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Venezuela: Las tumbas pobres de la gente pobre

Venezuela: Las tumbas pobres de la gente pobre


“Pobres, cada vez más pobres”, exclama apesadumbrado Pastor, habitante de José Félix Rivas en Petare, el barrio más populoso de América Latina ubicado en la ciudad capital de Venezuela. La inflación, que ya remonta el 400 por ciento en lo que va de 2016, se ha tragado los bolsillos de los trabajadores, de la clase media y de todo aquel que no sea un “enchufado”, término que acuño el excandidato presidencial de la oposición y hoy gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles Radonski. 

Ya no es solo la mala y escasa alimentación la que padecen los venezolanos, comienzan a aparecer nuevas expresiones de la crisis: el velorio y el entierro de los seres queridos se ha hecho impagable, al igual que las vacaciones, ir a un restaurante, reparar piezas de un automóvil, comprar un apartamento, viajar….casi todo es hoy imposible en Venezuela para el 97 por ciento de sus habitantes.

Morir en Venezuela

Morir en Venezuela puede ser un calvario para los familiares del muerto, sobre todo si el óbito es repentino –a causa de la violencia– y tienen que recaudar dinero a toda velocidad para el velatorio y el féretro. El país sudamericano es uno de los más violentos de la región –si no el que más–, con una tasa de 90 asesinatos por cada 100.000 habitantes y la cifra histórica de 28.875 homicidios en 2015, según la ONG Observatorio Venezolano de la Violencia (OVV). Si se une que más del 50% de una población de 30 millones de habitantes son pobres, asfixiados por la escasez y la inflación más alta del mundo, no extraña que un emprendedor de Barquisimeto haya diseñado un ataúd de cartón, a la vez económico y ecológico.

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Elio Angulo está a punto de lanzar a la venta, junto a otro socio, la urna elaborada con un 70% de material reciclable, llamado «biocofre», según informó hace poco France Presse. El alto coste de la madera había popularizado los féretros de latón, pero la crisis ha provocado una caída fulminante de las importaciones y la producción. Un responsable de la Cámara Nacional de Empresas Funerarias apuntaba que, ante la bajada del suministro del latón, han tenido que «recurrir a mercados secundarios y eso encarece los costes».

En Venezuela “morirse es más caro que estar vivo: un servicio funerario costaba unos 4.500 bolívares (6 euros) y ahora el más barato sale por unos 280.000 bolívares (380 euros). En un país con un salario base de unos 44 euros, se entiende que los dolientes prefieran la incineración a la sepultura, un velatorio breve o el “servicio directo” al crematorio.

ABC, con edición de Visión Global

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