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Una nueva generación asume la vigencia del sueño de Martin Luther King

Una nueva generación asume la vigencia del sueño de Martin Luther King


Una nueva generación de líderes y activista negros ha regresado este sábado al lugar en el que hace 50 años Martin Luther King pronunció su discurso I have a dream para recordar que su misión sigue inacabada, que el movimiento por los derechos civiles tiene hoy nuevos objetivos y que es preciso seguir trabajando por la igualdad.

“Nuestra generación no puede permanecer sentada, disfrutando de los méritos y las glorias pasadas”, ha dicho ante decenas de miles de personas concentradas en el monumento a Lincoln, en la gran explanada del centro de Washington, Cory Booker, alcalde de Newark (New Jersey), candidato demócrata al Senado y uno de los más brillantes y renovadores dirigentes negros en la actualidad.

El hecho de que Booker sea uno de los políticos con más futuro en EE UU es, en sí mismo, un reconocimiento del progreso conseguido en este país en el medio siglo transcurrido desde que King pronunció aquellas palabras inspiradoras que se han convertido en parte del evangelio laico de esta nación, a la altura casi de su texto constitucional. Como lo es la presencia en esta jornada de Eric Holder, el primer fiscal general negro de EE UU. Y como el miércoles lo será la intervención de Barack Obama, que ha abierto el camino, no solo a los negros, sino a que los miembros de otras razas, particularmente los latinos, puedan, no ya soñar, sino a aspirar a ser presidentes.

“La marcha de hoy no es para recordar el pasado”, ha señalado Holder, uno de los oradores más aplaudidos. “La América que King soñó hace 50 años no se ha hecho realidad, pero 150 años después de la Emancipación está a nuestro alcance”. El Fiscal General ha recordado que aún hay problemas como las restricciones al derecho al voto y prácticas discriminatorias que deben confrontarse.

Desde primera hora de la mañana, la riada de familias, parejas y grupos organizados venidos de todas partes del país camino del National Mall para celebrar el 50 aniversario del discurso de King ha sido constante. Ancianos en sillas de ruedas, niños en carritos, jóvenes y adultos con pancartas reclamando igualdad de oportunidades laborales y un sistema de justicia justo… Distintas generaciones han coincidido en las inmediaciones del monumento a Lincoln para conmemorar el sueño de King y recordar que todavía sigue vivo.

Junto a las viejas leyendas del movimiento negro, especialmente el congresista John Lewis, el único superviviente entre los oradores de hace 50 años, han marchado este sábado jóvenes negros que todavía se sienten discriminados, no ya formalmente por las leyes y el estado, pero sí cotidianamente por una sociedad en la que se han agudizado la diferencias sociales.

Jóvenes como Sasha Farid, de 16 años, que recuerda que “hace 50 años se habló de segregación y ahora hablamos de prejuicios raciales, pero hay que seguir luchando y soñando”. Jóvenes como Deon Walsh, que acudió con una camiseta con el rostro de Trayvon Martin, cuyo asesino fue declarado inocente este verano y que se ha convertido en el último símbolo del trato discriminatorio que los negros sufren aún de parte de la justicia. “A nuestra generación”, dice Walsh, “se nos ha apartado, consciente o inconscientemente del movimiento de los años sesenta, pero la lucha continúa y somos nosotros quienes debemos de recoger el testigo”.

A Trayvon Martin ha aludido también Martin Luther King III, el hijo del célebre pastor, para advertir de que “este no es el tiempo de una conmemoración nostálgica” de la obra de su padre, sino una oportunidad para volver a escuchar sus palabras y contrastarlas con una realidad todavía injusta, en vivienda, en educación, en salud, en alimentación, en oportunidades. “Su sueño está lejos de ser alcanzado”, sentenció.

Acompañado de toda su familia, Glenn Forsythe explica a sus hijos la importancia del movimiento por los derechos civiles y las consecuencias que ha tenido para ellos, varias generaciones después. “La injusticia, en cualquier parte, es una amenaza para la justicia en todas partes”, dice citando a King. “Estamos aquí no sólo como afroamericanos. Venimos para unirnos con los hispanos, los asiáticos, la comunidad gay y todos los blancos para defender lo que es justo para todos”.

“Quiero que mis hijos vean el legado de Martin Luther King”, explica Jeffrey Byrd mientras camina con su hija. “Quiero que sepan lo importante que fue la lucha de sus ancestros y que todos, en algún momento, nos hemos apoyado y beneficiado del trabajo de otros”

Entre los asistentes se encontraban algunos de los manifestantes que hace cinco décadas acudieron a la capital para escuchar por primera vez a King. “Hace 50 años estaba exactamente aquí”, cuenta John Terry, 74 años, de Carolina del Norte. “Desde entonces ha habido muchos cambios, pero queda mucho por hacer. El sueño de King no se ha cumplido, pero ha ayudado”.

Una de las quejas actuales de los afroamericanos tiene que ver con las reformas electorales hechas en varios estados con el objetivo evidente de reducir la influencia del voto de las minorías. Como decía uno de los manifestantes, James McDowel, “sé que mi voto todavía cuenta, pero cada vez cuenta menos”.

Entre quienes se han dirigido desde las escalinatas del monumento a Lincoln a las más de 100.000 personas congregadas en el Mall se encontraban los familiares de Trayvon Martin, defensores de los derechos civiles y el primo de Emmett Till, un joven negro de 14 años que en 1955 fue secuestrado y linchado por haberse dirigido a una mujer blanca en un restaurante. Tras la tanda de discursos, que se ha prolongado desde las ocho de la mañana hasta casi las dos de la tarde, todos los congregados se han dirigido hacia el monumento a Washington, en una repetición de la marcha que hace 50 años encabezó King.

La del sábado ha sido una jornada de celebración de la minoría negra que, indudablemente, oculta algunas de las responsabilidades de los propios negros en su desventaja actual respecto a otras razas. Pero el recuerdo de la persecución y la humillación sufridos por esa comunidad en el pasado es tan brutal que, en conciencia, nada puede exponerse ahora como matiz.

El País

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