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“Pero ¿qué necesidad?” por Jorge Castañeda

“Pero ¿qué necesidad?” por Jorge Castañeda


Jorge Castañeda.

Más allá de los méritos personales del nuevo ministro de la Suprema Corte, y de sus posibles desventajas, subrayados en las últimas semanas, detecto un enigma detrás de su designación. La decisión del presidente Peña Nieto de colocar a Eduardo Medina Mora en la SCJN ha dividido y polarizado a columnistas colegas de un mismo diario; a colaboradores de los mismos noticieros de radio; a los participantes de las mismas mesas redondas en la televisión de paga; a académicos de las mismas instituciones; a abogados, juristas y magistrados; a senadores del PAN; a legisladores del PRD, y, sobre todo, a un círculo rojo ya crispado –ver los memes del viaje al Reino Unido–. Las razones para provocar esta polarización no son evidentes.

Aun suponiendo que Medina Mora reúna todos los atributos necesarios para ocupar su cargo, y que ninguno de los defectos que se le asignan sea tan grave, no parece que la única persona en todo México que pueda reunir esas virtudes y desprenderse de esos vicios sea el ex embajador en Estados Unidos. Nadie niega que Medina Mora sea un hombre de bien, que haya sido un colaborador leal de tres presidentes sucesivos, que haya tenido una carrera de abogado corporativo destacada y que tenga una relación personal con el actual presidente que se remonta a varios años. ¿Pero de veras era el único en todo el país que revestía estas características?

He escuchado tres explicaciones de esta aparente aberración; ninguna me satisface. La primera: EPN decidió imponerlo porque necesita contar con un voto incondicional en la Suprema Corte para después de 2018; EMM es el que más confianza le inspira. Aunque EPN haya dado varias muestras de visión estratégica durante sus dos años en la Presidencia, creo que esto rebasa sus cálculos normales. Segunda explicación: contar con un voto, también incondicional, para los temas que llegaran a la Corte referentes a las reformas aprobadas durante los dos años de gobierno. No es imposible, pero no es seguro que un solo voto cambie la correlación de fuerzas entre los once miembros de SCJN. Es cierto que a fin de año podrá Peña nombrar a dos magistrados más; pero no es obvio que ambos sean tan cercanos a él como EMM.

La tercera explicación, a saber, que EMM fue nombrado como premio a ciertos poderes fácticos a los cuales es afín, puede ser cierta. Pero entonces se trató de un mal cálculo. Una cosa es premiar a instancias importantes pagando un precio razonable, y otra muy distinta es hacerlo cuando el precio pagado supera por mucho el precio previsto. Podríamos resumir entonces todo este desaguisado con dos frases del filósofo de Juárez: “¿Qué necesidad? y “No vale la pena”.

El Nacional, 16 de marzo de 2015

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