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No es lo mismo una librera que un librero

No es lo mismo una librera que un librero


Los tiempos son difíciles para los venezolanos. Especialmente para las librerías y los libreros. La carencia de insumos, los altos precios, la piratería, la invasión digital ha colocado en riesgo a los libros impresos.

Vanessa Silva es la gerente “librera” de la Librería Kalathos. Se toma con mucha intensidad su trabajo de atender una librería. Mantiene una cuenta en la red social Twitter (@vaness169) a través de la cual recomienda libros para la lectura.

Es un torbellino de palabras, que transmite la tranquilidad necesaria para revisar los libros de la estantería.

Siendo Kalathos una “librería-café”, comparte su labor de librera con su habilidad para preparar deliciosos cafés, y hasta demostrar su característica de “chocoadicta”, como se identifica en su cuenta de Twitter. A lo que añade “Lectora. Virgo. No uso tacones. Mujer real y XL. Y se habla cetáceo”. Es decir, toda una personalidad de las redes sociales y las librerías.

Intercambiamos mensajes en Twitter para conversar sobre su actividad. Apenas cruzamos las puertas de Kalathos, Vanessa nos identificó. “Tu debes ser el que viene por la entrevista”, dijo. Acto seguido, nos ofreció un exquisito café macchiato, que fue el acompañante de una grata conversación entorno a los libros.

¿Es lo mismo una librera que un librero?

-Es algo muy personal. Usualmente me he dado cuenta que son muy pocas las libreras aquí en Caracas, e igual a nivel nacional.

La librera tiene siempre ese rol de madre, de guiar. Una cosa que he visto con libreros es que son más de ventas. Más de “te oriento” por el camino del conocimiento pero también te vendo. Como librera soy más la madre, la que busca el regalo del padre, la que no solo es venta, sino la que arropa con el conocimiento las inquietudes que tiene la gente.

Me conecto mucho con las mujeres que vienen. Tengo mucho esa sensibilidad, que tiene todas las mujeres, pero unas más desarrolladas que otras. Me gusta mucho la parte infantil. Por eso digo que hay una diferencia.

Concibo las librerías como un centro de conocimiento. Somos un negocio y tenemos que mantenerlo. Pero nuestra función principal es difundir conocimiento.

¿Está muy duro el negocio de las libreras?

-Es muy duro por la crisis que estamos atravesando a nivel editorial. Hay muchas carencias a nivel de papel, a nivel de tinta. Vemos como las editoriales se han ido, como Océano, Random. La misma Santillana ha reducido mucho su campo de acción. Llegar solo a escolares. Entonces vemos que cada vez hay menos ejemplares y menos accesibles al público. Lo que viene importado es de costo muy elevado. La familia no puede un gasto mayor, cuando antes compraba cuatro cuentos, ahora es uno. Si antes era semanales o mensuales, ahora es uno cada dos meses.

¿Cómo impacta eso a las librerías?

-Es difícil llenar un anaquel. Es difícil que lo que te llega tu puedas venderlo y que se adecúe a los gustos del venezolano.

¿Cómo son los gustos del venezolano?

-El venezolano es de gustos muy heterogéneos. He tratado de establecer un patrón de consumo, y no he podido a lo largo de siete años. A veces las personas quieren leer actualidad política. Pasó mucho en el 2010. También se repite a lo largo del tiempo. Parece que en los momentos claves de crisis, antes del refrendo o las elecciones, las personas que quieren empapar de ese contenido.

¿Cómo es ahora?

-Ahorita, como estamos tan tensos y saturados, la gente llega y me dice “quiero leer una novelita. Quiero algo de ciencia ficción que me traslade a otro mundo”.

¿Algo light?

-Si, algo light. La gente me dice “quiero reírme. No quiero drama. No quiero nada político. No quiero nada negro. No quiero terror”. Gente que a lo mejor leía Stephen King, ahora está leyendo Danielle Steel. Son cosas que están buscando separarse de esta realidad.

¿Qué busca la gente en estos tiempos?

-Busca distraerse. Es un público que quiere ausentarse de la realidad, de las colas, de la crisis. La otra vez me llegó una muchacha diciendo “quiero una historia de amor bonita”. Wao, eso es muy difícil. “Con un final feliz”, Wao!.

Eso es un cuento de hadas

-Exacto. En cambio tengo gente que está metida en el asunto político, que quieren empaparse, quieren entender esto. Buscan actualidad política, trabajos periodísticos, o están buscando autores como Ayn Rand, digamos intensos para el tiempo que vivimos.

¿Van a desaparecer los libros?

-Aunque hay gente que busca conocimiento en los libros, también hay gente que dice que todo está en internet, que los libros van a pasar de moda. Creo que para eso falta bastante. Hay periodistas de medios internacionales que vienen y me preguntan ¿qué es lo que está saliendo en papel sobre el caso venezolano?. Ahí nos vamos a los libros de investigación que están saliendo, no con la calidad esperada por la carencia de papel, pero están saliendo y hay que celebrarlo.

¿Cómo se hace en estos tiempos para educar a muchachos en la lectura con libros que no se pueden comprar?

-Hay métodos y gente muy bonita trabajando en eso. Nosotros tenemos una cesta con “Los cuentos del escarabajo”, que es de la comunicadora Larissa Hernández, que va con su Volkswagen blanco a las zonas populares y se reúne a contar cuentos. Tenemos otras muchas actividades como la “Rana encantada” que también hace labor social. Hay mucha gente que difunde la lectura, que hace donaciones como los que abandonan un libro en las plazas. Aquí no hay que comprar un libro para leerlo. Puedes venir y leerlo. Confiamos en el buen juicio de la gente que trate los libros con cariño. Hay gente que se han leído libros completos aquí. No son muchos, pero los hay.

¿Eso funciona?

-Si, pero hace falta mucha información. Aquí les informo a los que vienen de las posibilidades que tienen.

Siempre que hay crisis, y que la oferta de libros baja, surge la piratería. ¿Hay piratería o la crisis es tan brava que desapareció también?

-Hay muchísima piratería, pero creo que nuestra competencia más ruda serían los pdf (libros escaneados). Una persona no tiene 15 o 20 mil bolívares para comprar un libro impreso aquí; o 50 mil bolívares para comprar un libro impreso en España. Entonces me lo leo en pdf. Claro, está la gente que dice “me gustó el pdf. Lo quiero tener en físico, y lo quiero tener en algún lugar en mi biblioteca”. Todavía está ese tipo de cliente.

Hay gente que lee un capítulo por internet, que usualmente el autor colgó, le gusta y lo quiere comprar. Pero también hay a quien no le gustó, y lo deja. Ahí murió y no lo compra. Todavía hay personas que todavía conservan el gusto por el papel, y son los que más nos visitan.

Pensaba que era el olor a la tinta…

-Es una cuestión sensorial. Porque si bien los libros huelen a tinta, el estar en las manos es otra cosa. Yo también digo que es algo de la niñez. Porque, si nuestras madres nos acostumbraron a leernos cuentos en las noches, a tener libros, papel cerca, es algo sensorial. Tenerlo, agarrarlo, en la posición en la que estés, no es lo mismo que con las tablets.

Tu eres muy activa en Twitter. Eres muy ocurrente, oportuna y siempre tienes un mensaje cada día. ¿Cómo te va con tu cuenta de Twitter?

-Gracias. En verdad abrí Twitter por curiosidad. No sabía como era. Dije voy a ser yo misma. Voy a poner mis opiniones. Escribir lo que yo sienta. Total, ¿quién me va a leer?. Cuando vino el conflicto de Irán, conforme fui colocando cosas pícaras, se disparó. Entonces decidí poner un poquito más de lo que yo hacía. Fue cuando empecé a colocar fotos de libros, seguir a los escritores, cosas relacionadas a la literatura. Ahora tengo lo que es el libro de esta noche que lo coloco a un día de por medio.

¿De acuerdo a tu ánimo?

-Si, de acuerdo a mi ánimo. Trato de leer de todo. Tengo una máxima ética que yo misma me propuse: no voy a recomendar libros que no leí. Porque es muy difícil. Una vez intenté hacerlo, y no puedo. No soy buena así.

Necesito recomendar algo que yo haya leído, que haya revisado, que yo conozca.

¿Cómo haces entonces con tantos libros?

-Por eso algunas veces me llevo cinco, cuatro o tres libros, y los voy revisando. Hay otros que si los leo por gusto. Me atrae el tema, me atrae el autor, ya le he leído unas cosas. Hay otros que son de cultura general. Hay otros que se venden muy rápido, y me pregunto qué está pasando. Necesito estar empapada, porque es mi trabajo.

Tienes también un blog, pero lo transitas poco.

-Lo tengo abandonado. Es más personal. Últimamente le quería meter unas reseñas literarias. Pero fue como un coqueteo. Quiero a futuro retomarlo. Lo que pasa es que esto (la labor de librera) me consume mucho tiempo.

¿Cuánto tiempo tiene abierta la librería Kalathos?

-Tiene siete años. Estamos en el mes aniversario.

¿Estás aquí desde que se abrió?

-Si, estoy aquí desde el 2009.

¿Qué actividades tienen programadas próximamente en Kalathos?

-Los fines de semana normalmente tenemos tertulias literarias, bautizos de libros. Para los últimos domingos de cada mes tenemos “Merlín cuéntame un cuento”, que se basa en que tenemos una mascota que es el gato Merlín. Lo convertimos en la figura infantil, que todos los meses tiene una actividad para los pequeños. También tenemos actividades de fin de semana para los adultos, de 11 de la mañana a las 2 de la tarde. Para eso hay una lista de correos, y les informamos.

¿Qué significa Kalathos?

-Es una palabra griega que significa la cesta en la que se hacía la ofrenda a los Dioses.

Eduardo Martínez/VisiónGlobal/@ermartinezd

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