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“Preguntas constituyentes” por Vladimir Villegas

“Preguntas constituyentes” por Vladimir Villegas


Vladimir Villegas / @vladivillegas.

Aquellos tiempos constituyentes auguraban un mejor destino para Venezuela. Eso creímos millones de venezolanos que éramos testigos y protagonistas de un acontecimiento inédito en la sociedad venezolana: un proyecto de constitución nacido del debate, de la consulta popular más amplia que se haya visto en nuestra sociedad.

Ese 1999 fue de movilización, de discusión, de ideas renovadoras, de conectar el deseo de cambio con una propuesta que tomó forma y que fue llevada a la Asamblea Nacional Constituyente, instalada el de agosto de ese año, y de la cual formamos parte un grupo de venezolanos, mayoritariamente electos en la fórmula respaldada por Hugo Chávez, pero que pese a esa circunstancia dimos un debate sin cortapisas, y en muchas oportunidades grandes polémicas tenían como protagonistas a constituyentes de nuestra propia bancada.

Por supuesto que puede haber críticas por errores que cometimos en la discusión y que han quedado en evidencia a lo largo de estos años. Hay gente que está en su derecho de detestar la Carta Magna nacida de ese proceso, que votó en contra de ella y que seguramente hizo fiesta el 11 de abril de 2002 porque no solamente salía Hugo Chávez del poder sino que quedaba derogada de facto la “bicha”, como el desparecido mandatario la llegó a bautizar en algún momento. Allá cada quien con su punto de vista sobre el ordenamiento constitucional que nos dimos los venezolanos en referendo realizado el 15 de diciembre de ese 1999, en medio por cierto de aquella dura tragedia que arrasó con el Estado Vargas.

El punto sobre el cual quiero afincarme hoy es en torno a si podemos decir que quienes tienen el poder en sus manos han actuado apegados a la Constitución o al margen de ella. Y para sacar conclusiones al respecto nada mejor que hacernos algunas preguntas que ojalá quienes estuvieron reunidos en días pasados con el presidente Nicolás Maduro, y que formaron parte de la Asamblea Constituyente de 1999, pudieran formularse y responder con el corazón en la mano, aunque sea en la más estricta soledad.

Por ejemplo, ¿vivimos en un Estado de Derecho y de Justicia, como lo proclama el texto nacido del proceso constituyente?

¿Tenemos poderes públicos que actúan con real independencia del Ejecutivo y sin sujeción a líneas político-partidistas?

¿Hemos promovido un modelo económico en los términos plasmados en la Carta Magna?

¿El Estado ha promovido una política de verdadero compromiso de respeto y promoción de los derechos humanos?

¿Se respetan rigurosamente los derechos humanos en nuestro país? ¿ Desaparecieron la tortura, las incomunicaciones de detenidos por razones políticas, las ejecuciones extrajudiciales, los juicios amañados?

¿El Estado le brinda a los procesados y condenados un trato que no sea cruel, indigno y degradante de la condición humana?

¿El Estado garantiza hoy el derecho a la vida de los ciudadanos? ¿Está cumpliendo con su responsabilidad de garantizar una educación de calidad y de velar adecuadamente por el derecho a la alimentación de sus ciudadanos, sobre todo de los más pobres?

¿El Estado cumple con el mandato constitucional de velar por la conservación del medio ambiente, de cuidar de los bosques, de las fuentes de agua y de respetar los derechos de los pueblos y comunidades indígenas?

¿Se respeta el derecho a la participación sin discriminaciones por razones de orientación política?

En días recientes publiqué un comentario en mi cuenta de Twitter a propósito de esa reunión de constituyentes con el Presidente de la República. Allí decía que ojalá quienes somos firmantes de la Carta Magna tuviéramos la oportunidad de reunirnos y de pasarle revista al texto que aprobamos y sometimos a referendo popular, y hacer un debate franco sobre la actual realidad nacional y sobre las respuestas que la absoluta mayoría del país da a esas preguntas que dejo en este texto para la reflexión.

La Constitución de 1999 no es la responsable del actual estado de cosas en el país. Es, sin duda alguna, víctima. De quienes la derogaron el 11 de abril de 2002. Cómo ignorarlo. Pero también , cómo negarlo o callarlo, de quienes han debido velar por ella y no lo hicieron, y que por el contrario la han utilizado de manera oportunista para imponer un modelo que en nada se parece a su espíritu y a su contenido. La Carta Magna de 1999, con sus virtudes y sus defectos, es un proyecto de país que aún está por realizarse.
El Nacional, 9 de agosto de 2016

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