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¿Qué significa que Venezuela retire sus ahorros del FMI?

¿Qué significa que Venezuela retire sus ahorros del FMI?


Este tipo de retiros del FMI no son normales. Se trata de una medida extrema. Es apelar a los últimos ahorros de un país. Venezuela apenas cuenta con unas reservas internacionales líquidas de 2.500 millones de dólares.

Venezuela acaba de retirar 467 millones de dólares de sus ahorros en el Fondo Monetario Internacional. Pero no es la primera vez que este movimiento se hace. En lo que va de año las posiciones del país en el FMI han caído en alrededor de 1.980 millones de dólares. Este movimiento se debe a la drástica caída de las reservas internacionales que hoy se encuentran por debajo de los 15.000 millones de dólares, un nivel semejante a los 14.900 millones de dólares que en febrero de 2013 sirvió de justificación para la aplicación del control de cambios.

Este tipo de retiros del FMI no son normales. Se trata de una medida extrema. Es apelar a los últimos ahorros de un país. Venezuela apenas cuenta con unas reservas internacionales líquidas de 2.500 millones de dólares. Las reservas siguen cayendo a razón de 700 millones de dólares cada mes y en lo que va de 2015 registran una merma superior a los US$ 7.000 millones, equivalente a -32%.  Agotados los retiros en el FMI, el próximo paso será pignorar o vender el oro monetario, justo cuando su precio ha caído casi 5% y se traduce en una merma superior a los 500 millones de dólares.

En esencia, el uso de los ahorros en el FMI es una evidencia irrebatible de que el control de cambios no sirvió para frenar la fuga de divisas, detener la caída de las reservas internacionales, ni mucho menos defender el poder de compra del bolívar que hoy luce pulverizado por la voraz inflación.

El escenario más probable en el mercado petrolero internacional es precios bajos, por debajo de 50 $/b. Y como las reservas líquidas ya no alcanzan para pagar la deuda soberana ni para cubrir las importaciones esenciales, se están liquidando todas las posiciones en divisas para honrar la deuda y evitar caer en default. Si se prioriza el pago de la deuda externa, las consecuencias se van a sentir en una reducción mayor de las importaciones de materias primas, insumos básicos, maquinarias y tecnologías que requiere el aparato productivo que depende de un alto componente importado.

Si bien es cierto que esto puede repercutir aún más sobre la contracción de la actividad económica, también representa una enorme oportunidad para reactivar la producción nacional y sustituir esas importaciones que ya no podrán hacerse por producción nacional. Pero la reactivación del aparato productivo necesita la creación de un clima más propicio para la inversión nacional y extranjera. La estabilidad macroeconómica es necesaria más no suficiente. Atraer la inversión que revitalice la postrada producción nacional también exige seguridad jurídica y paz laboral.

De la crisis de abundancia a la crisis de escasez

La economía rentista suele alternarse entre crisis de abundancia y crisis de escasez. No solo la caída del precio del petróleo es la causa de la crisis. También los colosales aumentos en los precios del petróleo generan una crisis de abundancia con las que el país no ha aprendido a lidiar. Sobre todo cuando el torrente de petrodólares encubre un mal manejo de la política cambiaria y se prolonga una exagerada sobrevaluación de la tasa de cambio que estimula toda clase de importaciones que inhiben y desplazan a la producción nacional.

La maldición del rentismo es que tanto la caída como el aumento del precio del petróleo siempre serán un detonante de la crisis económica, más no la causa. Esta tiene que ver más bien con las desviaciones y errores de la política económica que incubaron una serie de desequilibrios cambiarios, fiscales, monetarios, financieros y de precios que, de haber sido corregidos a tiempo, el país habría estado en mejores condiciones para encarar el colapso de los precios del petróleo.

La superación de estas patologías inherentes al genoma de una economía extractivista- rentista pasa por un manejo inteligente de la política cambiaria que debe fijar un precio de la divisa que exprese la verdadera productividad y competitividad del aparato productivo nacional. También exige sustituir los fondos que se crearon para gastar la renta (como el FONDEN) por nuevos fondos para ahorrar la renta para encarar los tiempos de escasez (como el FIEM).

VÍCTOR ÁLVAREZ
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