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“¿Y ahora qué?” por Leonardo Morales P.

“¿Y ahora qué?” por   Leonardo Morales P.


Leonardo Morales P./@LeoMoralesP.

Por  fin el CNE respondió a la exigencia del pueblo venezolano respecto a la solicitud de recolección del 20% de manifestaciones de voluntad para la revocatoria del mandato de Maduro. No la puso fácil el cuarteto de dirigentes del PSUV en el CNE: por un lado, apenas 5392 maquinitas estarán en servicio y, por el otro, le birlaron a los ciudadanos el artículo 72 de la Constitución Nacional.

Ahora, en honor a la verdad, decidieron en estricto apego a su origen y a la servicialidad que le debe todo súbdito a su amo. No había porque esperar otra cosa.  Cuánto costó para que las señoras colocaran la fecha para la realización de las elecciones parlamentarias. Cuán difícil fue entregar una comunicación para que ésta obtuviera respuesta. Ante el exabrupto cometido por el TSJ contra los derechos políticos de los amazonenses optaron por hacer un silencio cómplice. En fin, como pedirles a unas militantes del partido de gobierno que actuaran de manera distinta. Vaya ingenuidad.

Estas decisiones eran previsibles y, además, oportunamente advertidas por los dirigentes del PSUV, por lo que nada o ninguna sorpresa debería haber existido en el seno de la MUD, incluso, han debido haberlo debatido con muchísima anticipación.

Ruta es ruta

La MUD hubiera podido escoger otra ruta pero optó por la salida de Maduro en 2016 sin tener herramientas para garantizarlo. El referendo revocatorio ya no será en 2016 sino en 2017, si acaso se cumple con el 20% de manifestaciones de voluntad en cada entidad federal. Es justamente hacia ese último objetivo hacia donde hay que dirigir el esfuerzo organizativo opositor para conquistar una meta que luce difícil y eso hay que decirlo. Así como no se debió insistir que el RR sería en el 2016 porque no se tenía seguridad de ello, tampoco se le debería decir al pueblo opositor que con seguridad se obtendrá el 20% en todos los estados. Existe la potencialidad para satisfacer el requisito pero las jefas del PSUV en el CNE se encargaron de minar las posibilidades, y eso hay que advertirlo.

Cualquier otra genialidad como “calle sin retorno” y otros discursos panfletarios, cargados de una narrativa épica y de heroicidad, solo conducen a inflamar los pulmones de algunos pocos y a congestionar el tráfico del Internet con la presencia radical y revolucionaria de los que gustan narrar episodios que le llegan a través de terceras personas de acontecimientos de la calle.

Proyectar la crisis

Lo que reafirma la decisión del CNE es la sumisión abyecta de los poderes públicos al Ejecutivo por lo que su denuncia de manera reiterada y sistemáticamente en foros internacionales debería ser una política que, con audacia, debería ser adelantada por la MUD. La ausencia de democraticidad que observa el país es un elemento que debe servir para denunciar con fuerza los delirios autocráticos del régimen.

Vincular la vía electoralista a las carencias y vulnerabilidad social que se derivan de la incompetencia gubernamental en la instrumentación de políticas que conduzcan al desarrollo y al bienestar, es un objetivo que debe regir la acción política opositora. Si el gobierno se empeña, contra la voluntad popular, en seguir ejerciendo unas funciones que lo sobrepasan, deberán sentir, como una barra de acero caliente se enfría sobre la piel, el rechazo y reclamo popular.

Las pretensiones de recuperación del gobierno no son más que una vana ilusión, una expectativa que no cristalizará. Maduro no tiene remedio, solo su salida de Miraflores estimula la esperanza de una recuperación.

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