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Una economía corrupta drena las arcas de Venezuela

Una economía corrupta drena las arcas de Venezuela


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Las bordeadoras de césped costaron 12.300 dólares cada una. También había 1800 millones de dólares para la compra de máquinas para matar y eviscerar pollos. Cuando la policía fue a verificar, encontraron un amasijo de metal oxidado sin valor alguno.

Y también están los empresarios que embolsaron 74 millones de dólares para importar químicos y otros insumos desde el exterior, pero que no enviaron casi nada a cambio. Durante años, Venezuela tuvo agujereados los bolsillos. Muy agujereados.

El complejo sistema cambiario del gobierno permitió que a través de argucias los importadores inflaran exorbitantemente el valor de los productos que ingresan al país para así alzarse con dólares a precio de regalo en el mercado oficial. Muchas veces, incluso fraguan despachos inexistentes y directamente no importan nada.

Luego embolsan los dólares que les da el gobierno, o venden parte de ese dinero con una ganancia astronómica en el mercado negro, ávido de la divisa norteamericana.

Según funcionarios del gobierno, así se han ido drenando de las arcas del país decenas de millones de dólares necesarios para las importaciones más vitales. Pero las consecuencias más dolorosas se están sufriendo especialmente ahora.

Con el desplome del precio del crudo, principal producto de exportación de Venezuela, el Banco Central local informó la semana pasada que sus reservas en moneda extranjera, esenciales para el comercio internacional y el pago de deuda, tocaron su nivel más bajo en 12 años.

Eso puso a los venezolanos de izquierda y de derecha inusualmente de acuerdo: ambos exigen que alguien pague por los miles de millones de dólares que se desvanecieron.

“Es un escándalo”, dijo Víctor Álvarez, economista de izquierda y ministro durante el gobierno de Hugo Chávez. “Es como el robo que sufrió nuestro pueblo durante la época de la conquista y la colonia, cuando se llevaban el oro y la plata de a toneladas”, agregó.

Durante los años del boom del precio del petróleo, poco y nada se hacía para frenar los miles de millones que desaparecían por la corrupción y el fraude.

Ahora, con el país sumido en una profunda crisis económica marcada por la recesión, la inflación galopante y la escasez de productos básicos como la leche, los preservativos y el champú, ese dineral ausente se volvió conspicuamente visible.

Los estantes de muchos negocios están vacíos, y la gente hace fila durante horas para comprar productos de primera necesidad, una crisis que se agudiza por los años de hemorragia de dólares a través del fraude importador.

“Cuando se piensa en el comportamiento actual del precio del petróleo, esos son recursos que hoy serían muy necesarios”, dijo Ricardo Sanguino, legislador oficialista designado por el presidente Nicolás Maduro para encabezar la comisión que investigará esos fraudes contra el erario venezolano.

Las estimaciones sobre la cuantía del fraude difieren, pero un ex presidente del Banco Central de Venezuela, Edmée Betancourt, dijo que hasta 20.000 de los 59.000 millones de dólares destinados a importaciones en 2012 se escurrieron en transacciones fraudulentas.

La consultora económica Ecoanalítica estimó que cerca de 69.500 millones de dólares fueron robados por medio de importaciones fraudulentas entre 2003 y 2012. La firma señaló que el 20% de las importaciones hechas por empresas privadas fueron simuladas, mientras que el 40% de las importaciones de entidades gubernamentales y empresas controladas por el gobierno también fueron fraudulentas.

Las maniobras han sido tan flagrantes que exportadores de una zona de libre comercio de Panamá facturaron 1400 millones de dólares en envíos hacia Venezuela, pero los funcionarios panameños dicen que 937 de esos millones fueron fraudulentos, con empresas que facturaban productos que ni siquiera existían.

Controles

En el centro del fraude importador están los controles cambiarios del gobierno, implementados en 2003 por Chávez. En parte, esos controles responden a la noción populista de que suministrando dólares baratos, básicamente subvencionados por el gobierno, a los importadores, se traduce en productos importados baratos para las masas.

Pero los economistas dicen que los controles cambiarios alientan el fraude generalizado.

“Hay muchos venezolanos que se hicieron multimillonarios gracias a ese sistema”, dijo un importador de vestimenta, alimentos, medicamentos y otros productos, que prefirió conservar su anonimato. El empresario dijo que por lo general importaba apenas un 10% de lo que declaraba haber importado.

Venezuela depende fuertemente de las importaciones para cubrir sus necesidades de alimentos y otros productos básicos, así como de las materias primas para la fabricación de numerosos artículos. Pero los exportadores del extranjero se niegan a comerciar en la moneda venezolana, el bolívar: exigen dólares y otra moneda extranjera, como euros.

Así que en Venezuela los importadores obtienen permiso del gobierno para importar un producto y luego tramitan ante el organismo de control de cambios la compra de los dólares necesarios para pagar el envío de las mercaderías desde el exterior.

Ese sistema está plagado de grietas que facilitan los abusos, y la más usada es la sobrefacturación desenfrenada.

Un importador venezolano puede comprarle a su gobierno dólares norteamericanos por apenas 6,3 bolívares y luego venderlos a la vuelta de la esquina por hasta 280 bolívares en el mercado negro.

Los venezolanos llaman a esa maniobra “la bicicleta”, porque el proceso puede seguir rodando indefinidamente, generando a su paso ganancias astronómicas en ambas monedas.

En los últimos meses, con el recrudecimiento de la crisis económica, el gobierno les cortó abruptamente el chorro de dólares a los importadores, agudizando la escasez de productos. Pero, aun así, las oportunidades para el fraude siguen existiendo.

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