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Margarita López Maya: “La gente le perdió el respeto a Maduro”

Margarita López Maya: “La gente le perdió el respeto a Maduro”


Margarita López Maya, doctora en Ciencias Sociales, le resulta inexplicable que Nicolás Maduro continúe en la presidencia

A varios días de La Toma de Caracas, ¿cuál es su lectura sobre esa manifestación?

-En estos meses ha habido todo tipo de protestas, incluso violentas. Lo importante de esta manifestación es que hubo una articulación muy potente: fue convocada por los políticos, la gente se dejó llevar y respondió, lo que permitió que el gran descontento social se expresara políticamente. Eso invitaría a cualquier Gobierno democrático a rectificar, reflexionar y atender a la población.

-Después de La Toma de Caracas, sucedió la polémica de Villa Rosa, un sector del municipio García, en Margarita, donde el chavismo había logrado ganar con holgura. Si bien allí Maduro perdió por un estrecho margen en las presidenciales de 2013 (obtuvo 49,7% de los votos), en los comicios parlamentarios, la oposición venció con 58%. Todo parece indicar que Villa Rosa se convirtió en un camino de espinas para la revolución.

-Lo que señalas es muy importante porque la sociedad venezolana, o una gran parte de ella, le está mandando mensajes al chavismo desde diciembre. La población ha participado y ha dejado claro que quiere un cambio político. Pero el poder no ha atendido a ese llamado y, al contrario, ha tratado de castrar al Legislativo. Lo que veo es que en la medida que el poder no responde a esa demanda, su legitimidad sigue cayendo.

-¿La imagen de un Presidente acorralado por personas que lo ensordecen con el sonido de cacerolas es para usted una metáfora de qué?

-Eso fue un hecho insólito. Fallaron los anillos de seguridad del Presidente, la casa militar, el protocolo. Y es insólito porque Maduro -que se supone que anda rodeado de militares, de estrategias para defenderse del imperio- se quedó solo, la gente lo agarró como si fuera un cualquiera. Simbólicamente quedó como un rey desnudo. El cargo de presidente trae consigo cierta majestad que Maduro perdió, hay una sensación de que Maduro no es nadie, de que su legitimidad es muy poca. Creo que ahora se va a tratar de proteger, porque lo de Villa Rosa fue muy significativo: más allá de que se perdió el miedo, lo que se terminó perdiendo fue el respeto.

-¿Algún presidente venezolano ha atravesado una circunstancia similar?

-En el siglo XX, sin duda, no. A Juan Vicente Gómez jamás le hubiera pasado una cosa de esa, ni a Eleazar López Contreras, ni a Isaías Medina Angarita, ni a Marcos Pérez Jiménez, ni a ninguno de los presidentes democráticos. Jaime Lusinchi fue un presidente que empañó la majestad presidencial con algunos de sus desarreglos de familia, pero lo de Maduro llegó a un extremo. Y por lo que sabemos gracias a las redes sociales, Maduro tampoco no se comportó ese día como un presidente, sino como un cualquiera. No entiende que es el Presidente y que tiene que respetar a esa nación para que lo respeten a él.

-Usted ha llamado la atención acerca del aumento de la represión militar y del encarcelamiento a líderes de la oposición…

-Son signos también de la crisis que estamos viviendo, tiene que ver con esa falta de legitimidad de la figura presidencial. Por eso es que recurre al miedo y a la represión, porque es lo único que le queda. Ya no tiene los petrodólares suficientes, no tiene el encanto de Chávez, no tiene el respaldo popular.

-¿Qué tan potente puede ser ese recurso? ¿Cuál es el efecto que está teniendo?

-Todas las teorías sociológicas sobre el poder plantean que el miedo no es suficiente. Gómez no se sostuvo 27 años, ni Pérez Jiménez 10, solo sobre la base del miedo. Aunque fueron regímenes represivos, tenían algún tipo de legitimidad. Te doy un ejemplo: Gómez, de manera autoritaria y lo que quieras, trajo la paz a este país que estuvo en guerra muchos años. Pero Maduro está tratando de sostenerse nada más que sobre el miedo. Ciertamente eso tiene un efecto, pero lo que intento decir es que su tiempo se está agotando. Maduro en otro país ya se hubiese ido, pero aquí continúa casi que inexplicablemente. Creo que es porque todavía controla el poder a través del Consejo Nacional Electoral, del Tribunal Supremo de Justicia, y porque parece que los militares todavía están dispuestos a asumir los costos de reprimir para que él se mantenga.

-¿Cree que Maduro es un dictador?

-Aquí se asocia la dictadura con un militar que llega al poder a la fuerza, y éste no es el caso. Maduro ganó las elecciones, con ventaja, pero las ganó. Y está gobernando ahorita por encima de la Constitución. Si nos vamos a la teoría política, él es un dictador. Yo diría que es, más bien, un gobierno autoritario. Claramente no es democrático. Los politólogos han definido esto como un régimen híbrido: deja abierta la posibilidad de hacer elecciones, mantiene ciertos espacios para la libertad de expresión, para la prensa. Así son los gobiernos autoritarios de este siglo. Creo que ya no se pueden hacer dictaduras como se hacía antes, entonces ha aparecido esta nueva versión. En América Latina es Maduro en Venezuela, Daniel Ortega en Nicaragua.

-Llama la atención que usted diga que es inexplicable que Maduro siga en el poder. Hay gente que todavía sigue esperando que su salida se produzca con un nuevo Caracazo. ¿Cuál es la diferencia entre el contexto de aquel momento y el de ahora?

-Hay un carácter más autoritario del régimen. Eso impide que se produzca un estallido extenso y masivo como lo fue el Caracazo. El Gobierno tiene todo militarizado y cuando se producen pequeños estallidos, los militares ya están allí y toman el control de inmediato. En el Caracazo los militares no aparecieron sino hasta días después. Otro factor es que los medios de comunicación eran privados e informaban lo que estaba ocurriendo, pero ahora están muy disminuidos, censurados.

-¿De modo que no es posible que ocurra?
-Ciertamente no creo que suceda algo similar a menos que en medio de la desesperación por medicinas y alimentos el estallido social sea tal que ni las fuerzas del orden lo puedan controlar. Los militares mantienen a Maduro en el poder porque hay intereses de por medio, pero eso los ha vuelto a ellos cada vez más impopulares, la credibilidad que tenían al principio de la era de Chávez la han venido perdiendo. Porque además, se han metido en áreas que no saben manejar: no saben producir ni distribuir alimentos, tampoco controlar una protesta de civiles, porque ellos están formados para ir a la guerra.

-La Mesa de la Unidad ha anunciado una agenda de protestas en la calle, en otros momentos ese recurso se ha agotado…

-No sé cómo se puede demostrar que se ha agotado, pero en todo caso, aquí se requiere la participación de todos. La gente no puede ir por un lado y los partidos políticos por otro. La gente tiene que estar participando desde donde puede, porque eso nutre a los políticos que trabajan para producir el cambio. Tiene que haber una articulación entre lo político y lo social. Que nos mantengamos en la calle le sale muy costoso a los militares: cada vez que salimos los civiles desarmados a reclamar un cambio, y ellos salen armados a enfrentarnos, se están despreciando delante del mundo, porque no deberían, no es el papel que les toca: deberían estar en los cuarteles preparándose, y no azotando y amedrentando a gente que exige sus derechos. Entonces salir a las calles es una forma de erosionar el sostén militar de Maduro.

-Que el Presidente se protegiera detrás de la muralla de las fuerzas del orden porque le pueden hacer daño, era impensable en la era de Chávez. El gran apoyo popular al fallecido mandatario se explica a partir del financiamiento de programas sociales a través de los cuales los sectores históricamente desasistidos se sintieron atendidos. De allí la fidelidad hacia su figura. ¿Para usted cuál fue el punto de quiebre?

-Creo que todo comenzó a debilitarse con la muerte de Chávez. Los sucesores no tenían el carisma ni esa cosa emocional, porque eso es intransferible. Y debían hacer que le gente sintiera: “Me sigue faltando el comandante, pero mis necesidades siguen siendo atendidas”. Pero fracasaron en eso. Y si te pones a ver, tampoco es que Maduro dé la impresión de que está preocupado por ese sector que Chávez protegió. El chavismo más bien parece ser una élite desconectada del país. Es inexplicable que Maduro esté allí, porque no garantiza los mínimos elementos para que un Estado -no digamos un Estado democrático, sino de un Estado, a secas- se mantenga.

Salida negociada

-En el Estado Descomunal (Libros El Nacional, 2013) usted se refiere al socialismo bolivariano como “el sueño de un millonario”, por la cantidad de recursos que se requerían para su construcción. ¿Con un cambio de liderazgo, ese macroproyecto aún se puede rescatar? ¿A dónde marcha el socialismo del siglo XXI?

-Creo que no es rescatable. Pareciera que la élite chavista está llevando eso a la extinción. Hay disidentes que han tratado, como Marea Socialista, los exministros, pero son liderazgos débiles. Lo mejor que pudiera suceder es que el chavismo negocie una salida con dignidad, cosa que no han hecho y que parece que no harán.

-La periodista y analista político Luz Mely Reyes lo ha planteado con esta frase: “Mientras más tarde el chavismo en irse, más tardará en volver”.

-Estoy de acuerdo con ella. Fíjate que el chavismo siempre mantuvo un respaldo de entre 60% y 40%, con un núcleo duro sobre 35%. Pero hoy el chavismo está en 20%. Y eso, aunque creas que es poco, todavía es muchísimo para todo el desastre que ha hecho Maduro. Dilma y Cristina llegaron a bajar a 12%, a 8%. Y Maduro tiene 20%, que seguramente irá bajando más y más mientras continúe ahí. Esto te lo digo porque yo no veo un liderazgo capaz de recomponer esto y lograr que el chavismo vuelva a ser una fuerza política en el futuro.

-¿Cuáles serían entonces los principales retos para un hipotético gobierno de oposición?

-Son muchos, y no solo del Gobierno sino de toda la sociedad que tiene unirse para que el país se vuelva sobre sus piernas, porque está postrado. Es necesaria una recomposición del orden político para transitar en la construcción de instituciones democráticas. Además, está el reto de mejorar la economía: el chavismo fracasó en proponer un modelo económico que pudiera alimentar a 30 millones de venezolanos sin depender de los vaivenes del petróleo. El chavismo nunca pensó que el petróleo dejaría de dar los mismos frutos. Es un reto para la sociedad que está acostumbrada a que el gobierno le dé todo.

-Colombia, Argentina, Perú, entre otros, han atravesado procesos sociales igual de desafiantes…

-Sendero Luminoso en Perú estaba en toque de queda oficial, tiraba bombas en las calles, efectuaba cortes luz, mantuvo controles de Estado. Colombia está saliendo de 70 años de guerra, lo mismo que algunos países de Centroamérica. Hay sociedades que después de estos trances logran con mucho trabajo grandes cosas. Perú, por ejemplo, tiene un crecimiento económico sostenido. Lo que pasa es que Venezuela tiene que bajar las expectativas, porque es una nación muy arrogante, que ha tenido mucho dinero, y ha estado acostumbrada a que las cosas se le den fáciles, y las sociedades de bienestar se construyen paso a paso, sin grandes épicas ni revoluciones.

De perfil
Las 87 páginas del currículo de Margarita López Maya dan cuenta de su intensa actividad como investigadora, articulista, docente y conferencista. Obtuvo en la UCV una licenciatura en Historia y un doctorado en Ciencias Sociales. De esa casa de estudios es, además, profesora titular jubilada. Dirigió la Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, fue miembro del comité directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales y presidenta de la Sección de Estudios Venezolanistas del Latin American Studies Association. Sus líneas de investigación son el proceso sociohistórico y sociopolítico contemporáneo de Latinoamérica, especialmente de Venezuela, enfocado en tópicos como la protesta popular, nuevos partidos, proyectos políticos contra hegemónicos, actores sociales, y temas de coyuntura de la era chavista.

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