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“No hay cama pa’ tanta gente” por Thays Peñalver

“No hay cama pa’ tanta gente” por Thays Peñalver


Thays Peñalver / @thayspenalver. 

De todos los posibles escenarios para Venezuela, el más aterrador es el que nos ha tocado vivir en la actualidad. En enero de este año, Nicolás Maduro le explicaba a la nación que “el barril de petróleo a cien dólares no volverá”, hoy desesperado por su realidad, el gobierno ha puesto toda su fe en que vuelva a los cien dólares a tal punto que Maduro sostiene que en el mediano plazo el barril “se va estabilizar en los cien dólares” y por eso está vendiendo todo para tratar de aguantar a ver si “le salen las cosas”. En otras palabras vamos a la deriva, no hay gobierno. Hay que rezar, no para trabajar, ni para esforzarnos ni para reparar los daños al tejido productivo, industrial y turístico, sino para que suba el petróleo y podamos seguir holgazaneando y malgastando más años en la idiotez. “Ojalá que llueva café en el campo” es el nuevo eslogan y el motor revolucionario, es el capítulo más extravagante de nuestra historia porque estamos gobernados por el pensamiento de aquel hombre del 27 de febrero de 1989, que cargaba la media res al hombro.

Como bien dijo Cabrujas, fue y continua siendo “el episodio más venezolano que vivimos” cuando aquel “jodedor” venezolano, “aquella cara sonriente llevando media res” celebraba lo que “fuimos en buena parte de nuestra historia”: una desgracia, un drama, una vagabundearía permanente. Pues bien, ese pensamiento llegó al poder y votaron por él los otros saqueadores, los que están felices porque abandonaron sus puestos de trabajo para ser “traders del mercado negro” y dicen con orgullo: “Yo me puedo ganar hasta 9.000 bolívares en una semana”. La revolución es, pues, una oda a la vagancia.

Dicho esto, al gobierno le ocurrió lo mismo que al hombre de la media res. Una vez asaltados los 3.000 mercaditos, la confianza se marchó junto con los dólares, nadie invirtió y el hombre de la media res pasó los siguientes 10 años en la pobreza más absoluta jamás vivida. Robarse aquella vaca fue comida para hoy y hambre para mañana, el gobierno hizo lo mismo, por eso le ha llegado la hora de darle la cara a la realidad, pero no le interesa. Puertas adentro, nuestra situación es de temer, porque devoradas todas las vacas, dilapidada toda la fortuna de la nación y saqueados todos los recursos, lo que hoy no hay es trabajo productivo, en medio de un segundo año de recesión en el que habremos perdido ya 10% del PIB.

No hay industria, no hay turismo, no hay campo ni alternativas de trabajo. Tampoco, como en el caso de la media res, hay confianza, y los dólares se marcharon. Comieron durante 10 años, mejoraron artificialmente sus vidas y luego de 16 años, continuamos como en 1997, con las mismas reservas, la misma infraestructura por eso es un error afirmar que “la pobreza volvió a ser igual” porque la pobreza nunca ha dejado de ser la misma, los ranchos en las colinas nunca se fueron, solo salieron de las estadísticas coyunturalmente por el barril a 150 y por la política suicida de imprimir billetes sin respaldo. Venezuela, como Cuba, ha quedado suspendida en el tiempo, sin avanzar, y de pronto llegó al mismo punto de partida. Con una inflación de 172%, un dólar que ya amenaza llegar a los 3 dígitos en diciembre y raspando la olla, endeudados por cada dólar que producimos, con un gobierno que amenaza ya abiertamente con muerte y destrucción si pierden las elecciones, para Venezuela la situación nunca antes había sido tan dramática.

Mientras eso ocurre, el petróleo a 60 dólares (WTI), también es nuestro peor escenario, porque significa que el Brent cotiza en el punto que permite continuar la exploración en mar profundo y, como dice el presidente de Exxon, a ese precio, permite continuar con la producción de “Shale Oil” (Tillerson dixit) del que tanto se queja Maduro. Eso significa que a Venezuela no le alcanza para sus necesidades básicas, pero a los países ricos sí y, encima, continuarán sacándola del mercado. Y es que lo nunca entendió ese hombre con la media res al hombro, es que lo que necesitaba era un trabajo digno y productivo pero en Venezuela “no hay cama pa’ tanta gente”.

El Nacional, 29 de junio de 2015

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