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Pdvsa podría estar a las puertas de una renovación

Pdvsa podría estar a las puertas de una renovación


Un cambio sutil en el código de vestimenta para el trabajo de oficina puede ser el símbolo más elocuente de la revolución silenciosa que se gesta dentro de los muros del atribulado motor económico de Venezuela, la gigantesca petrolera PDVSA.

Durante años se animó a los empleados de Petróleos de Venezuela a usar camisas rojas en apoyo al líder socialista Hugo Chávez, ahora fallecido. El ex zar petrolero y hasta hace poco hombre fuerte del Gobierno, Rafael Ramírez, bautizó a la estatal como un bastión “rojo, rojito” y envió a sus trabajadores a los mítines del Estado.

Pero en los meses recientes, la renovada gerencia de la compañía -encabezada por Eulogio del Pino, un ingeniero de bajo perfil educado en Stanford- ha reducido la presión sobre el uso del atuendo revolucionario y la participación en las arengas socialistas, según fuentes dentro y fuera de la empresa.

Nuevos carteles en la sede central de Caracas solicitan a los empleados usar ropa de oficina regular, dicen visitantes, un detalle menor, pero significativo, de lo que podrían ser cambios apreciables en una empresa que controla las mayores reservas mundiales de crudo y recibió unos 78.000 millones de dólares en 2013 por sus exportaciones, un 96 por ciento de los ingresos en divisas de Venezuela.

El cambio de apariencia forma parte de un esfuerzo más amplio por pulir el perfil de PDVSA y enfocarlo en la actividad petrolera, y no en la política, de acuerdo a personas familiarizadas con la estrategia.

También implica un giro de timón tras más de una década bajo el mando de Ramírez, cuya reasignación a fines de año a las Naciones Unidas fue ampliamente vista como una maniobra para reducir su influencia sobre el Gobierno de Nicolás Maduro.

Los cambios van mucho más allá de lo simbólico: PDVSA está prometiendo a sus socios minoritarios mayor poder de decisión en el manejo financiero y operacional en las empresas mixtas, incluyendo, por ejemplo, control sobre la contratación de taladros, según fuentes cercanas a la empresa.

Y una docena de esas firmas están por beneficiarse de una tasa cambiaria más favorable en medio del complejo sistema de control de cambios que tiene tres cotizaciones diferentes para el dólar.

Algunos de los 150.000 empleados de la firma han sido despedidos, en particular aquellos con roles políticos, y cientos de trabajadores del ministerio de Petróleo también han sido destituidos, según un líder sindical y una fuente cercana al Gobierno.

“Están tratando de encontrar mecanismos para ofrecer a la gente confianza para invertir y también incrementar la producción”, dijo una fuente extranjera cercana a las empresas mixtas.

Pero el éxito no está de ninguna manera garantizado en medio de precios del petróleo peligrosamente a la baja, un control de cambio que complica hasta las operaciones más sencillas y una nación sufriendo una difícil crisis económica.

Del Pino avanza por una cuerda floja al tener que manejar los asuntos en los que se involucra el Gobierno con sus propios intereses, mientras busca conseguir progresos en los proyectos medulares de la compañía, por lo que algunos analistas del sector temen que a la larga sus manos queden atadas.

PDVSA y el ministerio de Petróleo no respondieron a las solicitudes de comentarios sobre los cambios de gestión.

AFUERA LO VIEJO

La primera señal de que PDVSA podría estar a las puertas de una renovación llegó en septiembre cuando Ramírez, un ex confidente de Chávez, fue reemplazado en su triple rol de jefe de PDVSA, ministro de Petróleo y vicepresidente económico.

Se convirtió en canciller, pero siguió representando a Venezuela en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEC). Luego, a finales de diciembre, Maduro lo despojó de esas tareas y lo envió a Nueva York como representante ante la ONU.

Asdrúbal Chávez, primo del fallecido presidente y un veterano de la industria, se hizo cargo de la cartera de petróleo y de la delegación venezolana ante la OPEP.

Lejos del centro de atención, Del Pino, hasta septiembre a cargo de la vicepresidencia de exploración y producción de PDVSA, ha introducido cambios para aligerar las operaciones propias de PDVSA y sus empresas mixtas, dijeron las fuentes.

La idea es que los socios minoritarios tengan mayor control en sus áreas operacionales, incluyendo la contratación de equipos de perforación, en lugar de delegársela a una filial de PDVSA, lo que posiblemente implique decenas de millones de dólares en ahorro, según fuentes cercanas a las negociaciones.

PDVSA posee alrededor de 60 por ciento de participación en los negocios conjuntos y sus socios tienen años quejándose de la prolongada retención de dividendos y las complicaciones de operar bajo un esquema completamente manejado por la estatal, bajo un estricto control de cambios.

La compañía ahora está ofreciendo a algunos socios aumentar su participación accionaria, lo que podría atraer el anhelado capital de trabajo a los proyectos.

PDVSA tiene empresas mixtas con gigantes petroleras como Chevron, Repsol, Eni, Rosneft, Total, ONGC, Statoil y China National Petroleum Co [CNPET.UL] (CNPC).

La extracción ya ha dado muestras de aumento en la vasta Faja Petrolífera del Orinoco, epicentro de la producción de crudo en Venezuela y en donde operan muchas de las empresas mixtas, según datos oficiales. Se espera que llegue a 1,37 millones de barriles por día (bpd) a fin de año desde los 1,25 millones en 2014.

La nueva gerencia también ha comenzado a frenar el crecimiento de la fuerza laboral, que se triplicó entre 2001 y 2013 a 156.794 trabajadores, incluidos contratistas. La producción de crudo del país, sin embargo, siguió una tendencia opuesta y cayó a 2,899 millones de bpd en el 2013 desde los casi 3,1 millones de bpd en el 2001, según informes anuales de PDVSA.

“Vienen más detenciones y más despidos (…) es lo que se escucha en todas las oficinas”, dijo Iván Freites, líder del sindicato de trabajadores petroleros y un crítico del Gobierno.

Agregó que ha habido despidos de personas formalmente empleadas por el Centro Refinador Paraguaná (CRP), el más grande del país y segundo mayor del mundo, que de hecho realizaban labores políticas.

A cientos de trabajadores cercanos a Ramírez también se les ha señalado la puerta de salida en el ministerio de Petróleo y en la enorme firma estatal, en lo que algunos etiquetan como una “cacería de brujas”, según un ex empleado del ministerio y otras personas familiarizadas con el asunto.

El caso más llamativo es la detención del poderoso José Luis Parada y de su hermana Gladys Nubia Parada, cercanos a Ramírez según fuentes de la industria, bajo señalamientos de corrupción en la distribución de gasolina altamente subsidiada, que sale en grandes volúmenes por contrabando a Colombia y Brasil.

Algunos nombramientos recientes en la compañía también sugieren que Del Pino no goza de plena autonomía.

El nuevo director financiero de PDVSA, Carlos Malpica, es un pariente de Cilia Flores, esposa y asesora cercana de Maduro, mientras que algunos ex miembros de las Fuerzas Armadas han sido colocados al frente de las labores de comercio y suministro.

Expertos agregan que a pesar de sus buenas intenciones, la misión de Del Pino se verá afectada con la baja en los ingresos por exportaciones y además esperan que Maduro exija más recursos al motor petrolero venezolano para la campaña previa a las elecciones parlamentarias de este año.

“La fuerte presión que había sobre PDVSA para generar recursos se incrementa”, dijo Richard Obuchi, un economista local y experto petrolero. “Creo que de hecho, sería casi un tremendo éxito que logre mantener los actuales niveles de producción”.

 

 

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Por Alexandra Ulmer y Marianna Párraga/Reuters

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