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Maduro tiene en sus manos el futuro del chavismo  

Maduro tiene en sus manos el futuro del chavismo   


El gran rechazo que los venezolanos sienten y expresan por el presidente Nicolás Maduro tiene al chavismo con insomnio. Aunque si logran dormir, seguramente les debería estar produciendo feas pesadillas.

Nicolás Maduro enfrenta más débil que nunca el torbellino político, social y económico que padece Venezuela. Casi el 80% de la población quiere que salga del poder y que lo haga este mismo año, según la última encuesta realizada por Datanálisis, una de las firmas más prestigiosas del país”.

Así comenzó su reportaje, para el diario El Mundo de España, el periodista Daniel Lozano. Agregando una opinión atribuida a Luis Vicente León, presidente de Datanálisis: “Hoy todo el chavismo se fue al barranco de Maduro”; y vaticinado que “Se ha perdido confianza en esa fuerza y si termina en un proceso electoral va a ser demolido”.

Para los venezolanos es una realidad lo detectado en las encuestas de Datanálisis y recogido por el periodista Lozano. No en vano, la vida diaria en Venezuela transcurre entre las colas para comprar productos de primera necesidad, el hambre y la inseguridad.

La sucesión del 2013

El ex presidente Hugo Chávez, en su lecho de muerte en diciembre del 2012, designó como su sucesor a Nicolás Maduro.

En ese momento, traumatizados por la inminente ausencia de Chávez, en el chavismo nadie logró articular ninguna expresión de rechazo o crítica a ese rechazo. Solo hubo algunos escarceos en las especulaciones de quién pudiera ser el sucesor del sucesor.

Así, unidos por el dolor y la angustia ante lo desconocido del “chavismo sin Chávez”, el PSUV y el gobierno, de la mano de todos los poderes del Estado, asistieron a las elecciones presidenciales.

De esas elecciones sobrevenidas, los electores todavía abrigan dos interrogantes: si es verdad que Maduro las ganó, y porqué Capriles se quedó callado.

Tres años perdidos

El primer sorprendido por ser el presidente, fue indudablemente Nicolás Maduro. Los primeros meses de su mandato estuvieron caracterizados por la inmovilización de su gobierno, y por el desarrollo de una campaña, a través de los medios de la hegemonía comunicacional, para remarcar en la opinión pública de que él era el presidente.

Los primeros meses del 2013 pasaron, con Maduro tomándose fotos con empresarios, dirigentes políticos y mandatarios extranjeros, y apareciendo en cuanto acto protocolar pudo asistir. Todo transcurrió entre continuos honores presidenciales.

Mientras tanto, todas las políticas públicas desplegadas del modelo socialista, comenzaban a exteriorizar las consecuencias de 13 años del gobierno de Chávez. Esto, sin que Maduro tomara medidas en el ámbito económico, a pesar de las alertas que expresaban expertos nacionales e internacionales, opositores y hasta del chavismo más ortodoxo.

En tanto, en el 2014 y el 2015 todos los indicadores económicos continuaron deteriorándose, al punto de que para el momento de la campaña electoral parlamentaria, el deterioró ya había alcanzado lo social. Lo que llevó a unos resultados adversos para Maduro de tal magnitud, que lo social aterrizó en el inicio del deterioro político del gobierno, creciente y cada vez más profundo, que estamos viendo en el segundo semestre del 2016.

En estos momentos, la crisis es en todos los ámbitos en el país. No hay producción nacional. Los ingresos de la explotación petrolera se han venido abajo por el doble efecto de la caída de la producción y por la caída de los precios. Lo que impide en que se pueda contrarrestar con importaciones la menor producción de bienes básicos del país.

Esa mezcla de baja producción y menor ingreso, ha tenido como consecuencia visible las colas que vemos a las puertas de mercados y farmacias. En tanto las consecuencias no visibles son el hambre, la propagación de enfermedades que se creían erradicadas y el agravamiento de enfermedades crónicas, o de las que son de relativamente rápido tratamiento.

La gran diferencia

En este punto de la generalizada crisis venezolana, se hace necesario comparar la diferencia entre Maduro y su mentor Chávez. Comparación que siempre luce desagradable, pero que ante lo desagradable del momento, se hace imprescindible en el análisis.

Hugo Chávez supo manejar la crisis económica heredada del gobierno del presidente Rafael Caldera. Trató siempre de compensar a los menos favorecidos.

En la medida que los ingresos petroleros mejoraban, Chávez fue distribuyendo con mayor soltura lo que entregaba a los menos favorecidos. Aún a expensas de profesores universitarios y maestros, médicos y profesionales al servicio del Estado.

Su “soltura” en los gastos de los dineros públicos, le llevó a mantener una cada vez mayor cantidad de dádivas a diversos países de América, Asia y África, y hasta de Europa y ciudades de los Estados Unidos.

Sin embargo, Chávez no vivió lo suficiente para sufrir en carne propia las consecuencias de su “soltura” administrativa. Su heredero Maduro la tendría que pagar, incrementándola con sus propios errores, por omisión o comisión.

Entre Chávez y Maduro existen claras diferencia. Unas, más importantes que otras. Chávez era una especie de Robin Hood que repartía lo que no era de él. Probablemente lo hacía para mantenerse en el poder.

Maduro por el contrario, pareciera que todo el esfuerzo que hace es únicamente para mantenerse en el poder. Y su gente, el chavismo más radical, se da cuenta de ello porque cada vez recibe menos, o lo que recibe no le sirve para nada.

Sobre este punto, una conversación con un activista militante del PSUV nos aclaró la diferencia: “Chávez, y hasta la elección que ganó Maduro, nos regalaba bolsas de comidas. Luego de dos años sin recibirlas, ahora nos las venden. Éste (en alusión a Maduro) no nos da nada”.

La cosecha de Maduro

Los resultados de la gestión de Maduro en la presidencia son devastadores para los venezolanos, por igual para chavistas, opositores o independientes.

Esa devastación tiene su correspondencia en los resultados de las elecciones parlamentarias, en donde la oposición capitalizó dos tercios de los diputados que se eligieron.

El gobierno, y especialmente Maduro, no ha sabido dar una correcta lectura a esos resultados, mucho menos interpretarlos.

Como consecuencia de la incapacidad de Maduro –lo que incluye a su círculo más interno en el gobierno y en el partido- se ha producido un divorcio de la población con el proyecto chavista y con Maduro mismo. Lo que las encuestas –todas ellas- evidencian con sus cifras.

Para el PSUV el impacto es devastador. Existe en la medida que funciona desde oficinas públicas. Para sus marchas y concentraciones de apoyo, ya no va a las calles a captar el fervor de la gente. Se han visto reducidos a tener que obligar a los empleados públicos a marchar.

Las manos de Maduro

En este contexto, de evidente fracaso propio, Maduro encuentra en sus manos el futuro del chavismo. Si insiste en permanecer en el poder, más allá de lo políticamente posible, su salida será traumática. Siendo el PSUV quien atesore las peores consecuencias de cara al futuro.

Maniobrar para que el revocatorio no se realice, lo conducirá a los lugares negros de la historia. Maniobrar para que el revocatorio se realice el año que viene, con lo que lograría que un chavista ocupe la presidencia hasta el 2019, corre el riesgo de desencadenar la peor inestabilidad política que haya conocido Venezuela.

En ambos casos, por el colapso al que ha llevado su gestión gubernamental, coloca al chavismo y al PSUV –su expresión política- al borde de la desaparición de su vocación de poder.

El chavismo podrá “echar vaina”, como se dice popularmente. Pero no volvería a ser visto como una posibilidad de gobernar. Por ello, es que el futuro del chavismo está en las manos de Maduro.

Eduardo Martínez/VisiónGlobal/@ermartinezd

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