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Pequiven es una “caja negra”

Pequiven es  una “caja negra”


Pequiven es una verdadera “caja negra”. No hay datos oficiales creíbles sobre su producción, ni su situación financiera, y ahora que el presidente Nicolás Maduro optó por presentar su Memoria y Cuenta ante el Tribunal Supremo de Justicia, la opacidad sobre el funcionamiento y resultados de las empresas públicas puede ser aún mayor.

Lo que se sabe, por vías extraoficiales, es que Pequiven ­el complejo petroquímico filial de Pdvsa- opera a 30% de su capacidad instalada en promedio. Hace 10 años existía un plan estratégico que hablaba del montaje de más de 50 industrias, apalancadas en el desarrollo petroquímico, que fabricarían desde celulares hasta urbanizaciones enteras de casas de PVC. Otro sueño caído en saco roto.

El expresidente de la empresa, Saúl Ameliach, ­quien, según fuentes del PSUV, seguía controlando la empresa-, junto con su hermano Francisco, gobernador de Carabobo hasta la salida de Juancarlo Depablos, recientemente destituido aseguraba que se crearían más de 100.000 empleos con un agresivo desarrollo petroquímico que quedó en veremos.

 

Lo cierto es que Pequiven hoy está muy lejos de ser ese “pilar” del desarrollo industrial. Según la Memoria y Cuenta de 2015, la compañía registró pérdidas superiores a Bs. 2.000 millones por dos años consecutivos, y el resultado de 2016, aún no conocido, apunta a una pérdida superior a 3.000 millones, según fuentes del sector químico.

La producción de fertilizantes tiene cuatro años en niveles mínimos, al punto que solo puede satisfacer 15% de la demanda, por lo que los productores agrícolas deben adquirir los agroquímicos que necesitan con sobreprecios que van entre 300% y 500%. Lo más grave es que trabajadores de la empresa han denunciado que lo poco que sale de las plantas de Pequiven no va a los campos, como quiere Maduro, sino que se saca de contrabando para obtener precios dolarizados.

La situación no es distinta en ninguna de las 14 empresas mixtas que mantiene la corporación.

Por solo citar un caso, Fertinitro, que incluye dos plantas de Amoníaco, con capacidad para 1.800 toneladas métricas diarias, y dos de Úrea, para 2.200 toneladas métricas, solo produce a 10%, por falta de insumos.

Sin embargo, la empresa petroquímica recibió 3.500 millones de dólares como parte de un proceso de reactivación que iba a encabezar Depablos, el expresidente de la empresa destituido por Maduro por presunta corrupción, que incluía la construcción de una nueva planta de olefinas, cuya edificación ni siquiera ha comenzado.

Según la Memoria y Cuenta 2015 del Ministerio de Petróleo y Minería, Pequiven tiene años coningresos que apenas le alcanzan para cubrir sus gastos, pero con una creciente deuda, que pasó de Bs. 52.957 millones en 2014 a 65.629 en 2015, un incremento de 63% de las cuentas por pagar, e incluso una deuda con el Fisco, por concepto de ISLR, que ascendió a Bs. 16.505 millones en el bienio 2014-15.

MOTOR FUNDIDO
Se suponía que el desarrollo petroquímico era la gran palanca para un desarrollo industrial a gran escala. En los años 90, cuando se hablaba de incorporar capital privado a Pequiven, se estimaba que para estos tiempos, la factura de la corporación ya estaría superando a la generada por Pdvsa, con la ventaja del mayor valor económico local añadido.

La realidad es otra.

Ahora el Gobierno “se percata” de que hace años los agricultores no reciben suministro regular de fertilizantes y las empresas de los sectores químico, petroquímico y plástico ­ primeros eslabones de la cadena de valor que debe generarse alrededor de
Pequiven- tampoco reciben materia prima.

Según las más recientes cifras de Asoquim, el gremio de las empresas privadas químicas y petroquímicas, 77% de las compañías ha reducido su producción por falta de materia prima local. De hecho, 84% de las compañías químicas y petroquímicas están operando con inventarios que cubren entre uno y tres meses de producción, nada más.

Poco se sabe de las acusaciones concretas que originaron la intempestiva destitución de Juancarlo Depablos de la presidencia de Pequiven, pero sí se conoce que los empresarios que asisten a las reuniones de “economía productiva” con el Gobierno han hecho denuncias concretas sobre el tráfico ilícito de materia prima que supuestamente está dirigido por los mismos gerentes de empresas estatales, encargados de producirlas.

Una fuente del sector azucarero dijo a TalCual que los escasos fertilizantes de Pequiven van a productores asociados con el Gobierno y al contrabando. Además, hay un creciente mercado de reventa donde también estarían supuestamente implicados funcionarios, no solo de empresas, sino de gobernaciones y alcaldías.

EL GUISO CON GUAYUCO
Juancarlo Depablos era un funcionario con años de vinculación al sector petroquímico. De acuerdo con fuentes del sector, estaba a la sombra de los hermanos Ameliach, especialmente de Saúl. Del fallecido expresidente Hugo Chávez, Depablos recibió el encargo de montar una fábrica de pañales desechables. Chávez bautizó a estos pañales como “Guayuco”.

No se tiene noticia de cuánto se invirtió realmente en el proyecto, pero el primer “cuento chino” ­nunca mejor dicho- fue que la manufactura podría cubrir entre 20% y 30% de la demanda en una primera etapa, cuando la capacidad instalada no daba más que para 5%.

La fábrica se montó con un capital inicial de 9 millones de dólares y tecnología china, pero sin insumos y equipos completos.

La idea era producir 144 millones de unidades por año, pero la salida efectiva no alcanzó ni a 1 millón, por lo que Chávez descabezó a parte de la directiva de Pequiven, presidida por Saúl Ameliach en 2009, pero sin más consecuencias para la cabeza de la empresa.

Depablos, responsable directo del fracaso con los “Guayuco” ­luego de que Chávez lo presentara como un gran gerente-trabajador­ se mantuvo en el sector, hasta que llegó a la presidencia de Pequiven en 2015, designado por Maduro pero, aparentemente, sin mucho consenso.

Según fuentes del PSUV el funcionario ahora paga por una extensa red de corrupción que tendría tentáculos más robustos y de alto nivel.

CUARTEL PETROQUÍMICO
Está claro que después del fallecimiento del ex presidente, Hugo Chávez, el chavismo que le sobrevive es una especie de archipiélago de grupos, cuyas guerras intestinas son cruentas, pero que se mantiene alineado para conservar el poder.

El nuevo presidente de Pequiven, el mayor general Rubén Ávila Ávila, marca el ascenso de un nuevo grupo de poder en la empresa petroquímica. Fuentes del sector apuntan que, sin duda, habrá una reestructuración total, pero no aspiran cambios positivos en la gestión. No hay antecedentes que certifiquen alguna experiencia de Ávila para presidir un conglomerado de empresas tan complejo como Pequiven. Fue director de Planimara y presidente de la Zona Franca de Paraguaná. Más allá, se recuerda su militancia en la Juventud Comunista en los años ´80, antes de entrar en las entonces Fuerzas Armadas.

Ya hasta la saciedad se recuerda su “hazaña” con el tanque en el Palacio Blanco durante el golpe del 4 de febrero de 1992, una situación rocambolesca.

En todo caso, la llegada de este oficial a Pequiven implica la militarización de los mandos de la empresa, y ya se sabe que esa no ha sido, precisamente, una política efectiva para producir y enfrentar la corrupción.

Armando J. Pernía/TalCual

 

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