Visión Global

“Política de la unidad”, por Fernando Mires

“Política de la unidad”, por Fernando Mires


Fernando Mires

 

 

A partir de una tipología provisoria el presente texto (ensayo o artículo, o qué sé yo) analiza el carácter y sentido de las organizaciones unitarias, particularmente las frentistas, desde la aparición de los frentes populares anti-fascistas de la Europa de los años treinta hasta las combinaciones que se han dado en América Latina. Especial énfasis será puesto en los casos chilenos y venezolanos. En el primero, porque Chile ofrece más experiencias frentistas que ningún otro país del continente. En el segundo, porque se trata de una experiencia aún no consumada, protagonizada por esa nueva versión de frente popular representado por la MUD.

1.

En la vida cotidiana la llamamos amistad; en la política, unidad. Puede que no sean lo mismo pero ambas se rigen por similares parámetros.

Las hay por lo menos de tres tipos: Las de tipo A son unidades que tienen su origen en un pasado común. Las de tipo B son las que aparecen ante la posibilidad de acceder a un objetivo, el que en política es y será siempre un objetivo de poder. Y las de tipo C, son las que toman forma cuando se trata de enfrentar a un enemigo total.

No hay amistad ni unidad más grande que las de tipo C. Mientras más amenazante es el enemigo más intensa será la unidad entre quienes intentan sobrevivir al peligro. No ocurre así en las de tipo A las que tienen alguna importancia en la vida privada, pero en la política casi ninguna.

Las segundas (B) no siempre están separadas de las terceras (C). Por ejemplo, cuando dos partes se unen para alcanzar un objetivo de poder se trata de una acción que pasa por la exclusión de un tercero. Pero ese tercero no es necesariamente un enemigo, y si lo es, no es total. En la vida democrática el tercero es solo un contrario, es decir, uno que bajo determinadas condiciones puede transformarse en un amigo.

El verdadero enemigo -no necesitamos recurrir a Carl Schmitt para decirlo- es el enemigo total, el no pactable, el que amenaza tu existencia política. De ahí que frente a ese enemigo la unidad (dejaremos la palabra amistad a un lado) entre quienes se encuentran en peligro, debe ser al menos tan intensa como el peligro que acosa.

2.

Una unidad de tipo C, la más crucial, ocurrió en Europa con la creación de los llamados Frentes Populares (FP) que detuvieron parcialmente el avance del fascismo a niveles nacionales. Así, en 1935 el FP francés ganó las elecciones llevando al gobierno al socialista León Blum. El mismo año el FP español obtuvo la victoria con su candidato Manuel Azaña.

Los Frentes Populares europeos surgieron gracias a la iniciativa de la Komintern (Vll Congreso, 1935) cuando para Stalin estuvo claro que la estrategia de “clase contra clase” -mediante la cual definía a la socialdemocracia como “la otra cara del fascismo”- había fracasado totalmente.

El avance hitleriano convenció al dictador de que debía cambiar de línea, pasando de la “ofensiva final” a una posición netamente defensiva.

De acuerdo al célebre Georgi Dimitrov -redactor de la tesis de los FP- estos deberían fungir como diques frente al avance fascista. Objetivo que en su primera fase fue logrado. Hasta que Stalin obligó a los FP europeos a convertirse en agrupaciones ofensivas y armadas, táctica que dividiría a los “frentes”, aislaría a los comunistas de los partidos democráticos y provocaría terribles derrotas en Grecia, Turquía y sobre todo, España.

El hecho fue que en todos los países del mundo en donde existían comunistas, estos debieron aplicar a partir de 1935 la línea del Frente Popular, incluso donde no había ningún peligro fascista.

3.

En América Latina hubo dos Frentes Populares importantes, el de Cuba y el de Chile.

En Cuba los comunistas apoyaron en las elecciones parlamentarias de 1940 a los candidatos de Fulgencio Batista a quien Neruda desde Chile –no era la primera vez que loaba a un tunante- dedicó una poética misiva. El PSP (comunista) recibió a cambio dos ministerios a ser ejercidos por Carlos Rafael Rodríguez y Juan Marinello.

La poética misiva de Neruda a Batista tenía, sin embargo, un sentido. En Chile, antes que en Cuba, fue implementado el primer Frente Popular de América Latina. De este modo, en las elecciones de 1938 los comunistas apoyaron al Partido Radical (que de radical no tenía nada) llevando al gobierno a Don Tinto (Pedro Aguirre Cerda). Ministro de Salud de ese gobierno fue el entonces muy joven Salvador Allende.

La diferencia entre los FP de Europa y América Latina salta a la vista. Mientras en Europa eran unidades de tipo C (en contra de un enemigo total) en América Latina no pasaron de ser simples coaliciones electorales de tipo B.

Chile, pionero de los FP, llegó a ser país paradigmático en materia de frentes unitarios. Después de clausurado el FP (1941) en 1956 y luego en 1964, Salvador Allende fue candidato del FRAP (Frente de Acción Popular) coalición que agrupaba a comunistas, socialistas y a otras entidades menores (el Partido Democrático, entre otros).

En 1970 la UP (Unidad Popular) sucesora del FRAP, llevó al gobierno a Salvador Allende. La UP incorporó, además del eje PC-PS del anterior FRAP, a fracciones desgajadas de la Democracia Cristiana (MAPU e Izquierda Cristiana), un par de andrajos del antiguo Partido Radical y de modo indirecto, al MIR, a través de las fracciones pro-castristas del PS de Altamirano.

Como consecuencia de las condiciones imperantes en la Guerra Fría, las organizaciones políticas chilenas pasaron a ser en parte agencias de representación internacional. Así, el PC seguía la línea dictada por la URSS relativa a unir al “proletariado” con las “burguesías nacionales” (léase la DC). La Cuba de Castro levantando una línea insurreccional frente al “reformismo” de la URSS, estaba representada por las direcciones del PS, del MIR y, en cierto modo, por el MAPU y la IC. Bajo esas condiciones Kissinger decidió financiar a los sectores golpistas de la derecha.

Acerca de como el Chile de la UP se convirtió al igual que la España republicana en campo de experimentación de fuerzas internacionales, se ha escrito poco (¿qué harán los historiadores en Chile?). Pero el tema sigue siendo importante.

Recién 16 años después de la UP, surgió en Chile, al fin, un frente político de tipo C, esto es, la unión en contra de un enemigo total: la dictadura de Pinochet. La Concertación nació en 1989 al calor de la campaña por el NO, y unió a la izquierda chilena (exceptuando al PC) con la DC y con sectores abiertos hacia el centro como el PPD.

¡Qué ironía! La Concertación cumplió el objetivo perseguido por el PC durante la UP ¡pero sin el PC! El PC, sin ninguna URSS que lo respaldara pasó a ocupar el lugar dejado por su odiado enemigo de antaño, el MIR, casi desaparecido de la escena pública.

La Concertación llegó a ser, en consecuencias, una alianza, la única que ha habido en Chile de tipo C. Por una parte cerró el paso a cualquiera tentación de regreso del enemigo total: el pinochetismo. Por otra, cumplió la difícil tarea de redemocratizar a la política. De ahí que más allá de cualquiera crítica, nadie podrá negar esos dos grandes méritos históricos de la Concertación.

No es ni será ese el caso de la Nueva Mayoría, frente que sucede a partir de 2013 a la agotada Concertación para enfrentar al bloque de derecha (Chile es un país tan frentista que hasta la derecha se organiza en frentes).

Nueva Mayoría, al igual que el antiguo FP, que el FRAP allendista, y que la propia UP, no pasa de ser un simple frente de tipo B, algo parecido al Frente Amplio de José Mujica en Uruguay. Eso quiere decir: Su objetivo es ganar las próximas elecciones. Luego, menos que un frente es una simple coalición electoral, o como se dice en Chile, un “achoclonamiento” de partidos los cuales no están unidos por ningún enemigo total, ni siquiera por un programa de acción común.

Para lograr mayor cohesión en su frente, Bachelet ha movido las agujas de su reloj un poco hacia la izquierda. Su objetivo es captar el clamor de los movimientos estudiantiles, rendir tributo simbólico a la tardía incorporación del PC y controlar a los restos ideológicos del castrismo que sobreviven en el PS. Si logra tan difícil empresa, no lo vaticinaré aquí. Lo único cierto es que en política no siempre la unión hace a la fuerza.

La buena noticia es que Nueva Mayoría, a diferencias de la UP, nace en un espacio en donde las intervenciones externas serán mínimas. La URSS no existe. En Cuba el dictador menor está preocupado de construir un capitalismo de Estado. Al gobierno de EE UU le da igual quien gane pues los entendimientos con Chile no pasan por canales políticos sino económicos y, no por último, el gobierno “internacionalista” post- Chávez, agoniza en medio de la más intensa corrupción, de una profunda crisis económica y de la incapacidad de liderazgo de un muy poco legítimo presidente.

Y bien, precisamente en Venezuela ha surgido un nuevo frente político, nos referimos a la MUD, organización que enfrenta no a un enemigo parcial sino a uno total, es decir, a uno de tipo C.

4.

La MUD fue en principio una creación negativa de Chávez. Desde que el caudillo construyó un partido-Estado (PSUV), desde que se vinculó corporativamente -en el mejor estilo mussoliniano- con organizaciones verticales de origen popular; desde que llevó al gobierno a más militares que cualquiera dictadura del pasado, desde que contrajo relaciones intensas con todas las dictaduras del mundo, desde que se apoderó de los poderes públicos, poniendo al servicio de sus persecuciones a los propios tribunales de justicia, desde eso y mucho más, para nadie fue un misterio que si alguien quería hacer oposición en Venezuela, debería correr riesgos enormes. El objetivo final de Chávez no era otro sino destruir a la oposición, o pulverizarla, como repetía en su destructivo lenguaje.

Chávez no fue un gobernante democrático, en el mejor de los casos fue un autócrata. Otros dicen, neo-dictador. No nos vamos a pelear ahora por eso. Lo cierto es que los opositores hubieron de entender que si no se unían iban de verdad a ser pulverizados.

El año 2006 fue clave para la unidad de la oposición. Al ser elegido como candidato a la presidencia el socialdemócrata Manuel Rosales (Un Nuevo Tiempo) tuvo lugar al interior de esa oposición -en ese entonces parcialmente organizada en la Unidad Nacional- un desplazamiento hegemónico. Ni los partidos históricos (Copei y Acción Democrática) ni los sectores gremialistas entronizados en los sucesos de Abril de 2002, ejercerían a partir de 2006 la conducción opositora. Nuevo Tiempo, Primero Justicia, después Voluntad Popular y otras muchas organizaciones no son, como hubiera deseado el chavismo, típicas agrupaciones de “derecha”.

Si hubiera que definir a la Mesa de la Unidad Democrática, MUD (2008), de acuerdo con la terminología tradicional, cualquier politólogo con mediana formación la ubicaría en el centro- izquierda. En efecto, la MUD posee un programa social comparable al del PT de Brasil o al del Frente Amplio de Uruguay. Ahí reside precisamente el gran riesgo que entraña la MUD para el chavismo.

La MUD se encuentra en condiciones de arrebatar votos populares al chavismo, razón por la cual el mandatario Maduro ha desatado el terror en contra de los partidos de la MUD, comenzando por supuesto por el partido del líder unitario, Henrique Capriles, vencedor de tres batallas (la de las primarias, la de Miranda e, inoficialmente, las presidenciales del 14.04)

La MUD, como su nombre lo indica, surgió como una mesa de entendimiento para toda la oposición. Pero hoy en día, debido a la incapacidad de Maduro para dialogar con la oposición como hasta Chávez alguna vez lo hizo, la MUD se ha visto obligada a convertirse en un frente unido, uno de tipo C, es decir, no opuesto a cualquier enemigo sino a un enemigo total.

Efectivamente, si alguien creyó que después de la muerte del caudillo su sucesor iba a iniciar un camino de entendimiento, se ha visto frustrado. Privado de la popularidad y legitimidad que gozaba Chávez, cuestionado en su propio frente interno, en medio de una atroz crisis económica, y con elecciones de tipo plebiscitaria a corto plazo, Maduro ha elegido el camino de la represión y por lo mismo ha convencido a la MUD de que no hay más alternativa que la de constituirse en un frente unitario destinado a enfrentar a un enemigo total. Desde esa perspectiva la MUD es, o ha llegado a ser -guste o no a algunas mentes descarriadas de la oposición venezolana- un frente popular como fueron los que desafiaron vía electoral al fascismo en Europa o como fue la Concertación chilena en sus días de origen, cuando derrotó, también electoralmente, a un enemigo total.

No la MUD, Maduro se ha definido a sí mismo frente a la oposición como un enemigo total. Más total aún si se piensa que Maduro, si pierde las próximas elecciones municipales, puede intentar recurrir a sus reservas militares. Como escribió Vargas Llosa al referirse al gobierno Maduro, no hay nada más peligroso que una bestia herida.

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PS. En Nicaragua, donde la oposición enfrenta a un gobierno tan brutal como el de Maduro, fue formado en el mes de Agosto de 2013 un amplio frente popular donde tienen cabida todos los partidos y organizaciones de la oposición, incluyendo a varios sandinistas de la primera hora. Su nombre: “Unidad por la República”.

El ejemplo de la MUD comienza a hacer escuela

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