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“Sencillamente Francisco”, por Ysaira Villamizar

“Sencillamente Francisco”, por Ysaira Villamizar


Es sorprendente el seguimiento que todos hacen a las actuaciones de Francisco,  “el Papa del fin del mundo”. Escuchamos encantados sus fascinantes discursos. Y es que su oratoria tiene la finura y la inteligencia para llegar a los corazones y mentes de quienes la escuchan o leen. Los actores sociales, religiosos, ambientalistas, políticos, toman como propias las  banderas que enarbola  el Papa en el clamor por un mundo de unidad, justicia y paz. Los altos jerarcas y los funcionarios de poco nivel jerárquico, los dueños de empresas y los trabajadores; los líderes, los dirigentes y los ciudadanos comunes. Todos nos identificamos con el mensajero del evangelio de Jesús. Sin embargo, muchos de sus “regaños”, creemos son para “otros”

En este viaje por América Latina, el Papa ha hecho importantes evaluaciones y reflexiones. En su análisis acerca de la historia de estos pueblos, por ejemplo, resalta que nuestras independencias se debieron a “la conciencia de la falta de libertades, de estar siendo exprimidos y saqueados”. Por el lenguaje de sus discursos, uno se pregunta si lo hace pensando en el pasado o haciendo una advertencia a  nuestro presente.

Sabe Francisco que esas demandas siguen vivas. Por eso cobran mucho sentido  expresiones como “a aquel grito de libertad prorrumpido hace poco más de 200 años no le faltó convicción ni fuerza, pero la historia nos cuenta que sólo fue contundente cuando dejó de lado los personalismos“. Es lógico  pensar que está llamándonos la atención para superar debilidades humanas,  a ser mejores luchadores políticos y sociales, a ser mejores cristianos hoy; hoy, no ayer. La utilización del lenguaje político moderno no es casual, sobre todo en los escenarios en donde ha estado actuando por estos días. Cuando cuestiona que en la lucha independentista hubo “afán de liderazgos únicos” y “falta de comprensión de otros procesos libertarios con características distintas, pero no por eso antagónicas”, se percibe claramente la crítica a un perfil que se impone hoy en la actuación política de muchos dirigentes latinoamericanos. Más evidente aún cuando alerta sobre el peligro de pérdida de la democracia, al valorar la conveniencia de la pluralidad: “La inmensa riqueza de lo variado (…) nos aleja de la tentación de propuestas más cercanas a dictaduras, ideologías o sectarismos”.  Parece claro que le está hablando “a otros” que hoy tienen el rol trascendente de dirigir la política  en estos pueblos.

Entresacando líneas pareciera que el Papa con sutil sabiduría, en cada discurso, en cada homilía de esta gira,  dibuja la realidad política de países de América cuyos líderes, una vez tomado el poder, decidieron escoger  caminos contrarios a la liberación, que nuevamente en el siglo XXI nos debe llamar a  “la conciencia de la falta de libertades, de estar siendo exprimidos y saqueados”, lo que exige una nueva lucha por independencia. El llamado a desideologizar la lucha contra la pobreza: “una mirada ideológica de los pobres” … lleva a que “se termine utilizándolos al servicio de otros intereses políticos o personales”. Muchos latinoamericanos se han sentido interpretados, de algún modo defendidos con el contenido político que se desprende de estos mensajes. En estas reflexiones, el Papa pareciera estar hablando desde la perspectiva de un cuestionador de los socialismos latinoamericanos.

Igualmente, el Papa ha venido haciendo dramáticos llamados a la conservación del planeta. Hasta ahora casi han pasado desapercibidos. Su encíclica  “Laudato Si” (Alabado Sea), no ha sido suficientemente “promocionada”. En este “regaño a otros” acusa  a los políticos “de atender más a los intereses de la industria que a las escrituras o al sentido común”,  identificando su origen en la “crisis ética, cultural y espiritual de la modernidad”.   En la exigencia de abandonar la indolencia frente a esta amenaza a la morada de la humanidad dada por Dios, el Papa advierte que “No basta con equilibrar, a medio plazo, la protección de la naturaleza con las ganancias financieras o la conservación del medio ambiente con el progreso”, para lo cual propone una visión integral que considere las dimensiones humanas y sociales, “inseparablemente vinculadas con la situación ambiental”, recomendando “no ceder a un modelo económico idolátrico”. En estas reflexiones dirigidas a toda la humanidad, el Papa, al responsabilizar al sistema económico que explota la naturaleza sin otra consideración por encima de las ganancias,  pareciera estar hablando desde la perspectiva de un clásico socialismo latinoamericano.

El liderazgo espiritual del Papa Francisco se revela como auténtico y envidiable. No es de extrañar que Correa se impactara con la asistencia absolutamente espontánea, sin costos para el Estado, sin movilizaciones obligadas,  de millones de feligreses que soportaron con alegría la lluvia y el frío, sólo por escuchar directamente  de un verdadero líder,  el “Papa humilde”,  su mensaje evangelizador. Es el reflejo de la esperanza de redención que los pueblos han estado perdiendo en sus líderes terrenales, a quienes han visto actuar en sentido totalmente contrario al que indican sus palabras, tanto los unos como los otros. A juzgar por sus mensajes, Francisco establece distanciamiento prudente con las ideologías marxistas y liberales, cuestiona toda opresión, venga de donde venga: “No digo si es verdad si no es verdad, si es justo o no, pero uno de los métodos que tenían las ideologías dictatoriales del siglo pasado era apartar a la gente, con el exilio o con la prisión, o con los campos de concentración nazis o stalinistas”. Al evaluar todos sus discursos en esta gira latinoamericana, se concluye el pensamiento político del Papa: “Las ideologías no sirven. No asumen al pueblo”. En cambio privilegia en toda circunstancia  el diálogo social y político con lo cual queda claro que para Francisco el asunto va más allá de izquierdas y de derechas.  Sin duda, es un Papa con los pies bien puestos sobre la Tierra.

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