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“Magnicidio del siglo XXI”, por Douglas Zabala

“Magnicidio del siglo XXI”, por Douglas Zabala


Por Douglas Zabala

Al primero que intentaron magnidiciarlo de verdad verdad, pero en el siglo XIX, fue al hombre de las dificultades, al decir de doña Manuela,  cuando  aquella noche oscura y con el frio bogotano, que congelaba los huesos, el  excelentísimo Presidente de la Gran Colombia, se vio obligado a  saltar y correr  por debajo de un puente,  donde lo consiguieron pasando un susto  de madre y señor mío, pero no tan inmenso, como el que vivió el día de su juramentación en la Asamblea Nacional, el que ahora anda gritando a cada rato:  ¡Magnicidio!   !Magnicidio!  !Magnicidio!

A quien si no le  anduvieron  con cuentos de Magnicidio y lo ejecutaron el día previsto, por allá en el siglo XX,  fue a  Carlos Delgado Chalbaud,  constituyéndose en  el primer y   único magnicidio en la historia republicana de Venezuela.  La magnitud de tal operación quedó tan blindada, que hasta el sol de hoy, sigue siendo un misterio las razones por las cuales   Rafael Simón Urbina, decidió  secuestrar y luego ordenar su asesinato.

 Al otro  que jamás le escucharon alardear de ser victima de enemigos políticos, deseosos de su eliminación física,  fue a Rómulo Betancourt;  sin embargo,  un sólo bombazo bastó para que un  24 de junio de 1960 durante la celebración del aniversario de la Batalla de Carabobo, se produjera  el  brutal atentado terrorista, perpetrado por sectores de la ultraderecha militarista y con el auspicio del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo.

En rueda de prensa, nuestro flamante Ministro del Interior, Rodríguez Torres,  pomposamente anunció que tras una investigación perfecta, organizada  por los cuerpos de seguridad del Estado, se detectó un plan de magnicidio, casi que primo hermano de la burguesía amarilla, denominado   “Carpeta Amarilla”.

 Según nuestro sabueso, experto en asesinatos presidenciales, su experimentado cuerpo policial, consiguió  esperando ordenes de  Barito y Posada Carriles,  a los chamos colombianos, como mansas palomas y totalmente  aburridos,  de tanto ver las fotos de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, en un hotelucho del estado donde gobierna un gobernador,  que por casualidad, se llama Henrique Capriles Radonski.

Lo que más llama la atención de todo este asunto, al mejor estilo de la guerra fría y sus garras imperiales, es que en  un país donde escasea la mantequilla, la leche en polvo, el arroz, la harina pan y el papel sanitario, abunden  bandas armadas, cuyos jefes se la han jurado con matar al Presidente,  y por no dejar a su hermano del alma, el también Presidente de la Asamblea Nacional.

Quisiéramos creerle y a la vez pensar mejor, que estas cosas no están sucediendo en este país, pero a decir verdad, ya estamos casi hasta el hartazgo con eso de  los planes para  acabar con un jefe de Estado, por la vía de un fusil con rayo laser y no por la del voto.

Ya  Chávez nos había dejado hasta la coronilla con sus 18 intentos de magnicidios, todos planificados por Míster Busch, quien   por no dejar según informaciones súper secretas del chacal Carlos Ilich Ramírez, se materializó,  con el  asesinato de su comandante eterno, al ser rociado con un cáncer agresivo.

Lo extraño de todo este lio formado, con el tercer intento  del primer Magnicidio del siglo XXI, es que para nada ha entrado en sospecha el archí enemigo del reeegimen J.J. Rendón, quien  como  la mayoría de los venezolanos,  andan guapeando ante tanto dislate de este gobierno, pero firmes en la idea de darle un trancazo tan descomunal el 8D, que si bien es cierto, no será el primer magnicidio del siglo XXI,  lo dejará de muerte lenta y sin legitimidad política alguna.

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