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“Uruguay: La fiesta de la democracia y el desafío institucional” por Nelson Salvidio

“Uruguay: La fiesta de la democracia y el desafío institucional” por Nelson Salvidio


Nelson Salvidio.

 Fue una fiesta para la democracia. Como pocos países del continente pueden vivir. Todos los presidentes de la democracia que cumplía 30 años ininterrumpido, se confundieron en abrazos. Uno estaba asumiendo por segunda vez, lo que había ganado por el voto popular. Otros tres, estaban en el recinto parlamentario, escuchando su compromiso constitucional y aplaudiendo su discurso. El restante, esperaba en la principal plaza pública para traspasarle la banda presidencial.

Un abogado y periodista “batllista” socialdemócrata, otro de la misma profesión pero nacionalista y liberal, otro médico y socialista, un ex guerrillero que levanta ideas de una sociedad sin patrones, y un liberal, que fue periodista y abogado, heredero de una familia que marcó la historia del país desde 1868.

Cinco hombres, de ideas contrapuestas y colores diversos, pero que la democracia puede cobijar en un día en el que asume un nuevo gobierno y las esperanzas se disparan en procura de mejoras individuales, colectivas y generales.

Desde España, Juan Carlos de Borbón volvió a Montevideo para participar en la fiesta, y revivir aquella particular misión que cumplió en 1983. Fue cuando sorprendió a la dictadura militar uruguaya, que resistía una apertura democrática, y se animó a reunir en la embajada a la dirigencia partidaria que estaba proscripta por los mandos castrenses.

Uruguay es uno de los países con mayor tradición democrática, pero en aquellos trágicos años setenta, luego de una espiral de violencia y el fracaso de una guerrilla entusiasmada con la revolución cubana, había visto caer sus instituciones y quedar bajo el mando de militares entusiasmados con el poder.

Juan Carlos I volvió a reunir en la embajada española a varios de aquellos dirigentes con los que conversó en 1983 sobre las posibilidades de abrir una luz en la oscuridad. Aquello, había sido otra reunión multicolor y de diversidad ideológica, con la tolerancia del espíritu democrático. Aquella gestión del Rey de España había permitido visualizar lo que la dictadura quería tapar.

Ahora es otro tiempo. Pero la dirigencia política uruguaya mostró a la región una imagen que es imposible de fotografiar en Argentina, en Ecuador, Venezuela, y otros países.

Fue una fiesta para la democracia. Pero fundamentalmente una fiesta para la izquierda uruguaya que comienza un tercer gobierno, y que mantiene mayoría absoluta en las dos cámaras del Parlamento.

Una señal dura para los tradicionales partidos del Uruguay, surgidos como divisas en 1836 y que hasta el 2005 se alternaron en el poder en este país, con la excepción de algunas rupturas institucionales. Ahora, han quedado desplazados del gobierno y acumulan derrota tras derrota.

La coalición de izquierda Frente Amplio, que en su nacimiento en 1971 fue despreciada por los históricos partidos uruguayos, y calificada como una “colcha de retazos”, se ha consolidado como el lema partidario ampliamente mayoritario, con un caudal de casi la mitad del electorado. La otra mitad se reparte entre los otros partidos.

Este mismo fin de semana, el ex presidente Luis Lacalle dijo en un acto del Partido Nacional, que los dirigentes debían trabajar en una estrategia para ganar las elecciones de 2019. Ese es el gran desafío de los partidos de oposición – Nacional (o “blancos”) y Colorado- que han quedado demasiado relegados en los últimos años.

La democracia aparece más fuerte por la rotación de partidos en el poder.En mayo de 2010 hay elecciones de los 19 gobiernos departamentales y los partidos tradicionales ensayan en una de éstas, en Montevideo, una fórmula de alianza con el estreno del “Partido de la Concertación”. ¿Qué es eso? Se trata de una alianza puntual electoral para sumar votos y pelear en mejores condiciones ante el Frente Amplio. El traslado de esa experiencia a lo nacional, depende de celos sobre identidades partidarias, pero también del resultado electoral.

Las posibilidades de colorados y blancos no parecen buenas, ya que el Frente Amplio habilitó candidatura múltiples –con competencia interna que le da más empuje- y una de las postulantes es la senadora Lucía Topolansky, esposa del presidente saliente José “Pepe” Mujica, que terminó su mandato con altísima popularidad. Ella también es muy popular.

Una nueva fiesta de la democracia dentro de cinco años sería mejor si no se limita a una transmisión de mando -lo que de por sí es valioso- y apunta a una mejora sustancial de la calidad política, de la capacitación de sus dirigentes, y de la interacción natural con un electorado bien informado y participativo.

El gobierno que termina deja un récord de leyes inconstitucionales, algunas de las cuales se dieron por descuido, apuros innecesarios, falta de rigor, e incluso cierto desapego a formalidades institucionales.

No sólo es culpa de “Pepe” Mujica que chocó con el Poder Judicial y fue desprolijo en su accionar y en algunas soluciones legislativas que tomaban en cuenta el marco constitucional, y luego caían por una Corte a la que cuestionó y maldijo. Pero los fallos se respetaron, como corresponde a una democracia.

Uruguay vivió una fiesta el domingo, y el lunes arranca el trabajo intenso. Anoche, el nuevo presidente Tabaré Vázquez dijo que “dentro de la Constitución y las leyes, todo; y fuera de ellas, nada”. Para que la fiesta sea mejor dentro de cinco años, la dirigencia política deberá estar a la altura de la mejora necesaria.

Infolatam, 02 de marzo de 2015

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