Con una colorida recepción en el aeropuerto de la capital mexicana y una “valla” humana iluminada con teléfonos móviles de 19 kilómetros hasta la Nunciatura Apostólica, México recibió al Papa Francisco en su primera visita al país, marcada por una intensa agenda y grandes expectativas.

Como sucedió en el pasado con Juan Pablo II, que estuvo en tierras mexicanas en cinco ocasiones, y en menor medida con Benedicto XVI, que llegó solo una vez, la calidez de los mexicanos fue la protagonista de la bienvenida al pontífice procedente de Roma con una breve pero histórica escala de unas horas en Cuba.

Como muestra de la expectativa del Gobierno mexicano por recibir al Papa, el presidente Enrique Peña Nieto anunció dos horas antes de que el avión tocara tierra que el aparato ya sobrevolaba territorio mexicano.

Después de que el avión por fin aterrizara y al son del “Cielito lindo” tocado por un grupo de mariachi, el aparato frenó frente a la alfombra roja en la que lo esperaban Peña Nieto y su esposa, Angélica Rivera.

El santo padre bajó tranquilamente la escalinata, al pie de la cual saludó a Peña Nieto, que le estrechó la mano, y después a Rivera, con los que intercambió sonrisas en varias ocasiones mientras caminaba por la alfombra.

Cuatro niños vestidos con trajes típicos de los estados de Oaxaca (de tehuano), Puebla (china poblana), Veracruz (jarocho) y Jalisco (charro) le entregaron un cofre con tierra de los 32 estados mexicanos para que la bendijera.

A continuación varios artistas mexicanos, entre ellos los mexicanos Cristian Castro, Lucero y Pedro Fernández, así como el argentino naturalizado mexicano Diego Verdaguer, interpretaron la canción “Luz”, que forma parte de un disco benéfico impulsado por Rivera.

Luego, el Sumo Pontífice rompió con el protocolo al acercarse a las gradas instaladas junto a la pista de aterrizaje, atestadas de autoridades, fieles y periodistas. Allí besó a un niño enfermo, sostenido en brazos por un hombre que se acercó hasta él, y se puso un sombrero de charro que le prestó uno de los músicos.

Francisco, Peña Nieto y Rivera tuvieron un encuentro privado en el aeropuerto y, a continuación, Francisco subió al papamóvil para dirigirse a la Nunciatura Apostólica, a donde llegó a las 20.55 hora local (02.55 GMT del sábado) y donde dormirá todas las noches durante su visita.

En los alrededores del inmueble los fieles lo recibieron entonando cánticos como “Francisco amigo, el pueblo está contigo”.

Una hora después de haber ingresado a la Nunciatura, el líder católico salió e hizo un llamado a quienes estaban congregados ante el inmueble a aprender a amar no solo a quien nos ama, sino también a quien nos ha hecho daño.

También saludó de mano a un grupo de personas cerca del portón principal, se aproximó a una mujer que estaba en silla de ruedas, rezó con ella y le ofreció su bendición. Finalmente, invitó a los presentes a irse a descansar y les prometió un nuevo encuentro este sábado.

El recorrido hasta la Nunciatura fue flanqueado por una “valla de luz” formada por los teléfonos celulares de miles de mexicanos apostados en las calles para recibirlo.

En el único conato de incidente una persona ingresó a la calzada y se aproximó al vehículo, pero la seguridad del Papa impidió que se acercara para saludarlo.

México es el sexto país de Latinoamérica que visita Francisco en su pontificado.

Las actividades del papa este sábado comenzarán con un acto oficial en el Palacio Nacional, donde será recibido por Peña Nieto con honores de jefe de Estado y pronunciará su primer discurso.

Más tarde se reunirá con obispos mexicanos en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México y por la tarde oficiará una multitudinaria misa en la Basílica de Guadalupe, patrona del país.

El domingo visitará el populoso municipio de Ecatapec, en el vecino Estado de México, donde se espera una de las mayores concentraciones de fieles.

El lunes viajará al sureño estado de Chiapas para visitar Tuxtla Gutiérrez y San Cristóbal de las Casas, en una escala donde el indigenismo y la migración tendrán una fuerte impronta.

El martes se desplazará a Morelia, capital del estado occidental de Michoacán, para celebrar una misa dirigida a religiosos y asistir al habitual encuentro con los jóvenes.

Por último, el miércoles viajará a Ciudad Juárez, en el estado norteño de Chihuahua, donde se reunirá con presos de una cárcel, conocerá el mundo del trabajo en la zona y pondrá punto final a sus actividades con una misa junto a la frontera con Estados Unidos, antes de partir de regreso a Roma.