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¿Qué podemos esperar de nuestra economía en 2015?

¿Qué podemos esperar de nuestra economía en 2015?


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Pudiéramos comenzar señalando que el año 2014 ha sido quizás el más difícil en materia económica de los últimos tres lustros. La economía exhibió una disminución progresiva en sus niveles de producción y la más alta tasa de inflación de la región, situación ésta que se denomina “estanflación” o “receflación”.

A este panorama se le agrega la disminución de los ingresos petroleros y la imposibilidad de Pdvsa de aumentar sus niveles de producción, por disímiles razones, lo cual afecta considerablemente al esquema cambiario pues habrá cada vez menos dólares para importar en un país que importa casi el 80 % de los bienes que consume.

Si a ésto le sumamos los cada vez más agotados inventarios de nuestras industrias que operan a un 50 % de su capacidad instalada, no es difícil prever que los niveles de escasez y desabastecimiento se irán incrementando  aún más afectando la mermada calidad de vida del venezolano, a menos que el estado decida destinar buena parte de los ingresos petroleros exclusivamente al sector externo de la economía, importando todos los bienes que necesitamos para subsistir.

Esta odisea, si bien es cierto sería loable sobre todo en un año electoral, sería así mismo poco menos que imposible, en virtud de otros compromisos financieros que el estado debe afrontar, algunos de los cuales no ha podido honrar, sobre todo en el mercado interno. Sin embargo, pese a la escasez de dólares que irónicamente tenemos, después de haber recibido en los últimos 15 años más de un billón doscientos mil millones de dólares, el gobierno dará prioridad a honrar sus compromisos internacionales para evitar un “default”, lo cual sería una verdadera catástrofe, pero a costa de restringir aún más el acceso a las divisas al sector privado de la economía, como en efecto está ocurriendo.

En este contexto de fuerte caída de los ingresos petroleros que se sentirán con mayor intensidad este año, a un estimado de la mitad de los recibidos en 2014, obligaría al estado a ser más racional en el uso de las divisas, en un escenario de bajas reservas internacionales operativas, una fuerte acumulación de deuda pública externa e interna y un conjunto de obligaciones comerciales y laborales.

No obstante, el ciudadano Presidente anunció una expansión del gasto público que hará aumentar los ya elevados niveles de liquidez y presionará la especulativa tasa cambiaria en el mercado paralelo, así como en la tasa de inflación. Eso nos conduce a inferir que este año tendremos mayores niveles de inflación que los del 2014, mayores al 100 %, y que lamentablemente tampoco se podrá controlar el mercado paralelo, tal como lo han afirmado los ejecutores de la política económica.

Es difícil estimar a cuánto llegará su valor, pero considero prudentemente que oscilará alrededor de los Bs. 300 por dólar, a menos que tanto el Banco Central como Pdvsa decidan intervenir activamente ofertando dólares en el llamado sistema marginal de divisas. Es importante advertir que por este año, la unificación cambiaria no está planteada.

Continuarán los cuatro mercados de divisas que por cierto no existen en ningún otro país de mundo. Y es importante acotar que, a nuestro juicio, una vez realizadas las elecciones parlamentarias, es muy probable que el gobierno decida sincerar las muy subsidiadas e insostenibles tasas de cambio preferenciales, trasladando el 6.30 a niveles superiores al cien por ciento de ese valor.

Esta maxidevaluación potenciará aún más el nivel general de precios de la economía. Incluso, no sería temerario señalar que después de estos comicios y si el precio del barril de petróleo no aumenta a los niveles esperados por el gobierno, éste tendría que acudir al expediente tributario a fin de generar mayores ingresos fiscales, reeditando el impuesto a las transacciones financieras, creación de impuestos prediales, aumento en los impuestos suntuarios, impuesto al valor de las viviendas, etc.

De hecho el gobierno ya aprobó el aumento del impuesto a los licores, en algunos servicios públicos, a los impuestos aduanales, la reapertura de los peajes y más temprano que tarde tomarán la tan temida decisión de aumentar los precios de la gasolina.

En conclusión, pudiéramos señalar que la disminución de los ingresos públicos, el continuo y perverso financiamiento monetario de los déficits fiscales, el exceso de liquidez monetaria producto de la emisión inorgánica de dinero, la posición de minusvalía de las reservas internacionales, un esquema multicambiario inoperante e ineficiente, los elevados compromisos de pago de la deuda externa, una tasa de inflación desbordada y una escasez inaceptable de productos y medicinas, entre muchas otras razones que sería prolijo enumerar, nos permiten inferir que la crisis económica que se conformó en el 2014 continuará durante todo el año 2015.

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Gerardo Álvarez / El Impulso

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