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“Venezuela frente a la crisis: el retraso en la toma de decisiones” por Asdrubal Oliveros

“Venezuela frente a la crisis: el retraso en la toma de decisiones” por Asdrubal Oliveros


Asdrubal Oliveros / @aroliveros.

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(Infolatam) El desempeño de la economía venezolana en 2014 ha sido uno de los peores en su historia reciente (altos niveles de inflación y contracción económica), 2015 no pinta ser diferente. El modelo económico en Venezuela pareciera haber llegado a su límite, sobre todo con una caída tan abrupta en los precios del petróleo (en 2014 la Cesta Venezolana llego a cotizar en promedio US$88,6/bl, en 2015 el promedio en lo que va de año se ubica en US$42,8/bl, una caída de 51,6%).

Ante un escenario tan complicado millones de venezolanos tenían la esperanza y las expectativas de que el Gobierno venezolano realizara ajustes estructurales que permitieran salir al país de la recesión en la que vive, sin embargo, estas expectativas volvieron a ser defraudadas.

Corriendo la arruga.

En la memoria y cuenta realizada por el presidente Nicolás Maduro, a principio de año, se anunciaron una serie de políticas que ejercerán impacto limitado en la estructura del modelo económico. Las políticas anunciadas son transitorias con un efecto muy limitado, centradas en la expansión del gasto y liquidez.

Entre estas políticas se encuentran: un incremento del 15% del salario mínimo, un bono de salud para atender gastos médicos, dirigido a los pensionados, implementación de un Plan Especial de Protección a la Familia Venezolana, un incremento en las becas estudiantiles y un nuevo mecanismo cambiario que sigue manteniendo un esquema con diferentes tasas y valores sobrevaluados (VEB 6,3/US$).

Estas medidas si bien representan “compensaciones sociales” no es lo que el país necesita. Aplicar expansión del gasto electoral es una receta implícita al modelo chavista. Mantener las distorsiones en el mercado interno (control de precios, diferencial cambiario sin sentido económico, subsidios irracionales, entre otros) es costoso. En la medida que se retrasen los ajustes las distorsiones se acentuaran y para poder salir de los desequilibrios se necesitaran políticas con un impacto profundo en la estructura económica y con altos costos políticos y sociales.

Al final las decisiones del Gobierno venezolano se enfocaron una vez más en crear una sensación de bienestar temporal. De nada sirve aumentar los salarios si la inflación no permitirá que dicho aumento compense poder adquisitivo, de nada sirve incrementar una beca estudiantil si la calidad e infraestructura de la educación no son mejoradas.

Si todo va tan mal, ¿por qué no se hacen los cambios?

Los buscadores de renta, los grupos de poder conformados alrededor del ingreso petrolero y las debilidades institucionales son los principales factores que atrasan los ajustes. Mantener el status quo es clave para estos agentes, los beneficios derivados de las distorsiones del modelo son extraordinarios, realizar ajustes significa renunciar a cuantiosas rentas, que de otra manera se necesitaran años de inversión y producción para obtener ingresos similares.

Entre las distorsiones que generan estas oportunidades de arbitraje se encuentran principalmente: los diferenciales cambiarios y el subsidio a la gasolina.

Diferenciales cambiarios: siempre que existan controles y barreras en los mercados surgirán mercados paralelos. En Venezuela actualmente hay tres tasas de cambio oficiales: Cencoex (VEB 6,3/US$) que está destinado a los bienes catalogados como prioritarios, Sicad I (VEB 12/US$) que funciona a través de subastas convocadas por el Gobierno y Sicad II (VEB 50/US$) que funciona como un mecanismo principalmente para cobertura, todos con un valor del dólar muy alejado del mercado paralelo, que al momento de escribir estas líneas se encuentra en VEB184/US$.

Los grupos de poder y los buscadores de renta tienen acceso a todos estos mecanismos, especialmente a la tasa preferencial (VEB 6,3/US$). Acceder a un dólar tan barato y venderlo en el mercado paralelo significa tener un rendimiento por encima del 2.000%. Que el Gobierno devalué a una tasa que se asemeje a la realidad venezolana (por ejemplo al tipo de cambio real que para 2015 lo estimamos en VEB36,5/US$) y plantee un esquema cambiario mucho más flexible significa que los grupos de poder beneficiarios del reparto de divisas perderán cuotas de poder, por tanto tienen todos los incentivos para evitar cualquier ajuste en el mercado cambiario.

Subsidio a la gasolina: más allá de las implicaciones políticas y sociales de un ajuste en el precio del combustible, un elemento que pesa es el importante negocio que se deriva del contrabando de combustible, que se ubica en aproximadamente unos 120.000 barriles diarios (kb/d). Un precio de la gasolina más acorde con la realidad afectaría a los beneficiarios directos e indirectos de esta práctica, y es claro que tienen incentivos para evitar un ajuste de esta naturaleza.

Al problema de los grupos de poder alrededor del reparto de la renta que impide la toma de decisiones deben sumarse dos elementos más: el débil liderazgo del presidente Maduro para poder llevar adelante las medidas de ajuste económico y, en segundo lugar, la difícil tarea de negociar con los “clústers” de poder y las otras facciones ideológicas que conviven en el chavismo (el ala radical y dogmatica). Estos dos puntos son clave para entender la lentitud de la implementación de las reformas y su inconclusión.

Además de estos factores no hay que olvidar que 2015 es un año electoral (elección de los diputados de la Asamblea Nacional). Realizar ajustes que sean políticamente costosos parece una opción poco viable para el actual Gobierno, sobre todo cuando las últimas encuestas (noviembre 2014) indican que la popularidad del presidente Nicolás Maduro se encuentra en 22,8%.

Lo que realmente se necesita.

No hay beneficios reales y tangibles en estas medidas tomadas, pareciera ser que el Gobierno solo pretende correr cada vez mas la arruga, mantener las distorsiones solo acentuara el deterioro de la economía venezolana.

La necesidad de ajustes se hace imperante. El 2015 no luce nada alentador para Venezuela: necesidades de financiamiento en torno a los US$30.000 millones, un barril petrolero que en el mejor de los casos promediara US$ 55/bl, inflación de tres dígitos, déficit fiscal entorno a los 20% del PIB, entre otros, son factores que reducirán la calidad de vida del venezolano.

La optimización del gasto, la disminución del financiamiento monetario, una devaluación que se acople a la realidad país, desmontaje en el control de precios y medidas compensatorias que busquen igualar las oportunidades, son unas de las tantas medidas que debería tomar el Gobierno venezolano si quiere que el país vuelva a la senda de crecimiento y desarrollo.

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