Visión Global

“Venezuela y Argentina: semejanzas y diferencias” por Peter Hakim

“Venezuela y Argentina: semejanzas y diferencias” por Peter Hakim


Peter Hakim.

El auge de América Latina ha terminado. Con la economía china en desaceleración, el fuerte descenso de los precios de las materias primas, y la caída de la inversión, el crecimiento económico se ha estancado en toda la región, y la pobreza y la desigualdad están aumentando. Escándalos políticos altamente publicitados están empeorando las cosas en muchos lugares. País tras país están viendo bajar las calificaciones de sus bonos. Dentro de este panorama desalentador, dos naciones -Venezuela y Argentina- tienen futuros particularmente precarios.

Venezuela es la más desesperada. El desplome de los precios del petróleo, que representa el 95 por ciento de las exportaciones, ha desencadenado una crisis de la balanza de pagos. Incapaz de pagar a sus proveedores, el país se enfrenta a un déficit crónico de alimentos, medicinas y otros productos básicos. Los consumidores gastan horas en colas inimaginablemente largas, a menudo caóticas. Continuar con los bajos precios de la energía podría obligar a Venezuela a caer en default al dejar de pagar su deuda. La inflación, de las más altas del mundo, puede elevarse en breve sobre el 100 por ciento. En sólo dos años, la moneda de Venezuela ha perdido el 90 por ciento de su valor, y las reservas extranjeras siguen disminuyendo de manera constante. En 2014, el PIB se contrajo un 3 por ciento y perderá otro 3 a 4 por ciento este año. La corrupción generalizada y la violencia criminal, junto con la escalada de los conflictos políticos debilitan aún más la economía.

Argentina también está en recesión. Su economía se contrajo el año pasado, y probablemente seguirá paralizada este año. Bordeando el 40 por ciento anual, la tasa de inflación en Argentina es más de tres veces el promedio de la región. A pesar de las altas barreras comerciales y los estrictos controles monetarios, la fuga de capital está aumentando. Mientras tanto, oficialmente en default, Argentina tiene un acceso mínimo a la financiación internacional. La confusión política, agravada por los muy publicitados escándalos que involucran a la presidente Fernández, se suma a la inseguridad del país.

Sin duda, los factores externos son en parte responsables de los colapsos de Venezuela y Argentina. Pero son sobre todo producto de decisiones políticas equivocadas y de mala gestión. El gobierno de Argentina ha subsidiado fuertemente industrias en peligro y aumentó los gastos sociales, gracias, en parte, a los confiscados fondos de pensiones privados y a la intervención de lo que había sido un Banco Central independiente. También ha tratado de ocultar sus fallos económicos por la minusvaloración de la inflación y la manipulación de otras estadísticas.

Con ingresos del petróleo que parecían inagotables, Venezuela subió masivamente el gasto militar y la financiación de programas de lucha contra la pobreza. Además, grandes sumas de dinero fueron transferidas a Cuba y a otros gobiernos afines para montar un bloque de naciones contra Estados Unidos, aunque Venezuela también ha ayudado generosamente a muchos países pequeños y pobres a pagar sus facturas de energía. La mayor estupidez del gobierno ha sido su ruinosa gestión de Petróleos de Venezuela (PDVSA). Los rendimientos del petróleo se han estancado cuando esta empresa estatal, antes extremadamente bien dirigida, perdió sus administradores más capaces y técnicos. También han sido costosas las expropiaciones de las empresas, una extensa fijación de precios, y la enajenación de los inversores.

Ni el gobierno de Venezuela ni el de Argentina han mostrado mucho respeto por el imperio de la ley en los últimos años.

El gobierno de Caracas, sin embargo, es mucho más represivo. Incumple habitualmente sus propias leyes y la Constitución. El poder está totalmente centralizado en la oficina del Presidente. Los oficiales militares ahora ocupan un gran número de altos cargos en la burocracia. El Congreso y el poder judicial están en deuda con el ejecutivo. Gobiernos regionales y municipales se intervienen de forma rutinaria, y los cargos electos son removidos o despojados de su autoridad. Muchos líderes de la oposición han sido encarcelados. La mayor parte del periodismo independiente ha sido suprimido, por la censura, el acoso o la venta forzada de periódicos y estaciones de televisión.

Los argentinos disfrutan una gama considerablemente más amplia de libertades, pero el Gobierno de Buenos Aires también ha tratado de desacreditar y poner freno a una gran parte de prensa de la oposición, una práctica bastante común en la América Latina de hoy. La Presidenta Fernández además de mantener un férreo control sobre la legislatura, trató de ejercer el control sobre el poder judicial, y puso fin a la independencia del Banco Central.

Ambos gobiernos tienen abiertos y repetidos enfrentamientos con opositores internos y gobiernos extranjeros. Surgen regularmente conflictos entre Argentina y sus vecinos y socios del Mercosur, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay. También ha tenido problemas con Gran Bretaña, España y otros países europeos, el ejecutivo y el poder judicial de Estados Unidos, y el FMI, Club de París, y la Organización Mundial del Comercio. Dentro del país, el Gobierno ha combatido los medios de comunicación, comunidades empresariales y bancarias, productores agrícolas, los poderosos sindicatos y grupos de derechos humanos (aunque, en este frente, Argentina también ha hecho algunos avances notables).

Los conflictos Venezuela han sido más virulentos y peligrosos. En los últimos años, el gobierno venezolano ha amenazado con invadir Colombia, ha roto relaciones con los EE.UU., y acusado a Washington de sabotaje económico y conspiración para derrocar al presidente Maduro. En Venezuela, el gobierno ha debilitado a la mayoría de grupos independientes, incluidos los partidos políticos, las empresas y las asociaciones agrarias, sindicatos, organizaciones de jóvenes, los medios de comunicación, y la jerarquía católica.

A pesar de sus deficiencias políticas, Argentina sigue siendo una sociedad mucho más abierta y democrática que Venezuela. Y hay otras dos distinciones importantes entre ambos países.

El presidente Hugo Chávez fue un hombre de grandes aspiraciones. Persiguió grandiosos planes para unificar América Latina, disminuir la presencia de Estados Unidos y su influencia en la región, y convertir a Venezuela en un modelo de socialismo del siglo XXI. Chávez disfrutó algunos logros reales, pero sufrió una serie de reveses económicos y políticos antes de su muerte en 2013. Sus sucesores no tienen la capacidad y los recursos para lograr las ambiciones de Chávez.

El interés predominante del gobierno de la Presidenta Cristina Fernández ha sido aumentar y ejercer el poder político. Es cierto que la Presidenta, como prometió, dio un nuevo énfasis al desarrollo social y los derechos humanos, pero no se hizo con el cuidado suficiente para hacer que los programas resultantes sean sostenibles. Aparte de la exportación de productos argentinos y hacerse con el control de las Malvinas, la diplomacia para la diplomacia del Gobierno de Fernández, ha significado en gran medida la protección del país de un mundo entrometido y rapaz.

Pero la mayor diferencia entre Argentina y Venezuela no es la ambición. Es que la Argentina tiene un camino para salir de la ciénaga, las elecciones presidenciales previstas para octubre de este año. Las instituciones políticas y económicas de la Argentina se han visto muy golpeadas y arreglarlas tomará tiempo y algunos remedios dolorosos. Sin embargo, permanecen en su lugar, y la expectativa casi universal es que las elecciones se llevarán a cabo a tiempo, de manera justa, y producirán un nuevo jefe de Estado.

En Venezuela, no es aún visible ese camino hacia adelante. Las próximas elecciones presidenciales se realizarán recién en 2019. No es seguro en absoluto que las elecciones parlamentarias previstas para este mes de octubre se lleven a cabo con honradez, o incluso que se celebren. Los venezolanos se preocupan por un “autogolpe” del presidente Maduro para asumir poderes dictatoriales, una toma de control por parte de los militares, los cada vez mayores conflictos y la creciente violencia política.

La responsabilidad de resolver la actual situación de estancamiento descansa sobre todo en el gobierno de Maduro. Evitar la tragedia requerirá una negociación seria, sostenida con líderes de la oposición. Todas las partes tendrán que hacer concesiones sustanciales. Los vecinos de Venezuela no deben permanecer al margen. Su ayuda podría ser vital. Los líderes de la región deberían comunicar enérgicamente sus preocupaciones a las autoridades venezolanas y presionar a favor de respuestas urgentes. A diferencia de Argentina, es poco probable que Venezuela pueda encontrar una solución por su cuenta.

 

Infolatam, 25 de abril de 2015

Atras
Visión Global

2013 © Visión Global. Todos los derechos reservados. Contacto: visionglobal.info@gmail.com - visionglobal.ventas@gmail.com - Teléfono: 0212 4186529