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“Una hipótesis, ¿absurda?” por Simón García

“Una hipótesis, ¿absurda?” por   Simón García


Simón García / @garciasim.

La persistencia de grandes y pequeños problemas que asfixian a la gente nos revela que el gobierno o no tiene interés en resolverlos o no sabe como hacerlo. Sea lo primero o lo segundo, sea alguna peculiar combinación de otros factores, lo cierto es que el derrumbe no es una sensación. El gobierno está acabando con el país.

La primera posibilidad no es impensable porque las revoluciones se hacen contra el pensamiento y el orden social establecido.  Solo que ésta, que padeció velozmente su descomposición, apenas tiene energías para intentar conservar el poder. Ya lo que mueve a buena parte de sus dirigentes es mantener sus estándares de vida y la impunidad en sus actuaciones. En lo político, los une la prioridad de clonar la larga duración del régimen cubano.

La principal misión del gobierno se está reduciendo a profundizar la dependencia del ciudadano respecto al gobierno y a subordinar totalmente la sociedad al Estado. Remachan esa subordinación administrando un sistema de castigos para quien se salga del modelo; reprimiendo selectivamente a la oposición; acosando, para anularlas, a las organizaciones civiles y a las instituciones de resistencia como la Iglesia, la Universidad o los medios de comunicación.

Y es que el comportamiento oficialista sigue meticulosamente un plan y aplica una nueva técnica de dominación revolucionaria que intenta respaldar con la Constitución Nacional la vulneración del Estado de derecho y usar las formalidades de la democracia para destruirla desde adentro. Su punto favorable ha sido la preferencia por los cauces pacíficos.

El intento mayor es liquidar a la burguesía y acabar con el capitalismo sin el predominio de medios violentos o abiertamente violatorios de los derechos humanos. Las amenazas, el miedo, el apoderamiento “legal”de instituciones y el populismo revolucionario sustituyen los fusilamientos, los gulags, las deportaciones o la ilegalización de  organizaciones sociales y partidos.

Los oficialistas están convencidos de que es una proeza admirable liquidar a empresarios y productores ahorcando a la economía y estableciendo, vía racionamiento, reducidos patrones de consumo. Este trágico extravío está en línea con aquel pensamiento de Giordani, según el cual el progreso de la revolución es inversamente proporcional al bienestar de la población. Deliberadamente se destruyen puestos de trabajo y se restringe capacidad productiva porque así lo requiere la socialización de la pobreza y la igualación hacia abajo de la clase media.

Estas extravagancias caribeñas se han puesto en evidencia con la creación de zonas de paz en las que el gobierno, actuando al revés, entrega espacios a delincuentes para convertirlas en bases de operación con inmunidad. Se dice que el ingreso individual mensual es aproximadamente de 40.000 bolívares. Buena recompensa para estimular la delincuencia y esperar lealtad hacia el gobierno.

Así mismo, con la proliferación del bachaqueo, una misión encubierta, se canalizan ingresos a los sectores pobres para calmar su descontento y se penaliza a la clase media que aun puede comprar a precios bachacos.

Pero, el plan oficialista fracasó. El rechazo al modelo cubano y el descontento con la situación alcanza al 70% de los venezolanos. Una enorme mayoría disponible para la oposición si esta logra generar confianza, encarnar una práctica política distinta y dirigir su mensaje a todos los quieren ponerle fin a este gobierno absurdo, con hipótesis o sin ella.

 

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