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Los Valles del Tuy se ha hecho tierra de forajidos

Los Valles del Tuy se ha hecho tierra de forajidos


La muerte de un familiar alejó a Cipriano Marcano de su finca por cuatro días. No era habitual que se separara por tanto tiempo de sus tierras, pero darle el último adiós a su madre ameritaba cualquier “sacrificio”, como él mismo lo calificó. Para Marcano, su parcela era su vida, su gran sueño, su ilusión. Aquel día que regresó a su propiedad, en el sector Chorrerón de Ocumare del Tuy, estado Miranda, unos 20 hombres portando armas largas, lo sorprendieron y le pidieron que abandonara el lugar. De lo contrario, sería hombre muerto.

Marcano había escuchado que los parceleros estaban abandonando sus fincas ante el acecho de bandas delictivas; sin embargo, nunca pensó que esa realidad tocaría su puerta. Así, al dolor de haber perdido al ser que lo trajo al mundo, se unió el que le arrebataran, de un día para otro, todo lo que creía suyo.

A cuatro meses de haberse quedado sin nada, pues todos sus ahorros estaban invertidos en 200 matas de aguacate, 150 de pimentón, igual cantidad de cebolla, 100 reses y 20 cochinos, Marcano se gana la vida con un taxi en la turbulenta Caracas. “Después de ser independiente tuve que irme a vivir con mi hijo mayor, porque literalmente quedé en la calle. Entre los dos compramos un carro y logramos un cupo en una línea”, contó afectado por el drama vivido.

Cipriano Marcano tiene 56 años. Hace tres años quedó viudo y aunque la soledad lo afligió en extremo, el día a día en su parcela le había ayudado a aminorar la pena. Nunca estuvo en sus planes regresar a Caracas, de donde se alejó en busca de una vida más tranquila. Empero, confía en que algún día pueda volver a sus tierras, “cuando en este país se respeten las leyes y la propiedad privada y no sigamos siendo carnada del hampa”.

HERVIDERO DE ANTISOCIALES

Los Valles del Tuy se han convertido en hervidero de antisociales, concha de prófugos de la justicia y trinchera para delinquir. Los delincuentes actúan de varias formas. Unos piden vacunas que van desde 200 a 400 mil bolívares mensuales y otros obligan a sus víctimas a desocupar sus propiedades.

Todos los casos han sido denunciados ante el Cicpc y la Guardia Nacional (GN); sin embargo, los cuerpos de seguridad han sido permisivos, a juzgar porque las tierras siguen en poder del hampa. Un alto funcionario policial, que pidió mantener su nombre en reserva, reconoció que este problema se les ha escapado de las manos. “Los uniformados estamos en desventaja, tanto en número como en armamento, en comparación con el hampa”, señaló.

Al ser consultado sobre el auge delictivo, lo atribuyó -en parte- a la llegada de nuevas familias a la zona, a propósito de los urbanismos que se han construido a través de la Gran Misión Vivienda Venezuela; así como a las llamadas zonas de paz, donde no se permitía el ingreso a la policía “y se convirtieron en nichos de impunidad”.

Lucio Fuentes, quien tenía una finca en el sector Quiripital de la parroquia La Democracia en el municipio Lander de los Valles del Tuy, estado Miranda, fue víctima del acecho de las bandas armadas. Debido a que posee otras tierras en el estado Yaracuy, se compartía el tiempo para semanalmente visitarlas. Cada uno de sus bienes estaba siendo cuidado por empleados, quienes una vez le advirtieron que unos hombres armados lo andaban buscando para pedirle vacuna. De lo contrario, no podría regresar a su propiedad, y así fue.

FOTO-PARAMILITARES

Actualmente lleva más de siete meses sin saber de sus cultivos ni sus reses, pues después de aquella sentencia que le podría costar la vida, decidió no regresar a la subregión mirandina. Los testimonios de otros dos productores de los Valles del Tuy coinciden en que la delincuencia se ha apoderado de las zonas donde se labra la tierra y no hay quien le ponga coto. “Nos piden vacunas de hasta 300 mil bolívares mensuales para no secuestrarnos y permitirnos seguir trabajando. Esto es algo que nunca se había vivido en este país”, dijo uno de los afectados, quien denunció la falta de interés del Gobierno por resolver esta situación.

Antonio Sánchez tiene una finca en el sector Santa Rita de Santa Lucía, municipio Paz Castillo. Hace un año abandonó el lugar. “Primero me robaron tres reses; a la semana dos más y así sucesivamente hasta dejarme sin nada. También se llevaron mis ocho cochinos”, contó el ganadero, quien fue testigo de cómo en un matadero descuartizaban sus reses, “pero no pude formular la denuncia porque me amenazaron con matarme”.

Antonio Peralta, de la Asociación de Campesinos del municipio Lander, reveló que el hampa ha hecho retroceder la producción agraria en un 90%. “Nueve de cada diez productores han abandonado el campo y quienes hoy continúan cosechando son aquellos que toda su vida han vivido en esas zonas, pero los grandes hacendados se han ido”, aseguró. Entre tanto, Carlos Salinas, delegado principal de la Red de Productores Libres y Asociados (Repla) en el eje Valles del Tuy, calculó que la producción ganadera ha tenido una caída de 60%.

DELINCUENCIA SIN CONTROL

Además de la migración obligada, varios hechos han marcado el día a día en la región mirandina en el primer semestre del año. El 22 de junio, Simoes Inocencio -de 84 años de edad- fue asesinado dentro de su parcela, en el sector Paraíso del Tuy del municipio Independencia. El hombre se había negado a abandonar las tierras, a pesar de la insistencia de sus hijos. “Él decía que de allí lo sacarían muerto y lamentablemente así fue”, dijo un allegado.

Según narraron los deudos, la zona se encuentra cercada por el hampa. “Ya no tenemos ni vecinos, pues todos decidieron huir del lugar, ante la arremetida continua de los delincuentes, quienes llegan a las fincas y, pistolas en manos, se llevan las reses y demás animales”, contó uno de los hijos de Inocencio.

El hombre recordó que la noche del 22 de junio los malhechores llegaron a su casa y lanzaron una bomba lacrimógena para que la abandonaran. “Todos nos salimos de la casa porque los gases nos estaban asfixiando, pero una vez afuera, mi papá se molestó y los pillos, sin miramiento, le dieron un tiro”, narró.

El 1 de enero de 2016, siete hombres armados irrumpieron en la finca de la actriz Dora Mazzone, en el sector Cartanal Viejo, entre los límites de Santa Teresa y Santa Lucía. Durante el hecho, las víctimas sufrieron algunas lesiones por parte de los agresores, quienes además se robaron todo lo que pudieron. El 1 de julio de este año, tres delincuentes entraron a robar en la finca El Remanso, en la calle Inmaculada de La Castillera de Santa Lucía, y asesinaron a su dueña, Magdalis Alicia Oropeza Martínez (54).

LOS “CACIQUES” DE LA CIUDAD

Las bandas armadas de los Valles del Tuy están conformadas por al menos 30 hombres. Poseen armas largas, Ar-15 y AK44, y cortas. Incluso, granadas. En el sector Paraíso del Tuy, municipio Independencia, el jefe es “El Nariz”. A él se le menciona en casos de homicidios, secuestro, cobro de vacuna, entre otros delitos. Según Cipriano Marcano, la organización de este delincuente fue la que lo desalojó de su casa.

En esta misma entidad, pero hacia los límites con Paz Castillo, en los sectores Terraplén, Cartanal Viejo, El Alto y El Manguito, manda “El Yépez”, quien era el lugar teniente del extinto “Koala”. En el municipio Lander, “el viejo Cheo” es uno de los antisociales más temibles. Opera en los sectores San Bernardo y El Anón de Ocumare. “Marciano”, sucesor del “Sabandija”, domina en Rangel pese a que está preso.

La mayoría de estos delincuentes tienen cuentas de Facebook, donde muestran un arsenal de armas cortas, fusiles, bolívares, dólares y granadas. Todos atacan con saña. Se sienten con poder y no le temen a la policía, pues aseguran ser los verdaderos “caciques” de estas ciudades mirandinas, marcadas por la sangre y la muerte.

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