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Margarita López Maya: Venezolanos quieren una salida en paz a la crisis de hoy

Margarita López Maya: Venezolanos quieren una salida en paz a la crisis de hoy


Aunque existen condiciones similares a las que desencadenaron El Caracazo en febrero de 1989, la censura de los medios, la militarización de las ciudades y el carácter represivo del Estado, a juicio de la historiadora Margarita López Maya, impiden que ocurra un estallido focalizado de igual magnitud. Asegura que los venezolanos quieren una salida en paz a la crisis de hoy

 

 

 

Antes de analizar la situación actual del país, en un contexto en el que se conmemoran 27 años de los sucesos de El Caracazo, la historiadora Margarita López Maya hace una aclaratoria: “ningún hecho histórico es repetible, siempre hay unas causalidades que son distintas, aunque pueden haber características que son similares”.

Lo dice porque nuevamente, en estos días de febrero y ante la crisis venezolana que se vive hoy en día, surgen los comentarios y las comparaciones con aquel 27 de febrero. Más cuando las protestas y saqueos derivaron de la aplicación de las medidas bautizadas entonces como “el paquetazo”, anunciadas por Carlos Andrés Pérez el 16 de febrero de 1989, y cuando 27 años después ocurre algo similar.

López Maya, profesora titular jubilada de la Universidad Central de Venezuela y doctora en Ciencias Sociales, explica que los venezolanos están viviendo hoy “muchas condiciones, sobre todo socioeconómicas, de carestía, escasez, inflación y desencanto que son similares a las que tuvo el contexto en el cual estalló la revuelta de El Caracazo en el año 89”.

Pero así como hay similitudes también hay condiciones que son distintas y que, a su juicio, “son más importantes y me hacen pensar que es muy poco probable que se produzca un evento de la misma naturaleza de El Caracazo”.

En este punto la historiadora hace otra acotación; recuerda que los especialistas siempre dicen que este tipo de eventos son impredecibles, por lo que más allá de argumentar que existen algunas condiciones que no lo hacen posible, “siempre está esa posibilidad abierta”.

¿Por qué lo ve poco probable?

Porque de alguna manera ya estamos viviendo una revuelta de grandes dimensiones desde el año pasado. Lo que pasa es que hay un contexto institucional que es distinto y hace que no se pueda extender en todo el país como sucedió en el 89.

Con El Caracazo había medios de comunicación libres que comenzaron a transmitir todo lo que estaba sucediendo desde la madrugada del lunes 27 de febrero en Caracas y en los suburbios, y la información se dispersó muy rápido a toda Venezuela. Eso no sucedería hoy. Hoy los medios den comunicación están censurados, sobre todo los audiovisuales, y eso impensable.

De hecho, desde el año pasado están ocurriendo saqueos y pobladas no solamente en establecimientos de comida y medicamentos sino en las mismas rutas de transporte, están saqueando gandolas con alimentos y esa información no llega.

El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social habla de que en los últimos meses se ha registrado un promedio de un saqueo diario o un conato de saqueo diario, y con las fuentes que ellos tienen posiblemente esa es una cifra subestimada, porque es muy difícil que alguien en pleno saqueo llame al Observatorio y avise.

Entonces ves que ya estamos en un evento similar al Caracazo pero que no va a ser focalizado en todo el territorio nacional, en un período de tiempo, sino que se está dando en todo el país. Ya desde el año pasado estamos asistiendo a conflictos en las colas. Hay una efervescencia, un descontento pero todas estas informaciones no se hacen públicas, no se informa a la gente y eso es un impedimento para que eso se extienda.

¿Hay otras condiciones que lo impidan?

El carácter mucho más represivo y militarizado del Estado y del Gobierno venezolano. Ese es otro impedimento. En El Caracazo no había militares en las calles y la policía no apareció el lunes 27 de febrero, o cuando apareció no actuó. Carlos Andrés Pérez, en un documental que se hizo 10 años después, explicó que la policía estaba de brazos caídos porque no les habían pagado el sueldo desde hacía tres meses, y cuando esto comenzó no hubo un control de los cuerpos de seguridad del Estado sobre los saqueos y los conflictos.

Hay información de que cuando comenzaron los saqueos, que calculo fueron hacia el final de la mañana en el Centro de Caracas, la policía acudía pero no actuaba porque estaban disgustados también y le daban la razón a la gente. Hay informaciones de que después empezaron a ordenar las colas. Eso es impensable hoy en día. Hoy las ciudades están básicamente militarizadas y se presta mucha atención a apagar el fuego antes de que se extienda.

El año pasado hubo un evento bastante fuerte en Puerto Ordaz, en julio. En ese momento aparentemente no pudieron controlar la situación a tiempo y la gente salió de un sitio y se movilizó hacia el centro y siguió saqueando; duró como día y medio mientras se sofocaba la revuelta.

Creo que ese tipo de cosas sí pueden pasar porque la tensión, el descontento y las penurias por la escasez de medicinas y alimentos son de tal dimensión que esto va a volver a pasar. Va a sobrepasar a los cuerpos de seguridad, no como en aquella época donde no actuaron, sino que incluso actuando no van a poder apagar todos los fuegos que se van a presentar. Me pregunto si en algún momento el disgusto y la conflictividad de las colas va a sobrepasar la capacidad de represión que tiene en este momento el Estado. Esa es una respuesta que no la sé.

¿Hay algo que le llame la atención sobre lo que está sucediendo?

En el 89 esas protestas fueron básicamente espontáneas, en Caracas duró unos cinco días por falta de una institucionalidad que lo controlara a tiempo, porque aquí se dio el toque de queda y la suspensión de garantías el martes 28 a las 6 de la tarde, el Gobierno se demoró en reaccionar y eso le dio mucho impulso a la protesta. Luego el Gobierno respondió muy torpemente, matando y masacrando a la gente.

Ahora, según informaciones que tengo sobre lo que sucedió en Puerto Ordaz y que puede haber sucedido en otras partes, es que ahora sí hay grupos organizados a quienes les beneficiarían los saqueos. No tengo mayor información sobre eso, habría que explorar e investigar. Pero en la investigación del Caracazo lo que hubo fue una debilidad institucional que permitió que eso se extendiera en esa dimensión, pero actores que pudieran canalizarla e impulsarla, no los había. En el caos de ahora habría que explorar si hay intereses.

¿Esos grupos estarían controlados por el Gobierno o por la oposición?

No tengo ninguna información sobre eso, son grupos delincuenciales que pueden pescar en río revuelto, eso es un punto a explorar. Venezuela ha cambiado mucho, hay demasiada anomia social en Venezuela.

¿Por qué los venezolanos no salen a protestar?

Una causa es lo que ya explicamos. Sí hay una conflictividad social y está in crescendo. Eso lo está registrando el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, hay un registro de saqueos que es excepcional en Venezuela. Sí está pasando algo. Pero por otra parte, la protesta social no es irracional, no es nada más una catarsis, que la gente está disgustada y sale. Hay otros componentes que son importantes.

Uno es ¿si salgo a la calle qué va a producir eso? ¿Me va a dar un resultado? El Gobierno hasta ahora ha sido absolutamente sordo a las peticiones de la calle, en las protestas de 2014 respondió con una represión brutal y en realidad no se consiguió nada. Eso detiene un poco la estrategia de ir a la calle a reclamar, porque el Gobierno se ha mostrado insensible y sordo a la política de la calle.

En segundo lugar se ha mostrado sumamente represor a la protesta de la calle. Ese año tuvimos 43 muertos, buena parte de ellos por cuerpos de seguridad, entonces la protesta en la calle tiene un costo muy alto en este momento y unos resultados muy bajos.

Otros han dicho ¿qué vas a saquear hoy en los establecimientos comerciales, a dónde irías?, y creo tienen algo de razón. Y otro elemento que creo que funcionó el año pasado, y que podría funcionar ahora, es que la situación venezolana hoy en día es mucho más violenta de lo que era en el 89. La anomia que nosotros tenemos, donde nadie cumple la ley, ni siquiera el Gobierno, que el Poder Judicial está subordinado a los intereses del gobierno de Maduro y de su revolución, hace también que la gente tema a la violencia del estallido.

Creo que la gente ha expresado claramente en los procesos electorales que quiere una salida pacífica. El año pasado creo que mucha gente se aguantó tratando de llevar ese mensaje a las elecciones del 6 de diciembre y este año ha aguantado para ver si desde la Asamblea Nacional se pudiera lograr una salida pacífica, o posiblemente con las elecciones de gobernadores, o algún otro mecanismo que la Asamblea pudiera activar este año.

Muchos en el exterior me han preguntado por qué si la gente no confía en el CNE igual sale a votar. Es muy lógico, sale a votar porque quiere que haya una salida en paz y es la única que tiene. Yo creo que la situación de hoy en Venezuela, uno de los países más violentos del mundo, hace que la gente también sepa que si sale a la calle las consecuencias pueden ser impredecibles. Hay una voluntad y una necesidad de que se produzca una salida pacífica a esta situación.

Dos presidentes, dos momentos

¿Se puede comparar el paquetazo del 89 con las medidas del presidente Maduro?

Hay diferencias. El paquete que lanzó Carlos Andrés Pérez era un recetario coherente de medidas macroeconómicas, que empezó a dar resultados ahí mismo, e iba de la mano de un conjunto de profesionales que creían en esa medida.

Lo que ha hecho el presidente Maduro han sido unos retazos de políticas, unos pañitos calientes. Ahí se refleja bastante bien la falta de capacidad, de experticia, de conocimiento de sus equipos económicos y posiblemente la prevalencia del criterio político por encima del económico. Lo que he oído por parte de los economistas es que esas medidas tomadas así son insuficientes para ver un cambio en la situación.

En el caso del paquete de Pérez el gran problema fue, por supuesto, la forma política como se implementó, sin consulta, sin negociación, con la arrogancia propia de Pérez que decía que él era un hombre popular y podía hacer en Venezuela prácticamente lo que quería, y la sociedad venezolana no estaba convencida de que necesitaba un paquete de shock de esa magnitud. Nunca se le habló sinceramente a la sociedad ni se le persuadió de que esa era la salida.

¿Qué diferencias y similitudes ve entre el presidente Pérez y el presidente Maduro?

Carlos Andrés era un hombre carismático que tenia un nivel de popularidad importante y aunque era bastante autoritario creía en las instituciones. Eso lo demostró en el año 93 cuando fue desplazado de la presidencia por una decisión de la Corte Suprema de Justicia. El presidente Maduro no tiene ninguna popularidad, no tiene ningún carisma, controla todos los poderes públicos y no cree en las instituciones. Él y su cúpula de poder creen que están por encima de la Constitución y las leyes porque están haciendo una revolución.

Son dos personas bastante diferentes aunque hay que reconocer que Carlos Andrés fue muy torpe políticamente pese a su veteranía, por no hacerle entender a la sociedad la necesidad de las medidas, ocasionando la tragedia en la que él terminó y en la que el país terminó, porque eso nos ha salido costosísimo. El desencanto con la democracia representativa que se dio a partir del Caracazo nos llevó a lo que ahorita llaman ruptura populista de finales de siglo, con la consecuencia que estamos viviendo hoy.

¿Cuáles eran las fortalezas de Pérez en aquel momento?

Él se rodeó de equipos profesionales, creía que él se bastaba en la política y entonces su gabinete no era de políticos sino de tecnócratas. Pero yo diría que Carlos Andrés era un líder importante, se había labrado un liderazgo propio, se rodeaba y respetaba a los equipos, a los profesionales.

¿Y cuáles son las fortaleza de Maduro en este momento?

Cuesta más verlas. Siempre he dicho que la fortaleza que tiene Maduro y que explica de alguna manera por qué no ha caído, es que Maduro es el ungido del presidente Chávez. El principal apoyo político fue ese dedo que lo señaló el 8 de diciembre de 2012 como sucesor. Eso hace muy difícil que dentro del chavismo se le desplace con facilidad. Montado sobre eso y sobre esta idealización y sacralización de la figura de Maduro a través de Chávez, y a través de la propaganda oficial, lo dota a él de una cierta legitimidad. Aunque sabemos que dentro del chavismo hay tensiones y hay disidencias, no terminan de abrirse temiendo traicionar a Chávez si se deja a un lado a Maduro.

“Aparato administrativo mediocre”

¿Actualmente existe una falta de liderazgo en el Gobierno y en la oposición?

Yo veo más falta de liderazgo en el Gobierno que en la oposición. Uno de los problemas que tuvimos con el presidente Chávez fue que él se rodeó de gente muy mediocre. Él dejó a un lado a la gente más talentosa que tuvo, temiendo que compitieran con su liderazgo y eso ha acarreado una tragedia para el chavismo, porque desaparecido el presidente Chávez lo que queda es un aparato administrativo mediocre, que no está a la altura de las circunstancias. Y entre los civiles cuesta mucho ver un liderazgo importante.

Pienso que la subida del vicepresidente Istúriz refleja que se le reconoce un cierto liderazgo dentro del chavismo, un liderazgo propio y que por su veteranía política podría ayudarlos en las circunstancias que están atravesando. Pero son muy pocas las personas que como él todavía estaban en el chavismo, porque los liderazgos que hubo ahí se fueron o los neutralizaron, los maltrataron.

El liderazgo de la oposición es mucho más emergente, joven, bien preparados algunos de ellos, incluso en funciones de gobierno. Tienen ciertas carreras y tienen más visibilidad. Eso también pudiera estar en las filas del chavismo pero no se ve, ahí todo dependía de Chávez, eso también limita mucho la posibilidad de que aparezca un liderazgo autónomo, sólido, que piense con su propia cabeza.

El problema de la oposición es que hay una competencia en los liderazgos y no se ha terminado de entender la gravedad de la situación venezolana y la necesidad de hacer un sacrificio para permitir que se creen las condiciones favorables para una transición democrática. En Venezuela hay bastantes dificultades, las condiciones son muy difíciles para que aquí podamos ir a una democracia después de lo que nos ha pasado con la era chavista, y si nosotros queremos ir a una democracia se necesitan sacrificios que pasan por el liderazgo y por los intereses en el caso de empresarios.

Aquí todos tenemos que hacer un sacrificio porque no es como en el año 58 cuando el Pacto de Punto Fijo. Como se dice en ciencia política, no es un juego suma cero, des decir, unos van a perder y otros van a ganar y todos tienen que sacrificar. No solamente es la élite política en ascenso la que tiene que entender que tienen que hacer un sacrificio en aras de que la nación pueda encaminarse hacia una salida democrática, sino que todos los sectores, gremiales, profesionales, empresariales, tienen que hacer sacrificios para dejar de un lado intereses particulares.

Esa fue la experiencia en Chile, Uruguay y en el Cono Sur. Primero el convencimiento de que la mejor salida es la democrática y, segundo, que cada uno de nosotros, desde el lugar donde estemos, tenemos que aportar para que esa sea la solución, porque Venezuela ha vivido una experiencia autoritaria muy fuerte, militarista en esta última era, pero venía de una tradición militarista y autoritaria anterior al 58, y eso hace que debamos tener más conciencia. La próxima vez tenemos que hacerlo mejor.

¿Las condiciones están dadas para hacerlo mejor?

Estamos en unas condiciones parecidas a las de finales del siglo pasado y donde la gente terminó optando por un liderazgo mesiánico. Eso puede pasar y eso es lo que los actores políticos y sociales tienen que evitar educando, politizando, concientizando, y todos nosotros como profesionales también, todos los padres y la sociedad. Recordar que la salida desesperada de un outsider, de una ruptura populista como la que vivimos a finales de siglo fue lo que nos trajo a esto. Entonces no repitamos la búsqueda de un liderazgo de esa característica porque podemos muy rápidamente terminar otra vez en como estamos.

Creo que hay actores que han aprendido esa lección y espero que el pueblo venezolano también, de alguna manera, aunque tengo mis dudas y quizás la gente esté esperando ver ‘quién es el líder que me va a volver a repartir la renta petrolera’. Aunque ahorita no hay renta petrolera. Esta es la oportunidad para salir de ese espiral vicioso que hemos vivido.

¿Faltan varios años para salir de esta espiral?

Es un esfuerzo que si se sostiene en el tiempo se puede salir. No es una salida rápida. El primer paso de la salida creo que lo dio el pueblo venezolano en las elecciones del 6 de diciembre, manifestando la voluntad de que se produjera un cambio en la Asamblea Nacional y que esa Asamblea de alguna manera se relacionara con el Ejecutivo, que se sentaran, se vieran, negociaran y hablaran para una salida a la crisis económica.

El gobierno no ha hecho caso pero pienso que van a venir otros momentos donde la gente se va a seguir expresando. Yo sí creo que el presidente Maduro ha sido golpeado políticamente por los resultados del 6 de diciembre, Maduro no está en la misma situación del año pasado, está políticamente más débil y se seguirá debilitando en la medida en que sigan aferrados, sin aportar ideas y esperando que aumenten los precios del petróleo en el mercado internacional.

¿Estamos en el cierre de un ciclo? ¿Se está acabando la Quinta República?

No lo sabemos, no sabemos cómo va a ser esa salida. No podemos salir con un solo polo, tenemos que salir con los dos. Aquí tiene que haber en algún momento un pacto político que permita que fuerzas de oposición y fuerzas del gobierno se pongan de acuerdo, con consensos mínimos, porque en este momento la sustitución de este gobierno por uno de oposición tampoco es lo mejor, se vuelve a trancar. Ellos controlan todavía muchísimos poderes, el Judicial, el Ciudadano, el Ejecutivo controla Pdvsa. Se necesita un pacto político de los dos y lo que tiene trancada la solución en Venezuela es que ese pacto no se ha producido por la indisposición del Ejecutivo nacional a escuchar la voz popular.

El sostén principal de Maduro

¿Qué papel puede jugar hoy la Fuerza Armada en comparación con el rol que tuvo en El Caracazo?

El Caracazo marcó no solamente a la sociedad venezolana sino también al sector militar. Siempre se ha esgrimido eso como justificativo del deterioro de la democracia representativa, el papel represor que jugó. Creo que en la Fuerza Armada (FFAA)está presente esa marca para no repetirla.

En la situación en la que estamos les toca jugar un papel muy relevante porque este es un gobierno fundamentalmente militar. El sostén principal de Maduro en este momento es la FFAA y hasta ahora se han mostrado apoyando al gobierno de Maduro. Pero también ha habido señales muy claras de que respetan la voluntad popular, como sucedió el 6 de diciembre. Pienso que debe estar tan dividida y tan tensa como lo está la sociedad (aunque no tenemos información sobre eso), con el agravante de que un sector devenga beneficios particulares, que están metidos en el mundo de la droga y corrupción, y tienen incidencia en el gobierno de Maduro.

Pero independientemente de eso pienso que la mayoría de las FFAA estaría dispuesta a escuchar la voluntad popular y a respetarla, y esa es la responsabilidad que les toca en esta historia, esa es la función que tienen como institución, deben mantenerse en esa tónica y esperar que Venezuela pueda conseguir un régimen civil y democrático, que es la aspiración de una parte importante de la población, y además para engancharnos con la comunidad internacional en el siglo XXI porque en este momento estamos en un retroceso político inaudito.

El ejercicio del poder en Venezuela hoy en día es un ejercicio primitivo, de fuerza bruta, sin mediaciones, donde una cúpula se arroga la potestad de pasar por encima de las leyes y de las normas de convivencia mínimas. Los venezolanos no nos merecemos ese tipo de régimen.


Identidad para el pueblo plebeyo

Se van a cumplir 3 años de la muerte del presidente Hugo Chávez. ¿Cuál fue el legado que dejó? ¿Aún se mantiene o se ha desvanecido?

Pienso que eso le toca más a los historiadores del futuro, pensar mejor cuáles son los legados, porque así en caliente y en medio de esta crisis uno tiende a ver siempre lo malo. He dicho en algunas oportunidades que como legado, y que es propio de ese tipo de liderazgos y políticas de corte populista, se produce una ampliación de la ciudadanía, una inclusión social y creo que en Venezuela se produjo esa inclusión de sectores que sintieron que en la democracia representativa no habían sido lo suficientemente incluidos o habían sido invisibilizados en sus derechos, y que Chávez les dio un sentimiento de pertenencia, una identidad, cierta estima como venezolanos y ciudadanos iguales a los demás. Pienso que ese es el legado más importante que dio el presidente Chávez.

Lo dio en el discurso público que se hizo, un discurso a favor de un pueblo plebeyo, porque Chávez no habló del pueblo que somos todos sino que se arrogó como pueblo solamente el pueblo plebeyo que había sido en muchos casos relegado, marginado, excluido y que de alguna manera adquirió derechos políticos y se sintió ciudadano con el presidente Chávez.

La idea de que la democracia es participación y de la participación como un principio sustantivo de la democracia es algo que se inculcó en el chavismo. Al pueblo se le teme en la democracia representativa y se delega la soberanía a unos representantes pero en la democracia participativa se confía en el pueblo y se le pone a participar más directamente. Eso es una cara de la democracia y creo que el pueblo venezolano tiene en alta estima la participación. Ese no es el caso de otras sociedades y es un aporte que dio el chavismo en Venezuela y en América Latina.

Patricia Marcano / La Razón

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