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“Ruiz Pineda o el compromiso democrático” por Tulio Hernández

“Ruiz Pineda o el compromiso democrático” por  Tulio Hernández


 Tulio Hernández / @tulioehernandez.  

Leonardo Ruiz Pineda fue uno de esos venezolanos que, siendo aún muy jóvenes, comprometieron su destino con la construcción de los partidos políticos modernos durante la primera mitad del siglo XX; por consiguiente, con la construcción de la democracia que tanto esfuerzo nos ha costado y que hoy, de nuevo por el militarismo y la tentación autoritaria, se halla en terapia intensiva.

Hizo una carrera política fulgurante. A los 23 años de edad ya era dirigente nacional del Partido Democrático Nacional, el PDN, un movimiento que, en tiempos de López Contreras, había logrado reunir la izquierda no marxista dispersada en pequeños movimientos. Del PDN, donde estaban Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba, Inocente Palacios y otros dirigentes que habían formado parte de la legendaria Generación del 28, surgió luego Acción Democrática, y Ruiz Pineda formó parte de su dirección nacional.

EN 1945, por pocos meses, fue secretario de la Junta de Gobierno que se formó a raíz del derrocamiento de Medina Angarita. Y unos meses después, aún no llegaba a los 30 años, fue nombrado por Rómulo Betancourt presidente del estado Táchira, denominación que la Asamblea Constituyente de 1947 sustituyó por la menos pomposa de gobernador del estado.

Ejerció ese cargo hasta febrero de 1948, cuando Rómulo Gallego, primer presidente elegido por voto directo, universal y secreto de todos los venezolanos, lo designó ministro de Comunicaciones. De allí, ocho meses después, cuando la bota militar se posó de nuevo en Miraflores, salió preso a la Cárcel Modelo y en abril de 1949 de la cárcel a secretario general de AD en la clandestinidad. Hasta que en 1952 fue asesinado.

Lamentablemente, el hecho de haber muerto todavía joven, a los 37 años, asesinado por la Seguridad Nacional, la policía política de la dictadura militar presidida por el general Pérez Jiménez, su imagen quedó a asociada básicamente a la condición de mártir y de carismático dirigente político. El hombre que entre 1949 y 1952 conformó una aceitada maquinaria que resistía a la condición de partido clandestino, perseguido, con una buena parte de sus dirigentes detenidos y otra, incluyendo a Rómulo Betancourt, Rómulo Gallegos y Andrés Eloy Blanco, en el exilio.

Pero, en realidad, Ruiz Pineda no era solo un hombre de acción. También lo era de pensamiento. Tenía una sólida formación intelectual. Era un lector voraz. Un apasionado del periodismo. Un promotor cultural de claras iniciativas. Y un agudo columnista de prensa con pensamiento político propio.

En 1943 fundó una editorial, Mundo Libre se llamaba, una librería y un diario, Fronteras, que convirtió en trinchera contra el conservadurismo religioso, reunificado en Copei, que dominaba políticamente en el Táchira, su tierra natal.

Entre el 23 de febrero de 1943 y el 19 de octubre de 1945 escribió su columna de prensa titulada “Ventanas al mundo”. La publicaba hasta 3 veces a la semana. Al final de los 2 años, cuando se retiró para ejercer funciones de gobierno, había escrito la descomunal cifra de cerca de 300 columnas.

Cada una era una lección de pedagogía política. Tenía una postura claramente a favor de los desposeídos, era antiimperialista, divulgaba las luchas de Gandhi contra el Imperio británico, condenaba el nazi-fascismo y desnudaba el comunismo. Era rabiosamente antimilitarista, defendía la igualdad de derechos políticos entre la mujer y el hombre, fue de los primeros en cuestionar el culto a Bolívar como un ardid  de la tradición tiránica y, de alguna manera, fue pionero de lo que hoy se conoce en América Latina como la izquierda democrática.

El pasado 28 de septiembre se cumplieron 100 años de su nacimiento. En Rubio, su ciudad natal, se conmemoró la fecha; en Caracas pasó por el olvido absoluto. El Concejo Municipal de San Cristóbal realizó el viernes 30 una sesión solemne para honrar su memoria. Tuve la oportunidad, y el honor, de ofrecer el discurso de orden. Algunas de las cosas que dije, agradeciéndole cuanto hizo por el país y la democracia, las he vertido en este articulo que ahora concluye.

El Nacional, 2 de octubre de 2016

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