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“Repolarización y elecciones” por Leonardo Morales P.

“Repolarización y elecciones” por Leonardo Morales P.


Leonardo Morales P. / @leomoralesP.

El presidente anuncia un intento de golpe de estado, viaja a Cuba y regresa dando a entender que lo primero era, como de costumbre, embuste, pero igual vuelve a viajar. Un alcalde preso, la amenaza de encarcelar a un diputado y a una dirigente, ambos de la oposición. Un jovencito, policía bolivariano, cercano a los 20 años, mata a niño de 12 o 14 años, que importa la edad, lo mata al salir del colegio.

Son las noticias de un país que nunca fue así pero desde hace 15 años ha venido sufriendo una metamorfosis que da lugar a la cultura del odio, de la violencia, de la división y del irrespeto por lo ajeno, incluida, la vida.

Con esta transformación ha prosperado en el país la emergencia de una élite, militar, política y económica, que se ha establecido amparada en estos cambios. El régimen ha entendido que en la medida en que pueda mantener los odios que subrepticiamente se han sembrado entre los venezolanos, difícilmente una opción distinta, incluyente y tolerante, pueda desalojarlos del poder.

La crisis económica provocada por el modelo ha hecho que diversos sectores de la sociedad, afines hasta hace poco al régimen, se percaten de las debilidades del gobierno. Su repuesta al avance de los sectores democráticos ha sido el que siempre le ha dado resultado: ejercicio de la violencia, elevación del discurso del odio y designar a la otra parte de la sociedad como la causante del mal.

En la angustiosa búsqueda de la repolarización, el gobierno recurrirá a los medios más abyectos que alguien pueda imaginarse: apresar un alcalde opositor, allanar la inmunidad de un diputado, inventar un golpe y hasta menospreciar las lágrimas de una madre que llora por su niño asesinado. No solo el poder está en juego, el mantenimiento de la burguesía roja, los dólares baratos y los grandes e inescrupulosos negocios, es lo que está en la preocupación de la élite dirigente.

La oposición debe actuar con sindéresis y atendiendo a las lecciones aprendidas. Su problema es que sus seguidores son crueles, duros e inconformes: quieren unos dirigentes pero no les gusta los que tienen. Desean una política frente al gobierno pero tampoco comparten la que se desarrolla. Aspiran a que los partidos políticos jueguen su rol pero les oponen obstáculos. La sociedad se ha politizado, sabe más que ayer, pero una cosa es politizarse, preocuparse por los asuntos públicos y otra es la política, esa que llevan adelante los políticos.

Su otro problema es el de no caer en la provocación del oficialismo. Hay que dejar de ser únicamente reactivo frente a las provocaciones del gobierno para impulsar una política propia y disponer de una agenda común.

Todo régimen de carácter autoritario requiere revestirse de democrático y, en este caso, las elecciones son su coartada internacional. La agenda opositora y democrática debe estar dirigida a fijar la atención en los comicios del 2015 y en la crisis que atraviesa el país que está conectada con toda la sociedad, quien, además, la sufre y la padece, sin distinción de su posición política.

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