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“Mi guerra económica” por Douglas Zabala

“Mi guerra económica” por Douglas Zabala


 Douglas Zabala.

 Cuando veo a mi comandante obrero presidente, el mismo que acusan de no sabe manejar bicicleta y de ser un Pastor Maldonado, a la hora de conducir  la economía, me digo:  pero como no lo había entendido antes, de verdad estamos en la peor conflagración  económica  vivida por la República, desde los días en que las primeras goletas españolas zarparon  a tierras venezolanas, con la maligna idea de bachaquearse el oro, las perlas y todo cuanta verdurita sembraran nuestros indios canallas.

 Eso me pasa por andar siempre buscándole las cincos patas al gato y no terminar de asimilar que nuestro avezado conductor, no sólo en economía es un hombre preclaro,  sino que  también ha tenido clarito que el apetito, la ira y la esperanza, si algún día  se le revuelve a quienes pacientemente hacen cola, de nada le valdrá  los estudios aprendidos en sus cursillos  de filosofía, con  el  gran maestro Sai Baba.  Es verdad, existe guerra económica y hasta un oso está detrás de todo esa maldad.

 Asi que me juré no volver a dudar del hijo, de quien nos dejara este atribulado legado, ni tampoco ir  a Las Pulgas a complacer a los reyes de la extorsión y el bachaqueo. Después de muchos meses sin visitar los Mercados Bicentenario, este sábado decidí sortear el túnel de la inseguridad, que significa salir a las cuatro de la mañana para llegar a tiempo y agarrar  el número que te marcan en el brazo, como garantía de poder entrar al gran mercado socialista de la patria.

 Aclarando la mañana  comienzo a ver caras nuevas.  Siempre están los marginados de ahora, pero ¡Ho! justicia revolucionaria de la igualdad.  Ha llegado la hora de las confesiones y aparece una mujer de refinados modales, diciendo que es profesora de un liceo, y que es primera vez que hace cola. También un ingeniero contando acerca de lo imposible de seguir viviendo y que sus cuentas no le dan para comprar como antes;  y por no dejar, empleados de Pdvsa, chillando porque la TEA es sal y agua.

Alboroto, forcejeo y frustración se sintió en la rugiente cola.  Después de esperar  tanto tiempo había carne y pollo, pero no venderían  azúcar ni café. Adentro nos recibía la camarada vigilante, con el tiene derecho a dos harinas, una pasta y un aceite.  Del revolcón nadie habló y del bono salud para la tercera edad tampoco, pero del miserable aumento hasta los ciegos sacaban cuentas y concluían que no les alcanzaría ni pá comprarse un paquete de papel sanitario, cuando se consiga.

 Sediento y cansado, mientras iba cavilando sobre los Consejos Populares de Abastecimiento y Producción, como medio para combatir la especulación y  el contrabando de productos prioritarios;  se me ocurrió tomar y pelar  indebidamente  una mandarina, para compartirla con los camaradas de la cola.  En ese momento  se nos apareció el Gerente y nos amenazó con suspendernos la venta, por haber sido agarrado en flagrancia, cometiendo los  delitos de robo y guerra económica.

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