los flagelos mundiales que el Papa Francisco ha llamado “el rostro de la esclavitud de hoy” con sus causas en el alejamiento de los valores cristianos expresados en la indiferencia globalizada, la corrupción y la colocación del interés por el poder económico y político sobre cualquier otra consideración humana.

Los mensajes del Papa en dos momentos claves de la Semana, el Domingo de Ramos y el Jueves Sacerdotal, encierran otro llamado, otro enfoque para contribuir a la búsqueda eterna por la paz y la justicia. La humillación, entendida como la más excelsa humildad del hombre frente al Padre, es uno de los mandatos. Humildad que supone el abandono de la soberbia, del trato desigual, el volver la mirada hacia Él y estar consciente de su Plan para sus criaturas en la Tierra y con él, la actitud que espera de ellas. Es fácil saber lo que espera de nosotros: amor, tolerancia, respeto, misericordia, perdón, reconciliación.

La ejecutoria de la mayoría de los gobernantes parece inclinar la balanza a favor de intereses particulares, grupales, en contra del beneficio común del pueblo en general. La corrupción, por ejemplo, es una patética y perversa demostración de cómo se manejan los recursos que Dios ha puesto en la tierra para ser administrados. La miseria, la escasez, son apenas dos lamentables consecuencias de este atentado contra los más humildes. El poder es conservador por naturaleza, nadie parece querer renunciar a los privilegios adquiridos a la sombra de altas o medianas posiciones políticas o económicas, aunque existan las normas legales para evitar los desafueros. La trampa, la “vuelta” supera a la ética.

El Papa Francisco, al reconocer la misión sacerdotal para superar las esclavitudes de hoy, presentó un mensaje muy oportuno y muy terrenal. En la homilía del Jueves Santo habló de continuar el camino a pesar del cansancio. De tres cansancios. El cansancio “de los demás”,  el de acompañar a las multitudes que siguen al pastor, fatiga que debe asumir con alegría y “olor a oveja”. Pudiésemos representarlo como el cansancio que proviene de servir permanentemente al pueblo a pesar de su exigencia, mejor, comprendiéndola, entendiendo sus necesidades, sus peticiones; cansancio que es sano, da frutos y, diríamos, es agradable a Dios y al servidor. Así debe ser el cansancio del gobernante, responsable del bienestar del pueblo al que representan. El cansancio “de los enemigos”, entendido  como el agotamiento que produce batallar contra ellos, porque tienen una voluntad férrea de lucha para imponerse sobre el bien y en esta tarea no descansan, lo que multiplica los esfuerzos y los cansancios del servidor porque, además de hacer el bien, debe defender del mal al pueblo y a sí mismo. En un plano social terrenal los asemejamos a quienes aferrados al poder, humillan y empobrecen a su pueblo. Hacer bien sólo da el beneficio invalorable de la libertad espiritual, de la conciencia tranquila, de la satisfacción espiritual del deber cumplido para quienes han asumido estas actitudes como sus prácticas de vida. El líder entonces tiene una durísima tarea para hacer comprender a su pueblo el camino de la verdad mientras lucha por su propia salvación de los ataques y/o intentos de sus perseguidores de comprar voluntades. Finalmente, el Papa Francisco habla de un tercer cansancio, “el de nosotros mismos” (hablaba a sacerdotes, a líderes, por supuesto). Se refiere a la fatiga que produce actuar por deber o conveniencia cuando aparece la tentación de los apegos al mundo; es el flaqueo del amor o la convicción. Cansancio malo, peligroso en consecuencia, Nosotros diríamos es el  cansancio del espíritu producido cuando ataca la desmoralización por la demora en alcanzar los objetivos, al compararse con la comodidad que se esfuerzan menos, o al perder la fe en el pueblo, lo que convierte a estos líderes en luchadores de un día, de un año y hace abandonar prontamente el camino cuando más se les necesita, cuando las dificultades apremian y no permiten continuar el camino para ver o buscar la luz en la oscuridad del túnel.

Jesús entiende cada uno de esos cansancios porque fue hombre en la tierra. Reconoce, por lo tanto, la condición humana. Inspirados en el mensaje papal, cada líder espiritual, cada líder social, cada líder político debe siempre buscar en Él, en el Padre, la fortaleza para acercarnos en lo individual y en lo colectivo a su Plan. En muchos momentos de nuestras vidas todos tenemos nuestro propio y particular Getsemaní. Oyendo las reflexiones del Papa es inevitable pensar en Bertolt Brecht: “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles”. ¡Cuánto cansancio acumularán para cuántos buenos frutos?!. ¿Dónde queremos estar?.  Es el llamado a continuar el camino a pesar del cansancio, reivindicando esta lucha por la justicia, la paz y la igualdad, la lucha que nos reivindica ante Dios

Atras
Visión Global

2013 © Visión Global. Todos los derechos reservados. Contacto: visionglobal.info@gmail.com - visionglobal.ventas@gmail.com - Teléfono: 0212 4186529