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“Venezuela: patria ficticia, muerte real” por Alejandro Arratia Guillermo

“Venezuela: patria ficticia, muerte real” por Alejandro Arratia Guillermo


Alejandro Arratia Guillermo @ib_americanos_

En Venezuela la iniciativa, el esfuerzo personal, el valor del trabajo, el respeto a la propiedad privada jamás fueron discursos para la infancia; luego entraron anatematizados en los programas académicos. Ha predominado la narración quimérica del territorio rico y el derecho natural e histórico a una parte de la riqueza. El ambiente estuvo abonado para los mesías, cuando llegaron destruyeron y fracasaron. No pueden recuperarse; sin embargo, torpedean la salida pacífica, constitucional y electoral, escogen la violencia y el golpe de Estado. Transferirán una patria ficticia, solo la muerte es real.

Venezuela es un país de América del Sur que limita al norte con el Mar de la Antillas… al sur… al este… etc… etcétera. A reglón seguido las bellezas y riquezas naturales. Al mismo tiempo la presentación de los héroes de la Patria y las gloriosas hazañas que nos dieron la libertad. Aquellas peroratas moldeaban la imaginación de los escolares, todo era tan real como los números y las letras, aunque la narración mitológica no tenía la misma utilidad inmediata. En el otro grado entraban en escena los gobernantes buenos herederos de los libertadores, y los déspotas, los traidores del gentilicio. De los hombres que mandaban iba a depender la calidad del Estado y la virtualidad de que la Nación con sus riquezas naturales fuera próspera y la gente feliz. Venezuela realidad y ficción.

La iniciativa, el esfuerzo personal, el valor del trabajo, el respeto a la propiedad, nunca han sido discursos para la infancia, y en los programas académicos entraron anatematizados. El núcleo de tan perversa narración es la quimera del territorio rico y el derecho natural e histórico a una parte de la riqueza. Carencias individuales porque se roban nuestra porción del pastel y colectivas por mala distribución. [Nunca es tarde para indagar en Del buen salvaje al buen revolucionario, Carlos Rangel, (1976), dedicado a los latinoamericanos y, en el siglo XXI, también para europeos]. Las fábulas han contribuido a conformar el ethos de los venezolanos, por décadas fuimos políticamente democráticos, cuando fallaron los líderes y flotaron las debilidades del sistema, el mesianismo encontró apoyo.

Vinieron con un lema, “Patria o Muerte”, destruyeron el espacio que nos unía y trajeron la muerte real de personas y vínculos familiares, de riquezas e industrias, de democracia y civilidad. Todavía hay quienes ponen en duda la veracidad de las informaciones diarias o las aceptan interesados en la narración como si fueran páginas de una novela. Los medios reflejan historias reales. Dificultad mayúscula deben tener los escritores cuando construyen obras literarias simulando (permitan una frase aprendida) “una realidad que supera la ficción” a partir del increíble mundo que es hoy Venezuela. Sin aires de crítico me asaltó esa reflexión con Patria o Muerte, la más reciente novela de Alberto Barrera Tyszka que muestra la enfermedad del país reflejo del padecimiento mortal de Hugo Chávez Frías.

El origen de “Patria o Muerte” es el trágico accidente ocurrido el 4 de marzo de 1960 en el puerto de La Habana. Grandes explosiones en el barco mercante francés “La Coubre”. Fidel Castro Ruz, en el funeral de las víctimas, aprovechó para acusar sin ninguna prueba al gobierno norteamericano y concluyó el discurso al grito: “Patria o Muerte, Venceremos”. Invención, repetición de frases fascistas como la famosa de Millán Astray en el paraninfo de la Universidad de Salamanca (12/10/1936): “Muera la inteligencia” a la que Miguel de Unamuno, entre la muchedumbre que coreaba “viva la muerte”, le advirtió al general: “Venceréis, pero no convenceréis”. Anécdota contada hasta la saciedad, versiones siempre variables, pero expresión propia de los que desprecian la vida de los otros.

Es realidad, no es ficción. Venezuela (2015), 27875 homicidios, 90 por cada 100.000 habitantes. El país más violento de Latinoamérica. Caracas aportó a la cuota trágica 119,87 homicidios por cada 100.000, la ciudad más violenta del mundo, y va en aumento: primer trimestre 2016: 1722 muertes. En la siguiente serie se observa el crecimiento indetenible en porcentaje por 100.000 habitantes: 2008 (51.9), 2009 (57), 2010 (61), 2011 (67), 2012 (73), 2013 (79), 2014 (82), 2015 (90). En los 5 años previos al ascenso al poder del chavismo (1999), las tasas de homicidios venían en descenso. El gobierno ha encontrado una solución, ocultar las cifras. Las organizaciones privadas como el Observatorio Venezolano de la Violencia (OVV), construyen la información con la noticia y la investigación en organismos oficiales.

El OVV estaba conformado en el 2012 por grupos de investigación de siete universidades, publicaron un informe: Violencia e institucionalidad, en el prólogo plantearon la tesis: <<…no es la pobreza la que ocasiona la violencia, sino la falencia institucional; no es el desempleo, sino la impunidad; no es la desigualdad, sino el elogio de la violencia por los líderes; no es el capitalismo, sino el quiebre de las normas que regulan el pacto social>> Roberto Briceño, presidente del Observatorio, considera que en la sociedad venezolana se producen esas cifras terribles de homicidios, entre otras razones, por el deterioro de los cuerpos de seguridad del Estado y la militarización represiva. Además, la influencia del elogio de la violencia que hace el gobierno con la consigna oficial “Socialismo, patria o muerte”.

Es realidad, no es ficción. El chavismo demostró con creces ser el peor gobierno de la historia, ni la Guerra Federal -en el siglo XIX perseguía con saña la civilización y la inteligencia- fue tan destructiva. Acabaron con la producción de petróleo, la agricultura y las industrias. Desabastecieron y provocaron el hambre. Arrojaron al éxodo a jóvenes y familias completas; nunca los venezolanos se habían exiliado en masa. Reprimieron con balas y cárcel. Regalan petrodólares al castrismo, que desde su nacimiento enemigo jurado de la democracia y la libertad en Venezuela. Llegaron al final sintiendo el estruendoso fracaso, no pueden recuperarse, pero torpedean la salida pacífica, constitucional y electoral; escogen la violencia, el golpe de Estado. Transferirán una patria ficticia, solo la muerte es real.

De los libros

…el momento del presentimiento y el de la entrada en el desmonte no son idénticos. Al contrario, son dos puntos marcadamente diferentes que delimitan una nueva fase social con todos los signos de algo provisorio, de una transición o un intervalo de tiempo: las iniciativas independientes y la cultura independiente no viven desde hace mucho tiempo en ese mundo estrictamente paralelo, separado por una pared gruesa de la vida de la sociedad en su todo; en pocas palabras, ya no vivimos en un gueto. Pero, al mismo tiempo, no existe ni de lejos una cultura política cuando menos un poco normal, cuya parte integraríamos, no existe una autoestructuración normal y naturalmente pública de la sociedad, no existe una vida pública genuina, ni una vivencia natural con manifestaciones también en general naturales de la ciudadanía libre. Por esa razón, las iniciativas independientes […] no son todavía (ni pueden ser) […] una oposición política legítima, con todo lo que a ello pertenece, empezando por líderes carismáticos y profesionales y terminando por programas políticos concretos y reales (p.200)

Václav Havel, “Una hora entre el fracasado y el político”. 7 de octubre 1989. Ensayo en, LA RESPONSABILIDAD COMO DESTINO (1991). Ediciones El País, S. A. Madrid

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