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“Rehaciendo las relaciones Brasil-Estados Unidos, otra vez” por Peter Hakim

“Rehaciendo las relaciones Brasil-Estados Unidos, otra vez” por Peter Hakim


Peter Hakim.

Ambos gobiernos deben acordar un programa sobre los temas importantes que separan a los dos países e identificar lo que se debe hacer para resolverlos antes de que los dos presidentes se sienten a hablar.

Los gobiernos de Brasil y Estados Unidos parecen cada vez más empeñados en aliviar las tensiones actuales en su problemática relación, y en construir unas relaciones más estrechas y productivas. Están hablando ya de cuando podría ser posible reprogramar la visita de Estado de la presidenta Dilma Rousseff a Washington, prevista para octubre de 2013, pero cancelada después de la revelación del espionaje masivo de EE.UU. a Brasil, por Edward Snowden.

La presidenta de Brasil, y la mayoría de sus consejeros, están al parecer convencidos de que unas mejores relaciones son vitales para la reactivación económica de la nación y para un éxito de largo plazo (y listos para dejar atrás el asunto Snowden). El interés de Estados Unidos en rehacer unas mejores relaciones bilaterales fue claramente señalado por la presencia del Vicepresidente Biden en la inauguración del nuevo mandato de Dilma, su segunda visita a Brasil en seis meses.

Los dos gobiernos, sin embargo, han sido tímidos en sus mutuas propuestas. Ambos tienen que dar pasos un poco más audaces. Deben aprender algo de los progresos realizados en las relaciones entre India y Estados Unidos en los últimos doce años, cuando una relación a veces distante y a veces contradictoria se convierte en una valiosa asociación en varios temas de alta prioridad.

El ejemplo de la negociacion con la India

A pesar de que los desacuerdos continúan perturbando la diplomacia Washington-Nueva Delhi, la India es ahora crucial para la estrategia militar, política y económica de Estados unidos en Asia. En 1998, Washington impuso airadamente duras sanciones a la India por la deflagración de un arma nuclear. Pero hoy en día, EE.UU. acepta plenamente el status de India como potencia nuclear, es el mayor proveedor de equipos militares del país, y ofrece la última tecnología para su programa nuclear civil.

No es el fondo de los acuerdos entre Estados Unidos y la India, sino los procesos de negociación y aplicación lo que debería ser de interés:

En primer lugar, los negociadores estadounidenses e indios se enfocaron hacia los temas que dividen los dos países. No los resolvieron todos, pero fueron capaces de poder forjar compromisos sobre muchos y hacer avances sobre los demás. En segundo lugar, muy conscientes de sus intereses comunes, los dos países se tornaron profundamente comprometidos, no con posiciones específicas, sino con lograr que las negociaciones funcionasen para llegar a un término exitoso. Ambos hicieron concesiones políticamente difíciles.

En tercer lugar, no dejaron que los problemas no relacionados, – incluso con carga política- interfiriesen en la implementación del acuerdo; por ejemplo, la muy publicitada detención en Nueva York de un diplomático indio o los punzantes desacuerdos entre Estados Unidos y la India en las conversaciones de la OMC.

Para EE.UU. y Brasil, los asuntos económicos bilaterales son la única base realista para la cooperación a largo plazo. Los funcionarios brasileños saben que necesitan el mercado, el capital de inversión y la transferencia de tecnología de Estados Unidos para la recuperación y un crecimiento sostenido de la economía de Brasil. El comercio entre Estados Unidos y Brasil ha crecido sustancialmente en los últimos años, incluso ahora que China es el principal socio comercial de Brasil.

Brasil, sin embargo, todavía sólo representa el dos por ciento del comercio total de EE.UU. en comparación con el aproximadamente 15 por ciento de México. Es cierto que Brasil no está en el umbral de los EE.UU., pero tampoco China, que vende tanto a los consumidores estadounidenses como México. Con políticas adecuadas y acuerdos bilaterales Brasil debería ser capaz de duplicar o triplicar sus exportaciones a EE.UU., que son en su mayoría productos manufacturados, y no ventas de commodities como las que exporta a China. Brasil debería igualmente ser capaz de aumentar en forma considerable su inversión desde los EE.UU., y de lograr ir mucho más allá respecto a la transferencia de ciencia y tecnología de Estados Unidos.

Y una y otra vez EE.UU. ha demostrado su interés en unas relaciones económicas más sólidas con Brasil. Prácticamente durante los últimos dos decenios todos los presidentes de Estados Unidos han visitado Brasil y puesto énfasis el comercio. Obama llevó a todo su Gabinete económico con él y 50 ejecutivos de las principales corporaciones. Los inversores de EE.UU. son conscientes de los enormes recursos y del inmenso mercado interno de Brasil y reconocen también el valor de su estabilidad política; además, sus pacíficas relaciones con el vecindario sudamericano también son valoradas.

El Gobierno de Estados Unidos también es consciente de la importancia de mejorar las relaciones políticas con Brasil. EE.UU. necesita la ayuda de Brasil para perseguir una agenda significativa en América Latina. Brasil, por ejemplo, sería una contribución vital para las relaciones entre EEUU y Cuba, ayudando a Cuba a través de lo que seguro será un difícil período de transición.

Las necesarias reformas de Brasil

No se producirán fácilmente los cambios necesarios en Brasil para reforzar el comercio entre ambos países. Brasil es un país que ha seguido demasiado tiempo unas políticas económicas fuertemente nacionalistas y estatalistas, que ahora se enfrenta a una economía próxima a la recesión. La buena noticia es, sin embargo, que estos cambios también resolverían muchos de los desafíos internos y críticos de Brasil, que ya están en la agenda del equipo económico de Dilma. En ella se incluyen reformas para abrir los mercados de Brasil, reduciendo los aranceles y frenando los subsidios y ventajas de contratación para las empresas nacionales.

Debería hacerse más fácil vender a, y comprar en Brasil mediante la mejora de las instalaciones portuarias y la infraestructura de transporte en general. Hacer más fácil el entorno empresarial de Brasil es especialmente importante, reformando los lentos y complejos sistemas impositivos y de regulación y los arcaicos códigos laborales. Llevar las reformas a cabo requerirá habilidades políticas y compromiso más que pericia económica.

Washington tendrá también que hacer cambios y concesiones. Los subsidios agrícolas y las tarifas de Estados Unidos tendrán que bajar, algunos sustancialmente. La transferencia de tecnología, tal vez incluso a la industria nuclear de Brasil, debe estimularse y simplificarse. EE.UU. y Brasil juntos necesitan resolver los conflictos de larga data sobre la propiedad intelectual. EE.UU. también podría ser más acogedor con la activa participación de Brasil en diversos temas globales.

El restablecimiento de la visita oficial de la presidente Dilma a Washington podría contribuir de diversas maneras a la construcción de un nuevo entendimiento entre Brasil y los EE.UU.. Sin embargo, no debe ser programada prematuramente. Ambos gobiernos deben acordar un programa que incorpore los temas importantes que separan a los dos países, y comenzar a identificar lo que se debe hacer para resolverlos antes de que los dos presidentes se sientan a hablar. Brasil y EE.UU. deben decidir qué resultados quieren antes de la visita y deben diseñar un programa y una agenda para llevarlos a cabo.

Infolatam, 25 de marzo de 2015

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