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“Seguro está el infierno” por Luis Vicente León

“Seguro está el infierno” por Luis Vicente León


Luis Vicente León / @luisvicenteleon.

La ventaja de los acuerdos políticos no es transparente para los electores comunes

Las primarias son el mecanismo más atractivo para la selección de los candidatos. Los electores de cada tendencia eligen directamente a quienes quieren que los representen en las elecciones formales y los candidatos obtienen legitimidad de origen.
Esto no significa que siempre se pueden elegir todos los candidatos por esa vía o que los procesos de acuerdos y negociaciones no tengan también bondades en momentos críticos. Por ejemplo, los acuerdos podrían no dar el mejor candidato individual, pero si la mejor oferta integral para sostener la unidad y eso podría ser la clave del éxito. Pero esa ventaja de los acuerdos políticos no es transparente para los electores comunes y suele crear suspicacia y rechazo.

Partiendo del impacto de las primarias como mejor mecanismo de selección, es clave entender que el proceso primario del PSUV le es positivo a esa fuerza política. Arrancando de una posición minoritaria frente a su adversario, el chavismo va a buscar nivelar su fuerza con la oposición, una condición indispensable para que su control institucional funcione para ayudarle a ganar, algo imposible de hacer si la oposición le saca más de 15 puntos de diferencia a favor.

Las primarias en todo el país, en contraste con primarias restringidas de la oposición; el uso de todos sus recursos para activar la capacidad de movilización inducida, que llevó a las urnas más gente de la que usualmente vota en primarias (incluyendo la presión directa a empleados públicos y el anuncio amenazante del Presidente sobre su revisión posterior de las listas de votación para saber quién votó y quién no) y, finalmente, la presentación de un grupo relevante de candidatos frescos, se convierte en una pieza fundamental del inicio de campaña de la fuerza chavista, que además ha decidido, en mi opinión de manera correcta, irse a una campaña cara a cara por todo el país, a pesar de su evidente control mediático.

No quiero generar confusiones linealpensantes. El chavismo no la tiene nada fácil. Son minoría. La situación económica del país es desastrosa y difícilmente se puede maquillar. En la medida en que nos acerquemos a las elecciones, el deseo de participación general debe crecer y mientras más gente vote, más grande será la brecha a favor de la oposición. La oposición es favorita. Pero dado que esta es la condición que más hemos comentado, quiero poner en el debate que el chavismo no se ha rendido. Que decidió ir a la elección y en una fecha sorprendente. Que su organización está engranada. Que cuentan con todos los recursos del Estado. Que veremos una campaña agresiva que puede generar impactos sobre la oposición, incluyendo divisiones. Y que no podemos descartar que se usen “cisnes negros” como los conflictos internacionales o el reparto populista de productos venidos de China en los barcos que dicen que ya zarparon o la inhabilitación o encarcelamiento de líderes radicales para reforzar la idea del golpismo o el chantaje que representa decirle a la población que un triunfo opositor significa la guerra; todo esto mientras el gobierno, en paralelo, baja el tono internamente y se muestra ovejita, como tantas veces se mostraron antes en campaña.

Personalmente vi las encuestas donde Maduro, en el velorio de Chávez, arrancaba 20 puntos arriba de Capriles y terminó fulminando la brecha en un mes. Eso también parecía irreversible al revés… y casi no lo fue. La mejor estrategia de la oposición será entender su potencia real, mantenerse unida, resistir las presiones, irse a la calle, pero para hablar con la gente por todo el país y generar esperanza de que si es posible un país mejor. Y, por encima de todo… votar. 

El Universal, 05 de julio de 2015
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