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“¿Referéndum de junio?” por Jorge Castañeda

“¿Referéndum de junio?” por Jorge Castañeda


Jorge Castañeda.

Todo parece indicar que el gobierno ha decido postergar cambios de gabinete y de rumbo hasta después de las elecciones en junio. Se escucha con frecuencia la tesis de que dichos comicios deben ser vistos como un referéndum sobre la gestión de Peña Nieto durante su primer trienio y sobre su “estilo de gobernar”. Si le va bien, habrá algunos ajustes menores, pero en lo fundamental se mantendrá la estrategia seguida hasta ahora. Si no, se verá forzado a tomar decisiones de fondo, que prefiere no contemplar, pero que resultarán inevitables si los resultados no lo favorecen.

De ahí la importancia de saber exactamente cómo se puede evaluar el desenlace de la campaña electoral, para saber si le fue bien al PRI y a EPN, o no. Existen por lo menos dos maneras de proceder. La primera, la de mayor sentido de gobernabilidad, parte de la necesidad para el gobierno de obtener la mayoría más uno de los escaños en la Cámara de Diputados, en compañía de sus aliados, el Verde y el Panal, para lograr la aprobación de presupuestos cada vez austeros. Es la tesis de Carlos Puig y de la mayoría de los encuestadores, y es probablemente cierta.

La otra es ver las elecciones en función del mandato que puedan o no darle a Peña. En ese sentido, un referéndum se gana o se pierde con el número de votos a favor o en contra de la pregunta o del mandatario que está sujeto al resultado de las urnas. Aquí las cosas se ponen más complicadas. Para que Peña Nieto pueda argumentar que la ciudadanía ha aprobado su proyecto, el PRI, el Verde y el Panal deberán obtener un porcentaje de votos superior a la suma que obtuvieron el propio Peña Nieto y el Panal en 2012: 38,2%, más 2,3%, esto es, 40,5%. De obtener menos, podrán siempre decir que una cosa es la presidencial y otra la de medio periodo, pero de cualquier modo el panorama se antoja menos alentador si se mide el resultado de esta manera, la que el mismo gobierno parece haber escogido.

 De ahí el carácter deseable de hacer vaticinios más allá de las encuestas y del número de diputados. A la luz de los números en los sondeos, y de las tendencias que uno puede detectar desde muy lejos en el seno del electorado, el resultado será algo así como sigue, con pequeñas variaciones de aquí al día de los comicios. El PRI obtendrá entre 32% y 33% del voto; el PAN alrededor de 25%-26%; se cerrará la brecha entre Morena y el PRD y ambos tenderán a emparejarse cerca de 12%; el Verde caerá en relación con las encuestas 6% o 7%; es imposible saber si Panal, Movimiento Ciudadano, Encuentro Social y PT y los Humanistas alcanzarán 3% necesario para obtener su registro; solo de panzazo.

De tal modo que no es imposible que el PRI, el Verde y el Panal sumen alrededor de 40% del voto, un poco menos que en 2012, pero no es descartable que obtengan menos. Así, el resultado puede ser poco concluyente desde el punto de vista del mandato. Por eso no es necesariamente una buena idea considerar la votación del 7 de junio como un referéndum y decidir qué hacer para el segundo trienio en función de ese resultado. Quizá sea mejor decir qué hacer, y luego tratar de que el resultado permita hacerlo.

El Universal, 04 de mayo de 2015

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