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“Venezuela y EE UU, la hora de la diplomacia”, por Vladimir Villegas

“Venezuela y EE UU, la hora de la diplomacia”, por Vladimir Villegas


@VladiVillegas

Ningún venezolano en su sano juicio, salvo que sea animado por un enfermizo sentimiento antipatriótico o por torpes y pequeños cálculos políticos, puede apoyar cualquier iniciativa de una potencia extranjera destinada a perjudicar a nuestro país. Por eso el rechazo que ha tenido la decisión del gobierno de Estados Unidos de calificar a Venezuela como una amenaza para su seguridad.

En cuanto a las sanciones a funcionarios venezolanos, acusados de violaciones de los derechos humanos, tales medidas ciertamente afectan a estas individualidades, pero obviamente tienen una gran connotación política que innegablemente van dirigidas contra el Estado en su conjunto. Frente a ellas cabe la reflexión en cuanto a que Estados Unidos y cualquier país puede reservarse el derecho de otorgar y revocar visados.

Lo que es absolutamente discutible es que una nación intente forzar con sus actos que otro país tome o no decisiones judiciales en uno u otro sentido. Para eso existen instancias con competencias claramente definidas en tratados y acuerdos internacionales, que no pueden ser sustituidos por la acción unilateral de un país, llámese Estados Unidos, Rusia o Malasia.

Pero lo más preocupante es la declaratoria de Venezuela como una amenaza para la seguridad interna de Estados Unidos. Ya ha sido mayoritario el rechazo en Venezuela a esa decisión. No solo el PSUV y sus aliados. AD, Un Nuevo Tiempo, Copei, Primero Justicia, Avanzada Progresista, en la voz de Henri Falcón, la Iglesia y otros factores políticos y sociales han repudiado el anuncio hecho por la administración Obama. Aunque la oposición, con sus razones, no haya apoyado la Ley Habilitante presentada por el gobierno del presidente Nicolás Maduro ante la Asamblea Nacional, y aprobada el pasado domingo, ha quedado claro que la absoluta mayoría de los sectores que expresan la diversidad nacional no acompañan a Estados Unidos en esa política.

Otros sectores le han escurrido el bulto a esa condena bajo distintas argumentaciones, pero lo cierto es que en situaciones como estas existe un sentimiento nacional que no puede supeditarse a intereses sectarios. Por otra parte, es significativo que los países integrantes de Unasur, que no es un club en el cual nuestro país es accionista mayoritario, como pretenden hacer ver los detractores de ese mecanismo de integración, hayan expresado de forma unánime su apoyo a Venezuela.

En Unasur hay diversidad política e ideológica. Por eso lo relevante de los resultados de la reciente reunión en la cual se exhorta al gobierno de Estados Unidos a evaluar fórmulas para solventar mediante el diálogo sus diferencias con Venezuela, y se rechaza medidas injerencistas a la soberanía y al principio de no intervención en los asuntos de otros Estados.

También se incluye en el acuerdo de Unasur un llamado a Estados Unidos para que deje sin efecto la resolución que describe a Venezuela como una amenaza a su seguridad. Esto se une a las palabras expresadas por el propio presidente Maduro en cuanto a su disposición a dialogar con el presidente Barack Obama.

Es la hora de la diplomacia. Cualquier otro escenario distinto plantea para nuestro país un desafío para el cual no estamos preparados. Ello no implica arrodillarse frente a nadie, sino hacer uso de los instrumentos más efectivos en la política exterior. El diálogo para la solución de los conflictos y controversias internacionales es la vía más efectiva y menos costosa para los pueblos.

Por eso es correcto que Maduro propicie esa opción con Obama, sin por ello renunciar a denunciar las políticas de Estados Unidos. ¿Si tiene disposición a dialogar con el presidente norteamericano, por qué no hacerlo también con la oposición venezolana, sobre todo en una coyuntura como la actual que reclama la mayor unidad nacional, no solo por la resolución de la administración demócrata sino por la magnitud de los problemas que nos agobian?

En los días subsiguientes veremos cuáles van a ser los pasos que dará el gobierno a partir de la aprobación de la Ley  Habilitante, que colocaría al presidente Maduro, al igual que lo hizo el presidente Obama, en la posibilidad de tomar medidas de emergencia para hacer frente a cualquier situación que comprometa la soberanía y la integridad de la nación, y si la oposición, que se negó a dar su voto favorable, tenía razón o no con respecto a sus aprehensiones en materia de eventuales restricciones a derechos constitucionales. Por lo pronto, insistimos, lo principal es desactivar, por la vía del diálogo y la intermediación de instancias internacionales, cualquier posibilidad de que vayamos hacia una escalada que ponga en peligro al país y su gente.

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