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“Venezuela vive un terrible momento de crisis, hambre y desolación”

“Venezuela vive un terrible momento de crisis, hambre y desolación”


Venezuela vive un terrible momento de crisis, violación de derechos humanos, hambre y desolación.

He querido compartirle mis consideraciones sobre la iniciativa del diálogo que el Vaticano acompaña en su condición de facilitador y que deseo culmine con el regreso a Venezuela de una convivencia en paz y en democracia.

Por otra parte, aprovecho para agradecer como venezolano la designación de monseñor Baltazar Porras, a quien acompañaremos en el Consistorio de Cardenales.

Le hago llegar mis consideraciones sobre la situación que atraviesa Venezuela:

Antecedentes generales. Desde que Nicolás Maduro accedió al poder se han producido dos resultados claramente visibles para familias y personas:

√Uno: un grave deterioro de las condiciones reales de la vida cotidiana.

√ Dos: un incremento sostenido de la persecución política y la represión.

En términos generales, el encabezado por Maduro es un poder que, por una parte dice estar de acuerdo con el diálogo, al tiempo que se niega a negociar. En varias oportunidades el régimen ha propuesto diálogo y en la práctica no pasó de diálogo, nunca negociación. El régimen ganó tiempo en circunstancias en las que estaba en muy malas condiciones, pero no se cedió en nada. De hecho, mantiene operaciones de calle y de comunicación, usando recursos del Estado para golpear físicamente a la oposición, para descalificarla e insultarla de forma sistemática, haciendo uso para ello de cadenas radiales y de televisión, que son públicas.

Ha puesto en marcha un proyecto de hegemonía comunicacional, que prácticamente ha cercenado el derecho de los ciudadanos de recibir información de distintas fuentes y diversos puntos de vista.

 Como resultado de una sistemática política, que ha tenido como objetivo la destrucción del sistema productivo nacional y que ha supuesto un endeudamiento de la República a niveles más allá de toda lógica y proporción, la sociedad venezolana se ha sumido, especialmente a partir de enero de 2014, en crecientes condiciones de precariedad:

√Niveles de desabastecimiento de alimentos, que oscilan entre 50% y 80% en los últimos 30 meses. Esto, en términos concretos, significa que los adultos pueden pasar entre 25 y 28 horas a la semana en colas para adquirir alimentos a precios regulados. Se han agravado todos los índices de desnutrición, Venezuela ha pasado a niveles de bienestar muy inferiores a los niveles del primer año del gobierno de Hugo Chávez.

√Niveles de desabastecimiento de medicinas que oscilan entre 65% y 85%, en los últimos 30 meses. Las consecuencias son evidentes: todos los días se producen fallecimientos por falta de tratamiento y medicación.

√Déficit catastrófico en el sistema de salud público, que ha reducido su capacidad de atención en más de 60%, producto de la carencia de insumos, equipos médicos, materiales quirúrgicos y demás.

√Incremento de la violencia, que califican a Venezuela, un país de 30 millones de habitantes, de una sociedad prácticamente en guerra. En 2015 fueron asesinadas más 28.000 personas en eventos criminales. Venezuela ocupa hoy el segundo lugar en la estadística de los países que más riesgo representan para la preservación de la vida. Esto significa que cada hora son asesinadas en Venezuela al menos tres personas.

Tal como ocurre en países en guerra, en las calles de Venezuela es visible este fenómeno: una pérdida de peso en las personas. Se está produciendo un cuadro creciente de desnutrición. El costo de los alimentos, sumado a su escasez y a la corrupción  de las cadenas de distribución, hace imposible que las personas mantengan una dieta relativamente equilibrada.


Consecuencias políticas y sociales

A todos los enunciados antes señalados deben sumarse el ejercicio unilateral y violento del poder; el control de los poderes públicos; los vínculos de funcionarios del gobierno con el narcotráfico; prácticas extendidas de corrupción que sobrepasan cualquier antecedente en el ámbito mundial, por los montos y el descaro de los procedimientos; la inexistencia, en términos prácticos, de un sistema judicial. Todo lo anterior ha conducido a la conformación de tres fuerzas políticas:

√Más de 85% rechaza al gobierno de Maduro.

√Más de 70% reclama un cambio político.

√Más de 70% exige hacer uso de la herramienta constitucional del revocatorio.

La reacción del gobierno. Desde febrero de 2014 se inició en Venezuela una represión sin precedentes a los ciudadanos. Se cuentan por miles los detenidos y reseñados. Centenares los golpeados y heridos, todo ello sin contar las personas que han perdido la vida.

Desde entonces la militarización del país se ha incrementado. Ello no es solo una realidad referida a las calles, sino también a funciones clave como la distribución de alimentos y medicamentos.

Además de lo anterior, el Poder Ejecutivo utiliza al Poder Judicial, al Poder Electoral y a la Fuerza Armada para actuar en contra del país opositor, que es una mayoría de al menos 80%. Con esos recursos a su disposición, el gobierno ha:

√Desconocido el triunfo de diputados elegidos a la Asamblea Nacional para impedir la conformación de una mayoría calificada.

√ Ha desconocido leyes y decisiones tomadas por la Asamblea Nacional, haciendo uso del Tribunal Supremo de Justicia de forma sistemática.

√ Ha impedido la realización del referéndum revocatorio, que es un derecho constitucional.

√Ha retrasado las elecciones de gobernadores.

√Ha incrementado el número de presos políticos.

En conclusión: el poder gobierna bajo criterios que desconocen el funcionamiento de las instituciones y el derecho de los ciudadanos a votar. Es, de facto, una dictadura.

El diálogo

El diálogo aparece en un momento cuando los ciudadanos de Venezuela, agobiados por los problemas y ansiosos porque se produzca un cambio inmediato de gobierno, venían haciendo contundentes manifestaciones de calle y ejerciendo presión política para lograr la realización del referéndum revocatorio.

Así las cosas, la intervención de la Iglesia en el mecanismo de diálogo no debería servir a los intereses del gobierno, que pasan por apaciguar las protestas (legales y autorizadas por la Constitución vigente), evitar la consulta electoral (también un derecho constitucional) y mantener un régimen con presos políticos sometidos a torturas físicas y psicológicas.

El diálogo no puede servir para que el gobierno gane tiempo. El diálogo debe arrojar resultados, que no supongan una frustración para las luchas del pueblo venezolano:

√Fecha de elecciones, que haga posible el cambio político por vía electoral.

√ Liberación inmediata de todos los presos políticos.

√ Reconocimiento de la autoridad de la Asamblea Nacional, tal como lo establece la Constitución vigente.

√ Inicio inmediato de un programa de ayuda humanitaria que impida la profundización de la situación de hambre y enfermedad que crece en Venezuela.

Finalmente, el diálogo no puede ser un diálogo en sí mismo, tiene que ser una negociación en la que se puedan satisfacer las demandas del sufrido pueblo venezolano. Un nuevo diálogo sin resultados sería una terrible frustración en un momento en que las condiciones del país son verdaderamente deplorables. Esperemos que todos tomemos conciencia del peligro de generación de violencia que esto produciría.

“Un gran defensor de la democracia”

Desde Roma, Miguel Henrique Otero, presidente editor del diario El Nacional, expresó que el nombramiento de Baltazar Porras como cardenal “es una decisión muy importante porque ha sido un hombre que ha acompañado a los demócratas venezolanos y tiene una posición muy combativa y muy fuerte en Venezuela y ha sido perseguido por el régimen durante el gobierno de (Hugo) Chávez, quien pidió a la Iglesia venezolana que le destituyeran pero no lo hicieron”, expresó en una entrevista concedida a la agencia EFE.

“La Conferencia Episcopal ha cambiado su posición que tenían cuando comenzó el chavismo, pues los niveles de pobreza son ahora mucho mayores que antes de la llegada de Chávez y ahora es realmente crítica contra el gobierno”, agregó Otero. Desde Roma comentó: “Estamos felices de que Baltazar Porras hoy sea un cardenal más de la Iglesia católica. Es un gran hombre, defensor de la democracia venezolana”, aseveró.

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