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Toma de Caracas reduciría capacidad de maniobra de Maduro frente al revocatorio

Toma de Caracas reduciría capacidad de maniobra de Maduro frente al revocatorio


Los venezolanos preguntan insistentemente si el jueves primero de septiembre va a pasar algo. El estado de angustia en que se vive el día a día, hace que la convocatoria a la toma de Caracas sea vista con aceptación.

Los resultados de las encuestas publicadas, este domingo en los diarios de circulación nacional, van más allá de la convocatoria. Dibujan un ambiente de rechazo mayoritario al presidente Nicolás Maduro, su gobierno y su partido.

Alto rechazo, que como lo calificó en su titular El Nacional “estimulará asistencia masiva el 1-S”.

Esos venezolanos acorralados por el hambre, la desnutrición, los malandros y el mal gobierno, quisieran que el 1-S fuera la fecha que diera fin a sus sufrimientos.

Sin embargo, lo que pase ese día será el inicio de un período muy difícil de nuestras vidas. Ese día la oposición no se va a hacerse con el gobierno. Tampoco el chavismo va a desaparecer de la realidad política.

Será en el menos de los casos un punto de inflexión, a partir del cual Maduro, su gobierno y su partido, comenzarán a mostrar en las calles los signos inequívocos del agotamiento que ya nos han adelantado los sondeos de opinión.

El venezolano, que mayoritariamente quiere la paz, ya no puede más con la situación de desabastecimiento, carestía y la inseguridad. No importa cuanto gane, ya no es suficiente para comprar los alimentos más básicos.

En diciembre, el pueblo votó por un cambio en el timón de la Asamblea Nacional. ahora, en la recolección de firmas para solicitar un referendo revocatorio presidencial, se ha pronunciado por una salida constitucional.

Ante el deterioro de su imagen, y de la inefectividad de la acción gubernamental para satisfacer las necesidades de la población, el presidente Nicolás Maduro ha hecho uso de los otros poderes para bloquear la iniciativa popular.

Maduro tiene perfecto conocimiento de que saldrá derrotado en cualquier contienda electoral que se organice. Por ello se opone tenazmente al revocatorio ya cualquier proceso electoral.

Consciente de que el rechazo empieza a tomar las calles, el presidente ha activado todas las fuerzas coercitivas y represivas con las que cuenta el Estado.

Así se evidencia con las acciones del gobierno de la última semana. La detención arbitraria e incomunicación de activistas de los partidos de oposición y organizaciones sociales; el traslado ilegal de los presos políticos; la restricción de vuelos; el anuncio de cierre de los servicios públicos de transporte; la interrupción del libre tránsito hacia Caracas; las amenazas a los empleados públicos; y la deportación de parlamentarios ecuatorianos; son algunas de estas acciones implementadas.

A eso se unen las cadenas de radio y televisión del propio presidente, y los programas que desde los canales y medios del Estado, arbitran dirigentes del PSUV como Diosdado Cabello.

Escenarios del 1-S

Partiendo de la premisa, de que el 1-S no será un fin en si, quedarían entre otros dos escenarios posibles. El primero, es que el llamado a la Toma de Caracas sea un éxito. Lo que colocaría al gobierno con menos capacidad de juego con respecto al revocatorio.

El segundo escenario es que, las acciones que tome el gobierno sean efectivas al poder lograr el bloqueo de los accesos a Caracas y a la protesta concurra poca gente.

En este escenario, no es tan claro de que el gobierno le propine una derrota a la oposición. Por cuanto, los manifestantes que no pudieron salir de sus poblaciones o llegar a Caracas, no les quedaría otra opción que manifestar en cada punto de intercepción en el interior del país. Lo que pudiera transformarse en una extraordinaria protesta de alcance nacional. Algo análogo a una metástasis extendida a la totalidad de Venezuela. Lo que sería otro éxito para la oposición.

Pensar de que la gente se va a aquedar en sus casas este jueves, sería ignorar la realidad venezolana y la actitud de los venezolanos en los momentos críticos.

La gente, eso que llamamos pueblo, quiere salir del gobierno. En cualquier caso, a partir del 1-S estará en las calles manifestando. Quieren revocatorio y lo quieren este año. No se comen el cuento de los lapsos de las rectoras oficialistas en el CNE.

En 1989, a raíz del Caracazo, el Cardenal José Alí Lebrún pronunció unas palabras, que vale la pena recordar ahora: “Quien no da por convicción, termina dando por obligación”.

Algunos números

El rechazo a Maduro es casi igual al apoyo a la oposición. Tres de cada cuatro venezolanos apoyan a la oposición (75%), mientras el 63% rechaza a Maduro (Datanalisis). Solo un venezolano de cada diez apoya al chavismo (11,6%) (Keller). Más de 8 venezolanos de cada 10 (84,2%) está a favor de un cambio político (Varianzas).

Los estudios opinión han indicado históricamente que uno de cada 10 venezolanos se inclina por las marchas. En este momento y para el 1-S es más de 3 de cada 10 (34%), según la encuestadora Datincorp. Eso es la tercera parte del país.

Estos números no deberían sorprender. En las elecciones del 6 de diciembre del 2015, la oposición proporcionó una derrota al gobierno nunca antes vista. El gobierno perdió la totalidad de las ciudades y poblaciones más pobladas del país. Lo que le proporcionó la suficiente ventaja para hacerse con las dos terceras partes de los diputados de la Asamblea Nacional.

Del análisis sencillo de porqué se produjo esa derrota, surge también la explicación y las razones de los números que arrojan las encuestas de las últimas semanas.

La situación que llevó a los venezolanos a votar mayoritariamente a favor de la oposición, se ha agravado en los últimos ocho meses. Adquiriendo en su gravedad el perfil de una gran crisis humanitaria, cuyo denominador común es el hambre y las consecuencias que trae.

Eduardo Martínez/VisiónGlobal/@ermartinezd

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