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“¿Y si China se enreda?” por Moisés Naím

“¿Y si China se enreda?” por Moisés Naím


Moisés Naím / @moisesnaim.

Por 35 años la economía china creció a más de 10% cada año. Esto significó que cada siete años los ingresos del gigante asiático se duplicaron. Cuando a una persona le aumentan los ingresos al doble es normal que esa persona cambie mucho. Lo mismo le pasa a un país. China ha cambiado drásticamente en las últimas tres décadas. Y eso se ve no solo en sus modernas ciudades, carreteras trenes y aeropuertos, sino también en la expansión de su sector industrial y de sus exportaciones. Pero lo más importante ha sido la disminución de la abrumadora pobreza que durante siglos caracterizó a ese país. Lo que pasó en China con la pobreza en los últimos treinta años no tiene precedentes en la historia de la humanidad. En 1981, al comienzo de las reformas económicas que transformaron al país, 85% de la población vivía en condiciones de gran pobreza. Ahora ese grupo es el 7% de la población. 500 millones de chinos dejaron de ser pobres. Pero el progreso de China no solo benefició a su población; también se irradió al resto del mundo. China se convirtió en el principal comprador de materias primas, uno los principales exportadores de productos manufacturados, el principal comprador de los bonos de deuda emitidos por gobiernos y empresas del mundo occidental y en un importante inversionista, especialmente en países menos desarrollados. Por todo esto, ahora se le puede aplicar a China lo que tantas veces se dijo de Estados Unidos: si China estornuda el mundo coge un resfriado. O más concretamente: lo que pasa en China le afecta a usted.

Y en estos tiempos la economía China no solo esta estornudando sino que está enferma.

Los síntomas son muchos. El más obvio es que en 2015 su economía creció a la tasa más baja en 25 años. Y desde hace 4 años el crecimiento es más lento que el año previo. Luego vino un colapso en la bolsa de valores y una caótica devaluación de la moneda. A esto le siguió una masiva y persistente fuga de capitales. Solamente en enero salieron 110 mil millones de dólares de China, mientras que durante todo el 2015 el flujo neto de capitales al exterior fue de 637 mil millones de dólares, un monto sin precedentes y un grave indicador de desconfianza. Una población que en promedio ahorra el 30% de sus ingresos ve como el valor de su moneda cae y prefiere guardar sus ahorros fuera de su país y en otras monedas.

Otro síntoma preocupante es la inmensa y creciente deuda que se ha venido acumulando. Esta deuda, que en 2007 era equivalente a una vez y media el tamaño de toda la economía china, ha aumentado hasta alcanzar tres veces ese tamaño. El principal endeudamiento se registra en los gobiernos locales. Esta deuda es enorme, poco transparente, sigue creciendo y, lo que es más grave, un substancial volumen es incobrable. Hay una enorme cantidad de edificaciones de todo tipo que son económicamente injustificables, que han quedado sin usar o sin terminar y cuya construcción fue financiada con créditos de los gobiernos locales. Estos gobiernos no podrán recuperar los préstamos y el gobierno central estará obligado a absorber estas perdidas, lo cual aumentará el déficit fiscal.

¿Qué pasó? Como llego la exitosa economía China a complicarse tanto? La respuesta se resume en dos palabras: bonanza y crisis. Cuando una economía crece a alta velocidad durante tres décadas, también crecen el derroche y desperdicio, las malas inversiones, la corrupción y muchos errores que la bonanza permite tapar o ignorar. Por otro lado, la crisis mundial que se desató en 2008 llevó a las autoridades Chinas a lanzar el mayor estimulo económico jamás conocido. El objetivo era que los problemas de Estados Unidos y Europa no contagiasen la economía china: había que mantener el alto crecimiento a cualquier costo. Y así fue: el gasto público se disparó, al igual que el crédito y la inyección de dinero en la economía. El esfuerzo tuvo éxito en impedir que la economía China cayera pero creó las distorsiones que hay la plagan.

¿Que va a pasar? China tiene que moverse de una economía basada en la inversión (sobre todo en infraestructura) y las exportaciones de manufacturas, a un modelo donde los motores que la impulsan son el consumo domestico y el crecimiento del sector servicios. Ello requiere que el gobierno lleve adelante reformas que a corto plazo son impopulares pero que pondrían al país en una senda sostenible.

Lamentablemente, no pareciera que esto va a pasar; al menos no muy pronto.

Hace pocos días el Premier Li Kegian ordenó a los ministerios adelantar una intensa campaña de “información” explicando que la economía estaba bien y que los problemas son principalmente por mala comunicación.

Entonces, ¿se enreda China? Sí. Ya está enredada. Y se va a enredar aun más.

El Nacional, 21 de febrero de 2016

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