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Madre de Familia: “Supe que tenía VIH después de que tuve mi embarazo, y es muy triste”

Madre de Familia: “Supe que tenía VIH después de que tuve mi embarazo, y es muy triste”


El riesgo de transmisión de madre a hijo puede disminuir a menos de 1% si hay prevención, pero escasean desde los reactivos hasta los antirretrovirales

La madre llegó al hospital a las 3:00 pm. Estaba empapada por el aguacero que el 2 de noviembre cayó en Caracas. Pasó más de 10 horas en una cola frente al Sefar, Servicio de Elaboraciones Farmaceúticas, en Las Adjuntas, para recibir un paquete de pañales gratis. Era la número 170. Su bebé, de 2 meses de edad, quedó al cuidado de una comadre en la sección de Pediatría Médica Infecciosa del Hospital Universitario de Caracas. Está allí porque tiene diarrea crónica. Ella presume que es por la infección de VIH que le transmitió durante el embarazo. Una realidad que descubrió luego de dar a luz.

“Supe que tenía VIH después de que tuve mi embarazo, a las 40 semanas. Es muy duro y triste. No quería saber nada de nada, pero pienso en mis padres y en mis 3 hijos grandes y me doy fuerza a mí misma”, dice la mujer, delgada, de 35 años de edad, que habla con jirones de palabras sobre su experiencia. Omite su nombre. Es de Vargas y allá tuvo a su bebé, a quien a los dos días de nacido le hicieron el examen para detectar la infección. El resultado fue “dudoso”. En el HUC le realizaron otras pruebas y salió positivo. Ella espera que se trate de un error.

“Tengo tres hijos grandes y un nieto. Cuando me enteré que estaba embarazada ya tenía cinco meses y estaba igualita de flaca. Me hice uno que otro examen, pero no el de VIH. No había reactivos. Debí haber tenido cesárea, pero llegué al Seguro pariendo. Ya en el hospital me sacaron la sangre y salí reactivo”, relata llorando.

No lo verbaliza pero quizás sin conocer el término técnico, esta madre intuye que su niño está infectado de VIH producto de una transmisión vertical. Ella le pasó la infección al bebé por falta de un control adecuado.

La jefa de Pediatría Médica Infecciosa del HUC, Ángela Troncone, reconoce que ha habido un repunte de transmisión vertical en los últimos meses. No tiene la estadística, pero afirma que lo percibe al ojo por ciento al ver los casos que llegan al servicio: “No podemos discriminar si la infección ocurrió durante el embarazo, en el parto o por lactancia materna, pero hay un incremento”.

Sin ningún tipo de control, el riesgo de transmisión vertical del VIH es de 30%. Con medidas preventivas puede disminuir a menos de 1%. Algo que en Venezuela no ocurre por las debilidades que hay en las alcabalas que deberían detener el virus: detección y tratamiento. Troncone enfatiza que una mujer con infección de VIH puede salir embarazada y tener un hijo sano. Es su derecho.

Para empezar tiene que hacerse un examen de detección, un Elisa para VIH de cuarta generación. Hay que realizarlo en cada trimestre del embarazo. Si da positivo, la madre debe iniciar tratamiento antirretroviral en la semana 14. Esto reduce la carga viral y llega a ser indetectable. Estando baja, es casi imposible que pueda transferírsela al bebé. Según Troncone las pruebas son intermitentes debido a la falta de reactivo.

Segundo: el niño debe nacer por cesárea. No debe realizarse trabajo de parto. Al menos una hora antes del nacimiento la madre debe recibir antirretroviral por vía endovenosa con zidovudina. Es vital al nacer, el bebé tome la medicina vía oral en la primera hora y continúe tratamiento por seis semanas. Al saltarse el paso uno, las madres desconocen su condición y llegan a parir, lo que aumenta el riesgo de contagio.

Luego se iniciará el seguimiento al neonato con exposición vertical. Se le realizará un examen de PCR (Reacción en Cadena de Polimerasa), prueba virológica que permite un diagnóstico más específico. Solo después de obtener dos resultados negativos antes del primer año de vida, se podrá pensar que el bebé es sano.

En el HUC hay en este momento 395 “pacientes expuestos” (expuestos al virus), que seguirán en control hasta los 5 años de edad; y hay 50 pacientes pediátricos con VIH. En el Hospital J. M. De los Ríos hay alrededor de 500 pacientes expuestos (que irán a control cada 4 meses) y 260 con VIH.

Por último, está proscrita la lactancia materna. Troncone informa que desde hace un año las mamás no reciben las fórmulas de inicio, un deber del Estado. “La gente te dice que no consiguen la leche, que les van a dar pecho. Les digo que no lo hagan, pero no tengo garantía de que eso se cumpla. En África permiten que las madres den pecho porque o se mueren de hambre o se mueren de VIH. Es más fácil que se mueran de hambre a esa edad si no están bien”.

La infectóloga pediatra señala que últimamente los niños llegan a la consulta más flaquitos. Esto ocurre porque les dieron pecho. Con el VIH se reduce la posibilidad de ganar peso y estatura.

María Graciela López, coordinadora de la Unidad VIH Pediátrica del J. M. de los Ríos, acota que las mamás se enteran de que tienen VIH por los niños, que comienzan a complicarse con enfermedades por repetición (diarreas, infecciones respiratorias, tuberculosis). Allí se encienden las alarmas y un médico acucioso manda a hacerles el examen.

López lamenta que no se pueda hacer un diagnóstico y tratamiento adecuado del VIH: “El examen de PCR DNA, carga viral, y las pruebas de resistencias están escasísimas. Un mes hay, otro mes no, porque se acaban los reactivos. También hay limitaciones en la terapia. En Venezuela la indicación para las madres es zidovudina, lamivudina y lopinavir ritonavir, pero es inconstante. Para los adultos la medicina de primera línea es dolutegravir más tenofovir emtricitabina. El primero no lo hay en el país. Y, a pesar de que discutimos una nueva guía con el Ministerio de Salud en mayo, hasta los momentos no ha salido a la luz pública”. A pesar de la enumeración anterior, López subraya que lo peor es el tema alimenticio.

Explica que el cambio desordenado de antirretrovirales puede crear resistencia al virus, pero lo más grave es que las enfermedades se registren porque haya un mayor número de niños desnutridos.

Reaparecen la sífilis y el tétano

Elia Sánchez es infectóloga y ex presidente de la Sociedad Venezolana de Infectología. Trabaja en la Maternidad Candelaria García y en el Hospital Santos Aníbal Dominicci, de Carúpano, Sucre. Desde allí registra que reaparecen enfermedades antes controladas, como la sífilis y el tétano, por fallas en el control prenatal. Ni hablar de VIH.

“Aquí hay dos laboratorios de salud pública y no realizan las pruebas diagnósticas de VIH. Mientras que los privados no siempre arrojan resultados confiables. A veces los médicos ven el resultado positivo y no hacen nada, cuando podrían remitir a la paciente a Infectología para iniciar su tratamiento. De los antirretrovirales sé que llegan con fallas e indirectamente. Ni siquiera los mandan a Carúpano. Hay que irlos a buscar a Cumaná”.

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