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Se evidencia colapso del “modelo Chávez” con nuevas medidas cambiarias

Se evidencia colapso del “modelo Chávez” con nuevas medidas cambiarias


Las últimas medidas cambiarias anunciadas este miércoles por Miguel Pérez Abad, vicepresidente para el área económica, ha puesto en evidencia las limitaciones del modelo político-económico articuladas por Hugo Chávez y mantenidas por Nicolás Maduro, su designado heredero.

El gran cambio “revolucionario” de Chávez a partir de 1999, fue suplantar el modelo impulsado por el presidente Rómulo Betancourt.

La idea de “sembrar el petróleo”, producto de un escrito de Arturo Uslar Pietri en 1936, adquirió forma política de Estado gracias a Betancourt. Así se desprende de su libro “Venezuela, Política y Petróleo”, donde se razona el uso del petróleo como instrumento para el desarrollo del país.

A partir de 1959, cuando asume la presidencia, la idea de los años treinta se transforma en un lineamiento político que marca los gobiernos de la era democrática.

Cuando Chávez llega con su constituyente en 1999, nadie se imaginó cuáles serían sus intenciones.

Los venezolanos votaríamos luego una propuesta de constitución, donde la palabra socialismo no aparece por ninguna parte.

Con el paso del tiempo –breve por cierto- el gobierno de Chávez se radicaliza dentro de un contexto autoritario. El país es realineado internacionalmente con los pocos regímenes comunistas que quedan en el mundo: Cuba, China, Corea del Norte, Bielorusia y Vietnam, amén de Rusia. Igualmente, el país es inclinado a países extremos del Medio Oriente, como Irán, Irak y Libia.

El gran cambio de Chávez consistió entonces en el uso del petróleo como una herramienta de control político en lo interno, y de neutralización de las posibles posiciones del mundo democrático con respecto a Venezuela, en el ámbito internacional.

Control político

Para el control interno, Chávez implantó un sistema presupuestario que serruchó los fondos de los estados y municipios. Para ello, se estimaron presupuesto insuficientes hasta en un 40 por ciento.

Cada año, el Asamblea Nacional aprobaba ingresos con un estimado de 60 dólares el barril, cuando los precios de mercado se ubicaban en el entorno de los 100 dólares.

El situado constitucional se calculaba sobre ese ingreso petrolero. Luego, en el transcurso del año, la República recibía ese 40 por ciento más, que eran asignados por la vía de los créditos adicionales, sin respetar el porcentaje contemplado para gobernaciones y alcaldías.

Esta estrategia de “apropiación” de fondos públicos, servía para castigar a los gobernadores y alcaldes de oposición, y para mantener a raya a los elegidos en las listas del partido de gobierno.

El amarre del BCV

Para febrero del 2004, el ex presidente Chávez ya había desarrollado su campaña de “ablandamiento”, para que el Banco Central de Venezuela (BCV) le aportara un “millardito” de dólares para proyectos no contemplados en el presupuesto nacional aprobado por la Asamblea Nacional.

La petición de Chávez sería respondida favorablemente por el directorio del BCV a mediados de febrero de ese año. Con ese fin, se ideo que se canalizara el millardito a través de un fondo especial a nombre de PDVSA.

De esta manera se violó la Constitución, que prevé que el BCV tenga el control absoluto de las reservas internacionales.

El gobierno sustentó su solicitud, en el criterio utilizado por el ministro Jorge Giordani, en cuanto a que “habían reservas en exceso”, con lo cual el millardito se convertiría en poco tiempo en 6 millarditos para mediados del 2005.

De esta manera se abrió un chorro para el desvío de las reservas internacionales. Luego seguirían las modificaciones de la Ley del BCV, para dar soporte legal a la extracción de las reservas, y el financiamiento del BCV al gasto corriente, y para tapar las ineficiencias de PDVSA.

La transformación del BCV en una especie de caja chica del gobierno, significó a la vuelta de unos años –cuando el precio del petróleo se desplomó con la crisis hipotecaria mundial- en un “motor” muy importante para el impulso de la espiral inflacionaria. El BCV imprimía billetes a solicitud del Ejecutivo, sin ningún respaldo monetario, y con una producción nacional en caída libre, los precios comenzaban su ascenso.

Sobre la yugular del empresariado

Previamente, y raíz del paro petrolero del 2001-2002, el gobierno había instaurado un control de cambio. Se montó una estructura de poder que colocó presión sobre la yugular de las empresas privadas.

Luego se instauraría una política de expropiaciones de bienes de capital, inversiones, tierras y las más variadas empresas privadas.

Este esquema, financiado con altos precios del barril de petróleo, permitió al gobierno de Chávez alcanzar el objetivo de controlar al empresariado privado. Lo que tuvo como consecuencia que no se hizo esperar, que esas empresas alcanzaran también altos grados de ineficiencia, y cayera la producción nacional.

El inicio del colapso

El modelo del uso del petróleo como herramienta de control político, comenzó a colapsar a partir del 2012 cuando coinciden dos situaciones que quiebran la estrategia chavista: Los precios del petróleo comienzan a bajar, y Chávez comienza a morirse por un cáncer.

Tal vez el lema del “Comandante eterno” sea un buen indicador de dos errores cometidos.

Se puede decir, que Chávez cometió un error en su modelo, al considerar que el gran ingreso petrolero sería eterno. Por otra parte, el chavismo cometería un error al considerar que Chávez sería también eterno.

Cuando coincide la muerte de Chávez con el desplome de los precios del petróleo, el gobierno se encontró sin financiamiento y sin liderazgo. Convirtiéndose Nicolás Maduro en víctima de ese doble error.

Se agotan los votos y los reales

Ablandado el gobierno por los menores ingresos y la ausencia de un liderazgo fuerte y claro, los problemas del país se fueron multiplicando y agrandando. Lo que dibujó una matriz de opinión y de realidades que determino los resultados del 6 de diciembre.

Estos resultados tomaron por sorpresa a Maduro y a sus colaboradores. La oposición ganaba dos tercios de los diputados, y el gobierno perdía el poder legislativo, que venía manejando a su antojo desde el año 2000.

La derrota dejó desmantelado el modelo de control presupuestario del gobierno. Los precios del petróleo seguían bajando, y la estimación de un precio del barril a 40 dólares, que esperaban fuera una subestimación, queda al descubierto cuando los precios promedian 25 dólares.

Adicionalmente, la nueva mayoría parlamentaria logra reformar la Ley del BCV, y le quita al gobierno la discrecionalidad de imprimir dinero inorgánico.

Además, cortados los ingresos, el recurso de aprobar créditos adicionales para tapar los huecos de un presupuesto en el cual se subestimaron los gastos, se aleja. Los diputados no van a aprobar los créditos, sin que se demuestre que hay ingresos extraordinarios.

En este contexto el gobierno, reacio a reconocer que existe una acelerada devaluación del bolívar, se vio obligada a devaluar para hacerse con más bolívares.

Por ello este miércoles, el gobierno anunció un esquema de devaluación que lleva el precio del dólar a niveles inimaginables. Si bien anunció que hay dos tasas de cambio, 10 bolívares para medicinas y alimentos, y el piso de 200 para todo lo demás, los mismos economistas del régimen vaticinan que el nuevo esquema de fluctuación no tardara en unificar esta tasa de arranque con la del mercado libre.

¿Pasará de 1.000 o se ubicará en un valor intermedio? Dependerá de cuantos dólares pueda quemar el BCV.

El impacto inflacionario

Haber devaluado el bolívar de 6,30 a 10 implica que todos los alimentos y medicinas se encarecerán en no menos del 58,7%.

Sin embargo, este cálculo no es preciso. Hay que tomar en consideración que los alimentos importados a granel, deberán ser empaquetados en el país para su distribución.

Esos empaques, así como el transporte, serán afectados por el dólar fluctuante. Con un dólar a 200 –que nadie cree que se va a mantener- el incremento del precio de los empaques y transporte, aumentaría en 3.074%.

Las estimaciones iniciales de algunos rubros, señalan que el empaque costaría más que el alimento que envuelve.

Tal es el caso de la leche en polvo. Se ha reportado que más de 25 mil toneladas se encuentran paralizadas, por que el precio de venta aprobado por el gobierno no cubre el costo del empaque.

Lo mismo estaría ocurriendo con los medicamentos.

Eduardo Martínez/VisiónGlobal/@ermartinezd

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