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“Vete Maduro” por Román Ibarra

“Vete Maduro” por Román Ibarra


Román Ibarra / @romanibarra.

La crisis que arropa a Venezuela por la incapacidad manifiesta y excesiva de Nicolás Maduro, y sus secuaces del militarismo corrupto, alcanza dimensiones siderales. En nuestro caso, ya comienzan a despertarse las alarmas en el mundo entero frente a lo que podría constituirse en una crisis humanitaria, y no es para menos.
En nuestro país, el de mejores y mayores ventajas competitivas, y comparativas en toda América Latina, en términos de haber sido privilegiados –por la providencia- de casi todo lo necesario para acceder a estadios de desarrollo, siempre y cuando hubiéramos hecho caso de las voces expertas y bien formadas que clamaban por la necesidad de diversificar la economía; democratizar la política, y reducir la conflictividad social, y laboral por la vía del entendimiento, esto es, de abrir canales para la gobernabilidad, no lo hicimos. No obstante, el sistema político instaurado en 1958, pudo ir sorteando dificultades, y haciendo de la democracia dentro de la constitución de 1961, un modelo perfectible que paulatinamente incorporaba más sujetos a la acción de la legalidad del Estado, aunque hay que advertir, siempre hubo factores díscolos que intentaban por la fuerza subvertir el orden, que afortunadamente fueron derrotados militar y políticamente.
Tiempo después, fallas estructurales y olvidos innecesarios postergaron u olvidaron el cumplimiento y las respuestas a la demanda social creciente, amén de las distorsiones que en materia de corrupción administrativa comenzaron a hacerse evidentes, sin que los correctivos y sanciones aparecieran en la misma medida. Ello permitió que el 4 de febrero de 1992 un grupo de militares aventureros, y cobardes, acompañados de importantes personalidades del mundo político, empresarial y mediático, se dieran a la tarea de dar al traste con el sistema político que en buena hora el pacto de punto fijo modeló para el país civil, e institucionalizado.
A partir de allí, entró en crisis el segundo gobierno del presidente Pérez, para dar paso a una transición encabezada por el Dr. Ramón J. Velásquez, y llevar al país a unas elecciones ganadas por el presidente Caldera, quién luego de un gobierno gris, e innecesario, dio paso a la aventura grotesca de Hugo Chávez por la vía de sobreseer la causa de un delincuente convicto y confeso que enlutó con su acción cobarde y ruin a más de 300 familias venezolanas con el golpe de estado del 4F-92. Este, tuvo además la inmensa suerte de haberse ¨metido¨ en el alma de los venezolanos con un discurso encendido de ¨patriotismo¨ ridículo, pero eficiente para alcanzar el objetivo de acceder al poder electoralmente, para luego desencadenar su verdadera vocación: la estafa de la fe pública para perpetuarse en el poder cual caudillo decimonónico, y con ello abrir paso a la voracidad corrompida y ladrona de sus lacayos, con el agravante de que luego de la traición a los intereses venezolanos por la vía de permitir nuestra colonización a manos de la dictadura cubana, enfermó de muerte, y para nuestra ruina dejó en el poder a quien le fue ordenado por los colonizadores: Nicolás Maduro.
Maduro, cómplice silencioso y obsecuente de todas las felonías de su predecesor, terminó por crear la peor crisis que se conozca en toda nuestra historia republicana. Hoy, luego del despilfarro, y corrupción a manos llenas, e incapaces como fueron de ahorrar para estos tiempos difíciles que era obvio esperar, nos sumergieron en una situación de pre-hambruna por la cual, el mundo nos mira con pena. Maduro, tenemos derecho a exigirte luego del triunfo del 6D, que abras camino a la gobernabilidad. Mejor vete ya!!

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