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“México: ¿Votar, no votar o votar nulo? Síntomas del malestar ciudadano” por Flavia Freidenberg

“México: ¿Votar, no votar o votar nulo? Síntomas del malestar ciudadano” por  Flavia Freidenberg


Flavia Freidenberg.

Una anodina campaña electoral se está llevando a cabo estos días en México. El próximo 7 de junio se realizarán elecciones federales, estatales y locales y cerca de 4 mil 496 candidatos y candidatas de diez partidos políticos están luchando por conseguir un cargo. Estas elecciones intermedias, realizadas con el cercano recuerdo de los nefastos sucesos de Ayotzinapa y de Apatzingán y en medio de un fuerte desencanto ciudadano, ponen en evidencia cierta desconexión entre la renovación de los cargos de representación popular y el hartazgo ciudadano con la clase política.

La clase política y el gobierno parecen cada vez más desconectados de un sector importante de la ciudadanía, que aún no sabemos realmente cuantos son. Mientras el andamiaje institucional exige la competencia entre partidos, la oportunidad para expresar opiniones libremente y la posibilidad de accountability, el país se estremece por las dificultades del Estado para garantizar la seguridad de su ciudadanía en todo el territorio, la desigualdad socioeconómica, la impunidad frente a la corrupción de la clase política, el gasto excesivo en materia electoral y el silencio e incluso negación del gobierno frente a las denuncias de violación de derechos humanos (Ver el reciente Informe del Relator Especial sobre la Tortura de Naciones Unidas, Juan Méndez).

Los partidos están metidos de lleno en una desabrida guerra de spots a nivel federal, una fuerte campaña negativa en los estados y en la discusión sobre si se debe quitar el registro al Partido Verde (PVEM) por su campaña engañosa y clientelar. Si el Verde continúa desconociendo las llamadas de atención del INE, esto arrinconará a la autoridad electoral que deberá resolver un asunto que polariza incluso a los propios miembros del Consejo General. Al mismo tiempo, los órganos electorales están inmersos en una intensa vorágine organizativa tras las reformas que los fuerza a implementar cambios importantes en el mismo momento que están organizando las elecciones. Los cambios no han sido pocos: las candidaturas independientes, la paridad de género, la fiscalización de ingresos y gastos en línea o la nacionalización de la gestión electoral. No habían pasado semanas desde que habían sido nombrados los Consejeros de las OPLES, que tuvieron que enfrentar los preparativos de la elección, lo que les dio poco tiempo para procesar esos cambios.

En un país acostumbrado a reformar de manera constante las reglas de juego, la obsesión por la norma hace olvidar el juego de incentivos que éstas ocultan y que determinan los comportamientos de los actores políticos. Esos mismos políticos que además son precisamente los que hacen, negocian e impulsan esas normas, para luego no cumplirlas, reinterpretarlas e incluso violentarlas en función de sus intereses particulares.

Un grupo de maestros mexicanos extraen y queman propaganda electoral hoy, viernes 24 de abril de 2015, en busca del boicot de los comicios del próximo 7 de junio en Guerrero (sur), en respuesta a la desaparición de 43 estudiantes en ese estado en septiembre pasado, en Chilpancingo (México).
Mientras los partidos juegan su juego, la ciudadanía se debate sobre cómo manifestar su descontento. Son cada vez más fuertes las voces que llaman a no votar o a votar nulo, como una manera de protesta pacífica o de “abstención activa”, aún cuando el porcentaje de voto nulo más alto ha sido hasta el momento de cerca de un 6 por ciento (elección intermedia del 2009). Esto hace recordar los meses previos a la elección presidencial de noviembre de 2006 en Ecuador o a diciembre de 2001 en Argentina. Si bien estos países transitaron caminos distintos tras una crisis política similar, fueron momentos claves para dar cuenta del cansancio de la ciudadanía con el modo en que se hacía política por parte de los partidos tradicionales. La ciudadanía utilizó el voto bronca para manifestar en las urnas el famoso “que se vayan todos” contra la clase política tradicional e incluso para no contentarse con votar por el “menos malo”.

El peso del voto nulo en una elección mexicana tiene mucho de simbólico. Los votos nulos no se cuentan ni tienen ningún efecto en el mantenimiento del registro de los partidos, en la cancelación de la elección, en la asignación de los cargos de representación o en el financiamiento público. A diferencia de Brasil, donde puede llegar a tener que repetirse una elección si el número de votos nulos es mayor que el del candidato más votado, en México esto no ocurre. Tampoco es cierto que el voto nulo beneficie al partido más grande (lo que puede ser entendido como un voto hacia el PRI), o al menos no hay estudios que permitan mostrar empíricamente la validez de esta creencia ciudadana.

Si bien un alto número del voto nulo “intencionado” tiene que ver con una baja legitimidad de la elección y un motivo de preocupación respecto al funcionamiento de la democracia, el sistema electoral mexicano parece sordo e inmune al descontento. En un sistema con votantes cautivos y forzados a elegir sólo lo que hay (o al menos el menos malo), el voto nulo puede ser un instrumento precisamente para refrescar la democracia y para enviar mensajes más claros sobre que hay cosas que deben cambiar.

Las encuestas parecen mostrar que habrá un alto nivel de abstencionismo. Si se tiene en cuenta que en los dos últimos procesos electorales más del 50% de los ciudadanos se abstuvieron de participar (55,4 en 2009 y 58,8 en 2003), la próxima elección no pareciera tener que ser distinta. Estas elecciones de junio de 2015 serán un laboratorio que pondrá a prueba el nivel de fortaleza de los “viejos” partidos, fundamentalmente, al PRD. Las encuestas están dando señales respecto a que nuevos partidos como MORENA van a hacer una buena elección, al menos en el DF; que el PAN ha bajado al menos 5 puntos desde el inicio de la campaña electoral (El Financiero, ISA, El Universal) y que el PRI, a pesar de todo, mantendrá su fuerza electoral.

Infolatam, 28 de abril de 2015

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