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“Venezuela, a un año de la gran represión” por María Teresa Romero

“Venezuela, a un año de la gran represión” por María Teresa Romero


María Teresa Romero.

A un año de las masivas protestas de los estudiantes y líderes opositores que fueron brutalmente reprimidas por las fuerzas militares y de seguridad del Estado, resultando en 43 muertos, 800 heridos y más de 3000 detenidos -muchos de ellos torturados- de los cuales 60 aún se encuentran en prisión,  podemos percibir con mayor nitidez no solo la verdadera cara del régimen chavista -ahora en manos de Nicolás Maduro-, sino también hasta qué punto ha cambiado Venezuela en el transcurso de los últimos tres lustros.

En efecto, en el transcurso de 2014 y lo que va de 2015, el llamado proyecto bolivariano o de socialismo del siglo XXI creado por el difunto Hugo Chávez de la mano de Fidel Castro y que pretende ser continuado por el sr. Nicolás Maduro, se ha mostrado tal cual es,  nacional e internacionalmente. Ni es revolucionario, ni progresista, sino más bien retrogrado; ni es socialista ni democrático, sino neocomunista, militarista y autoritario de clara vocación totalitaria.

Por supuesto que desde sus inicios muchos sospechaban y alertaban acerca de la naturaleza y deriva antidemocrática del chavismo, pero para el pueblo venezolano en general estuvo oculto hasta hace relativamente poco tiempo, al menos hasta las elecciones presidenciales de abril de 2013. A partir de las protestas y el encarcelamiento masivo de estudiantes y dirigentes opositores como Leopoldo López y varios alcaldes en ejercicio, a la luz de las evidencias sobre la  forma ilegal, injusta y abusiva como se les trataba y perseguía, es que el carácter del régimen se revela realmente para la mayoría de la población venezolana y de la comunidad internacional, aun cuando muchos de los gobiernos extranjeros y organizaciones multilaterales se hayan hecho la vista gorda por razones diplomáticas e intereses económicos y geopolíticos.

De hecho, hoy en día la imagen y gestión de Maduro y su equipo gubernamental son rechazados por la mayoría de los venezolanos, antichavistas y chavistas también. Según la encuesta de la firma Datanalisis de enero 2015, la aprobación del presidente Nicolás Maduro cayó a un mínimo de 22%, en momentos además que debe enfrentar una recesión económica y una inflación sin precedentes por la caída de los precios del petróleo.  Por primera vez la población en general se plantea un cambio no sólo de gobierno, sino también de modelo político y socioeconómico ante el evidente fracaso del ofrecido desde hace 16 años como alternativa al modelo democrático  y civilista que prevaleció entre 1958 y 1998. En el ámbito internacional, las críticas, cuestionamientos y presiones para un cambio en el país, también estás prosperando en forma abierta.

Aún más, es ahora que se entiende en toda su terrible dimensión el estado de destrucción en que se encuentra el país y su institucionalidad democrática, su situación económica, su estructura física y social, su estado ético y moral. Es ahora también que se comprende con precisión que la Venezuela prospera económica y socialmente, en vías de desarrollo, aquella que logró instaurar por primera vez en su historia republicana  y por 40 años consecutivos un sistema de libertades, de pluralismo ideológico, de tolerancia social, y de respeto a la constitución y a los derechos humanos -pese a todas sus fallas y debilidades- , ya dejó de existir.

E igualmente es ahora, tras un año de radicalización y cierre gubernamental, que se tiene una idea clara de lo incierto y difícil que se presenta el futuro venezolano. Una buena parte de la sociedad nacional y la comunidad internacional han llegado finalmente a la conclusión de que  el régimen no solo no quiere cambiar de rumbo, y menos  dialogar  y llegar a un entendimiento con la oposición, sino que está dispuesto a mantenerse a cualquier precio, y a liquidar cualquier disidencia, utilizando toda su fuerza represiva, sin pararle mientes  a lo que digan los diversos actores internacionales.

En esta situación, las salidas más deseables tales como la  renuncia presidencial y las elecciones presidenciales se ven difíciles, al menos que un grupo de militares ejerza la presión necesaria para que se respete la voz del pueblo. Y aún si esto se logra, la transición democrática y la recuperación del país, será un proceso largo, complejo y penoso.

La Venezuela moderna y  democrática que fue en el siglo XX dejo de serlo y la que aún se espera para el siglo XXI no vendrá a corto y mediano plazo.

Infolatam, 18 de febrero de 2015

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