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“¿Por qué lucimos mal en el diálogo?” por Gonzalo González

“¿Por qué lucimos mal en el diálogo?” por Gonzalo González


 

                                                          Gonzalo González     

 

 

Cada vez que el régimen acude al diálogo como recurso  logra enredar y despojar a la MUD de la iniciativa política así como comprometer su  precaria cohesión.

Esto ocurre a pesar de que los demócratas seríamos por razones de principios, por representar a la mayoría y por tener a su disposición expertos en la materia y dirigentes curtidos y avezados  los que más tendríamos que ganar en un diálogo. Si finalmente las negociaciones no arribarán a acuerdos significativos por intransigencia oficialista, lo cual sería muy lamentable,  la oposición habría   demostrado su compromiso con una alternativa civilizada y el régimen perdido por hacer lo contrario.

La situación venezolana es compleja, ya entramos en una dictadura – de nuevo tipo, pero dictadura-, el pulso gobierno oposición se dirime en varios tableros, en todos hay que jugar y bien, con determinación, sin complejos, con objetivos claros, con un plan y sin incurrir en improvisaciones. En eso, precisamente, ha fallado  la oposición en el tablero del diálogo;  por eso  lucimos mal y  el chavismo parece haber ganado los dos primeros rounds del proceso de negociación.

Hasta la fecha el régimen no ha hecho ninguna concesión significativa en términos de la recuperación de la vigencia de la constitucionalidad ni de la solución electoral de la crisis política. No desdeñamos lo alcanzado hasta el momento, pero es claramente insuficiente y hasta la fecha (15/11) son solo promesas y no realidades.

Fue correcto el gesto de suspender la marcha a Miraflores – la cual nunca ha debido ser convocada por ser funcional a los intereses del régimen – pero innecesario y perjudicial para la capacidad de presión y negociación de la oposición suspender el proceso de Juicio político a Maduro en la Asamblea Nacional. De hecho, el Gobierno no ha rebajado la presión contra las fuerzas democráticas ni la inobservancia de la legalidad. La continuidad del Estado de Excepción, la renovación de la Emergencia Económica más las continuas amenazas y arbitrariedades de Maduro lo confirman.

Al proceso de conversaciones y negociación hay que seguirle dando la oportunidad de demostrar su potencial utilidad en términos de concretar una salida pacífica y democrática a la crisis. En ese sentido las fuerzas democráticas tienen que mejorar su desempeño, superar sus deficiencias, elevar su apuesta. Eso significa replantear el calendario de reuniones, exigir constantemente resultados y conjurar el claro y expreso objetivo del régimen de ganar tiempo, y continuar presionando en todos los escenarios posibles.

Para que pueda ocurrir lo arriba mencionado la dirigencia opositora debe y tiene que concertarse de verdad, superar la incoherencia que transmite. Debe cesar la tentación   por aparecer como el más duro, el que propone más cosas. La consecuencia directa de ese proceder  es la ineficacia de la comunicación con sus interlocutores y con el país.

Es bueno recordar que el régimen ha logrado evadir cualquier medición electoral durante el año en curso, aunque pagando un costo demasiado alto, la pérdida de su legitimidad  democrática,  demostrando una vez más que el continuismo es su principal y único proyecto.  Barruntamos que de seguir las cosas cómo van, pueden terminar imponiendo el 2018 para la realización de unas supuestas elecciones presidenciales. Escribo supuestas por cuanto la vocación dictatorial convertida ya en acción dictatorial hace razonable dudar sobre la realización de cualquier clase de comicios libres y justos.

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