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Venezolanos luchan por su moneda después de la nueva devalución

Venezolanos luchan por su moneda después de la nueva devalución


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Venezuela permitió el jueves una depreciación del 69 por ciento cuando el dólar se disparó a 170 bolívares en promedio en el debut de operaciones del sistema marginal de divisas (Simadi). Además que el país venezolano está pasando por una crisis de escasez, artículos básicos como la  y el  en polvo en Venezuela no son fáciles de conseguir después que el Gobierno redujo el año pasado a la mitad el suministro de dólares preferenciales al sector privado para importar producto

Muchos venezolanos están luchando por ver los beneficios de la reciente depreciación del 69 por ciento de su moneda que, si bien ayudaría al Gobierno a hacer rendir sus menguantes divisas, podría golpear sus bolsillos encareciendo los escasos productos que consiguen tras horas de hacer filas.

Artículos básicos como la  y el jabón en polvo en Venezuela no son fáciles de conseguir después que el Gobierno redujo el año pasado a la mitad el suministro de dólares preferenciales al sector privado para importar productos, ante el desplome en los precios del crudo que exporta el país.
“Creo que todo seguirá igual de difícil, y quizás las cosas se pondrán más caras”, comentó Josefina, madre de un niño con parálisis, mientras hacía la  fuera de un supermercado detrás de 100 personas, en busca de café y pañales.

Venezuela permitió el jueves una depreciación del 69 por ciento cuando el dólar se disparó a 170 bolívares en promedio en el debut de operaciones del sistema marginal de divisas (Simadi), el primer mecanismo cambiario con una tasa establecida por el mercado desde que fue instaurado un férreo control de cambios hace más de una década.

La medida tomada por el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, llega en momentos en que el flujo de divisas que recibe el Estado se ha reducido un 60 por ciento, la economía cayó en contracción y la inflación es la más alta del continente.

El nuevo mecanismo cambiario convivirá con otros dos sistemas. En uno, el Gobierno asigna dólares a una tasa fija de 6,3 bolívares para importar alimentos y medicinas, que en su mayoría tienen precios regulados; en el otro vende dólares a un precio inicial de 12 bolívares para otras importaciones.

Pero los venezolanos consultados no creen que este nueva modalidad cambiaria vaya a resolver sus preocupaciones más inmediatas, como la escasez de bienes.

“Me importan poco los precios si con eso voy a conseguir papel higiénico y arroz”, comentó Julia, mientras pagaba tres barras de jabón porque no consigue detergente para lavar ropa. “Lo peor es estar de aquí para allá buscando lo básico”, dijo.

Venezuela importa la mayoría de lo que consume.

Aunque los dos tipos de cambio preferenciales de 6,3 y 12 bolívares podrían ayudar a mantener a raya los precios de los productos básicos, los dólares que destina el Gobierno a esos dos mecanismos han disminuido en los últimos meses, según reportes de la firma local Ecoanalítica.

Y si las empresas recurren al nuevo mecanismo de tasa establecida por el mercado para importar bienes, productos o materia prima, terminaría encareciendo en términos reales los precios en las estanterías.

“Claro que las hortalizas van a aumentar de precio”, comentó Heberto, un vendedor de 45 años en un mercado municipal al este de Caracas. “El mercado negro siempre se les escapaba y ahora lo que hicieron fue poner el dólar a ese precio”.

En el mercado paralelo ilegal, el viernes el dólar se cotizaba a 188 bolívares por dólar. Y la tasa promedio del flamante mercado Simadi fue de 174,46 bolívares el viernes, informó el Banco Central.

“Lo que vemos es un proceso de ajuste, para administrar los menos dólares que entran al país y las empresas saben que en promedio pagarán más por lo que importen”, comentó el economista Richard Obuchi, director de la firma local ODH Consultores.

Varios especialistas creen, sin embargo, que el Gobierno intentará vender la mayoría de los dólares a tasas preferenciales y el nuevo sistema asignará pocos dólares a la economía real.

“Esto lo hacen porque no hay dinero”, comentó Félix, un jubilado de 83 años, que hacía otra en búsqueda de café y arroz. “Así no se va a acomodar esto. Aquí seguiremos haciendo cola para cualquier cosa”, dijo.

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