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“¿Qué provocaría un referendo?” por Luis Vicente León

“¿Qué provocaría un referendo?” por Luis Vicente León


Luis Vicente León / @luisvicenteleon.

Hay dos palabras que parecen definir la realidad venezolana actual: crisis e incertidumbre. Sobre la primera hemos escrito y hablado hasta la saciedad. Venezuela vive la peor crisis económica desde la guerra y no se refiere sólo a desequilibrios en sus variables macroeconómicas, como la mayor inflación del mundo, el desplome de la producción, la pulverización de las inversiones y la feroz escasez. Se trata también de la destrucción de la calidad de vida de los ciudadanos.
Este cóctel Molotov se conecta con la política. 95% de la población indica que el país está mal. Y entonces ocurre… lo que siempre ocurre. La popularidad del Presidente se debilita y no está en capacidad de ganar ninguna elección. En este momento, el Presidente perdería el referendo, la elección presidencial, la elección de gobernadores y, si llegamos al extremo micro, también una elección primaria en el PSUV.
Pero esta información, que puede dar esperanza a la oposición en relación a la posibilidad real de cambio, en un país donde dos de cada tres venezolanos quieren que el gobierno se vaya este mismo año y tienen el derecho constitucional de conseguirlo, pacíficamente, a través de un referendo revocatorio, se convierte, sin embargo, en una gran incertidumbre alrededor de una pregunta que jamás se haría en un país de democracia integral, pero que aquí se convierte en la más importante incertidumbre: ¿y será posible hacer ese referendo?
Podemos agregar más preguntas para ampliar la incertidumbre: ¿habrá, en total, cualquier tipo de elección, incluyendo gobernadores y asambleas legislativas, mientras el resultado de esa elección ponga en peligro la permanencia y el poder de la revolución que controla las instituciones clave para ejecutarlas?
La respuesta a esas preguntas capciosas no es lineal. Entiendo que los políticos tienen que generar la motivación y la esperanza y me parece correcto que lo hagan. Deben soñar y hacer soñar con el cambio para tener la fuerza de lograrlo y deben tener la fe que los mueva en ese sentido. Pero como yo no soy político, ni aspiro a ningún cargo de elección popular, me permito actuar como un bioanalista, que da un reporte de la sangre y escribe el rollo sin anestesia, porque es la única forma de que tu médico y tú actúen en consecuencia e intenten resolver el problema.
Para que haya un referendo, en el medio de un control férreo del gobierno sobre las instituciones que pueden convocarlo y ejecutarlo, tiene que responderse la pregunta clave: ¿y por qué el Presidente permitiría ese referendo, que es garantía de entregar su cabeza política y la de toda la revolución?
No me vengas con que esa pregunta no es válida, porque el Presidente y las instituciones simplemente deben convocarlo porque es un derecho constitucional y ya. Esa respuesta sólo indica que no entiendes nada. Que no te has dado cuenta que ese no es el tablero de ajedrez donde se está jugando. Que no has entendido que esta no es una batalla jurídica ni ética. Es una batalla política y que esos derechos no se podrán ejercer a menos que se tenga la fuerza suficiente para presionar que te los den y me refiero a presionar a quien ordena que se abra la compuerta o a quienes la abren efectivamente. Y entonces, la incertidumbre crítica y fundamental, que definirá el rumbo de esta historia en el futuro y responderá la primera incertidumbre de si habrá o no un referendo o una elección en total, es: ¿y qué tienes tú en la mano, lo suficientemente fuerte y sólido como para lograr que se convoque esa elección, que de entrada saben que significaría la salida automática del poder de los propios?
No hace falta que me lo respondas a mí, lo relevante es que te lo respondas a ti mismo.

El Universal, 7 de agosto de 2016

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